domingo, enero 25, 2009

¿Quién ha ganado aquí?

Del diario alemán Der Spiegel (via Mick Hartley)



En la Franja de Gaza la gente está volviendo a sus casas - o los escombros que alguna vez fueron sus casas. Muchos están culpando a Hamás por la destrucción porque los militantes se escondieron entre civiles y atrajeron el fuego israelí. Pero nadie se anima a hablar abiertamente.



Qué es lo que queda cuando una persona es alcanzada por la bala de un tanque. Sangre, tejidos, astillas de hueso, salpicones en la pared.



Y cólera.



La furia de Mohamed Sadala se dirige contra el hombre, cuyos restos encontró en su dormitorio: un luchador del Hamás. Este y un camarada forzó la entrada a la casa que había quedado hace tiempo vacía luego de que la familia Sadala huyó. Los hombres del Hamás les dispararon a los israelíes que se aproximaban desde el balcón. Los soldados devolvieron los disparos, matando a los militantes y destruyendo la casa de 10 personas en el proceso.



Cuando Sadala volvió para inspeccionar la escena encontró su casa en ruinas: el dormitorio de los chicos más pequeños estaba quemado mientras que el living y el salón estaban llenos de agujeros de balas y oscurecidos por el hollín del fuego. En el dormitorio reposaban los cuerpos: uno se había desangrado hasta morir, el otro había sido alcanzado por la bala de un tanque.



Al lado de los cuerpos yacía el rifle de asalto que habían usado para intentar detener a los tanques.



"Yo solía apoyar al Hamás porque peleaban por nuestro país, por Palestina," dice Sadala. Hamás se presentaba como un nuevo comienzo, por el fin de la corrupción, que se había extendido como un cáncer bajo el moderado Fatah. En las elecciones del 2006 el Hamás ganó la mayoría con un mensaje de cambio, dijo Sadala, que se ganaba la vida en el negocio de la construcción. Gesticulando a diestro y siniestro, el hombre de 52 años inspeccionó la ruina del dormitorio: "Este es el cambio que trajeron. Nos hicieron estallar de vuelta 2000 años al pasado." [...]



"He cambiado de opinión sobre el Hamás," Abu Abed dice. "No puedo apoyar a ningún partido que conduce una guerra que destruye nuestras vidas." Le duele particularmente el hecho de que Hamás siga vendiendo el cese de fuego como si fuera una victoria.



"¿Quién ha ganado aquí?" pregunta y apunta a los deshechos que alguna vez fueron su hogar.



Uno de sus vecinos se suma: "Mucha gente está ahora contra el Hamás pero eso no va a cambiar nada," dice. "Porque cualquiera que se les enfrenta es asesinado." Desde que tomó el poder, el Hamás ha usado la fuerza bruta contra los disidentes en la Franja de Gaza. Hay reportes de agencias de noticias de que durante la guerra supuestamente ejecutaron a sospechosos de colaborar con Israel. El reino del terror seguirá por un tiempo, dice el vecino que no quiere dar su nombre. "Nunca habrá una rebelión contra el Hamás. Sería un suicidio."



Otros se tragan su enojo. La casa de Hail está a sólo unas pocas calles de distancia y sólo sufrió daño leve. Hay algunos pocos agujeros de balas en las paredes del living y todos los vidrios de las ventanas están rotos. Hail también descubrió que luego del cese de fuego los militantes habían usado su casa como base de operaciones. La puerta de su casa estaba abierta y había cables eléctricos en el piso del pasillo. Cuando Hail los siguió lo llevaron hasta la casa del vecino, que al parecer el Hamás había minado.



Mientras Hail, de treinta y pico de años, estaba sentado en el frente de su casa y pensaba en lo que hacer vino un hombre: era del Hamás y se había dejado algo en la casa de Hail. Lo dejó entrar y el hombre luego salió con un chaleco anti-balas, un lanzacohetes y un cinturón con balas. Una hora más tarde un militante de la Jihad Islámica llamó a la puerta, luego despareció en el techo de la casa y reapareció con una caja de municiones. "Abusaron de las casas de los civiles para sus propios propósitos. Eso no está bien," dice Hail con disgusto mientras trata de seguir siendo educado.