jueves, enero 22, 2009

Discusión sobre la decisión de la Corte Suprema Israelí

Primero el reporte:

Los partidos árabes ganan la apelación sobre su descalificación



La Corte Suprema [de Israel] revierte la decisión del Comité Central de Elecciones de prohibir a Balad y Lista Arabe Unida-Ta'al participar en las próximas elecciones.


Hace unos días el Comité Central de Elecciones israelí (CCE) decidió, casi por unanimidad (es decir, incluyendo no sólo a los representantes de los partidos de derecha sionistas sino también de varios partidos de izquierda sionistas) descalificar a dos listas árabes de presentarse a las elecciones. La decisión del CCE se basaba en que las dos listas árabes no respetaban el mandato de la "Ley Básica: La Knesset" que prohibe -luego de su enmienda número 9 aprobada en 1985- presentarse a partidos que "en sus objetivos o acciones exista una negación de la existencia del Estado de Israel como el Estado del pueblo judío, una negación de la naturaleza democrática del Estado o una incitación al racismo."



Vale la pena recordar que, históricamente, el único partido que efectivamente fue prohibido de participar en elecciones, fue el partido judío de ultraderecha "Kaj", en base a sus declaraciones racistas sobre la población árabe. Ningún partido árabe ha sido jamás proscripto en toda la historia del Estado de Israel, y, según las últimas noticias, tampoco lo será en las próximas elecciones.



No se esperaba que el partido Lista Árabe Unida-Taal, liderado por Ahmed Tibi, tuviera demasiados problemas en la Corte para revertir su proscripción. En cambio, el partido Balad, que fue liderado hasta el año 2007 por Azmi Bishara -ahora prófugo de la justicia israelí por, al parecer, brindar secretos militares a Hezbollah durante la Segunda Guerra del Líbano, y que se encuentra viviendo en Siria (¡y aún recibiendo una pensión del Estado de Israel, si no me equivoco!)- parecía que iba a tener más problemas, por esta mancha de sospecha de traición a la patria de su ex-líder. Sin embargo la decisión de la Corte Suprema Israelí fue unánime a favor de Taal y de 8-1 jueces a favor de Balad. Con esto se cierra este capítulo legal.



Respecto a la sustancia de las acusaciones del CCE, yo las considero de bastante peso, pero, como explicaré más adelante, no estoy de acuerdo con la proscripción. No hay dudas que los partidos árabes rechazan la existencia de Israel como Estado de los judíos y preferirían en cambio, convertir a Israel en otro país árabe. Esto desearían lograrlo a través de su unificación con los palestinos en un sólo Estado, o a través de la ejecución del supuesto "Derecho al Retorno" por el cual 3 millones de palestinos hoy viviendo en el exterior, principalmente en Siria, Líbano y Jordania, deberían ser admitidos como ciudadanos israelíes. Esto trastocaría completamente la situación demográfica actual, en la cual los judíos son aproximadamente un 76% de la población, los árabes un 18% y el resto son cristianos que no se identifican como árabes (sobre todo rusos) y no tienen ningún interés en sus reclamos. Pero para evitar justamente que sobre los partidos árabes caiga el peso de la ley electoral, éstos hace muchos años que hablan en código: en lugar de decir "quiero un país árabe" dicen "quiero un Estado para todos sus ciudadanos". En todo caso, la conclusión es la misma, no quieren un Estado del pueblo judío y se encuentran entonces en violación de la ley y a contramano de lo que desea la parte mayoritaria de la sociedad.



Otro punto más sobre la sustancia de las acusaciones tiene que ver con la negación de la democracia. El respeto por la democracia que tienen los líderes de los partidos árabes es muy discutible. He escuchado a uno de éllos (pero no recuerdo a cuál) decir "quédense con su democracia, yo no la quiero, a mí denme mi país (árabe)", la conclusión de que el respeto por las decisiones de la mayoría no es el fuerte de los dirigentes árabes se reforzó tras la publicación de la propuesta de Constitución (de fama efímera) por parte de una conocida ONG de defensa de los derechos de los árabes, Adalah. En esta propuesta se establece un doble veto, en el cual los judíos podrían vetar una decisión promovida en la Knesset por la parte árabe y los árabes podrían vetar las decisiones tomadas en la Knesset por la mayoría judía. Tendríamos entonces como resultado la poco democrática situación de que el 18% de la población podría prohibir la ejecución de las decisiones del 82% restante. Esto en la práctica desembocaría en la parálisis total del sistema político israelí (si quieren un ejemplo donde esto sucede en la actualidad, y el ejecutivo y/o el parlamento están totalmente paralizados, piensen en Bosnia o en El Líbano que tienen instituidos sistemas de vetos múltiples). Un país en estado de guerra con sus vecinos como Israel no puede permitir ser paralizado por su minoría árabe. Como conclusión del argumento pensemos que ese 18% de la sociedad que se identifica como árabe y que reclama para sí el derecho a veto de todas las decisiones no tiene más derecho a éste que aquél 40% que se declara judío laico, aquel 8% que se declara homosexual o aquel 5% que se declara taxista (cifras inventadas para ejemplificar). Es decir, ¿por qué la comunidad árabe podría conseguir su derecho a veto pero cualquier otro grupo organizado o con vistas a organizarse no? La idea es ridícula así como antidemocrática y por eso ha tenido esa fama efímera en la que ningún judío se la ha podido tomar en serio.



(Abro paréntesis)



Y si pensamos en los países que han aplicado este sistema de vetos múltiples y que he dado antes como ejemplo, Bosnia y El Líbano son dos que conozco, vemos que lo han hecho luego de una guerra civil étnico/religiosa y su función era paralizar las masacres sancionadas por el Estado o por grupos que se habían apoderado de él o por distintos grupos que deseaban apoderarse de él. Israel no ha tenido ni, esperemos, tendrá nada parecido y por lo tanto la solución no se justifica. Aún más, yo diría que el mismo inmovilismo que crearía, llevaría a resentimientos crecientes contra la población árabe y a llamadas -justificadas en tal situación- a echarlos del país (pensemos una situación en que se debate una acción militar preventiva contra un ataque próximo que se supone seguro por parte de Siria, Hezbollah, Hamás e Irán y a la minoría árabe atando las manos del Estado de Israel y obligándolo a recibir el ataque en lugar de golpear primero y por sorpresa, vetando la llamada de reservistas a filas - no hay dudas de que si Israel sobreviviera a un ataque así, la que no sobreviviría dentro de Israel sería la propia comunidad árabe).



(Cierro paréntesis)



Entonces, planteados los argumentos del CCE contra las listas árabes, que yo considero de peso, aún así concuerdo con la Corte Suprema en su decisión y paso a explicar por qué. He dividido la argumentación en dos, la primera sección tiene que ver con la objeción a la democracia y la segunda al carácter de Estado de los judíos.



1. No es Israel el único país que se ha enfrentado con el problema de la participación de grupos antidemocráticos en elecciones y no es en Israel donde el dilema se ha planteado teóricamente primero. Al contrario, este dilema se conoce como la "paradoja democrática". Se define así: "la posibilidad de que la democracia sea destruida democráticamente por la voluntad de la mayoría de los ciudadanos". No es necesaria sin embargo la mayoría absoluta, más del 50%. Con que gane un partido que se ubica como primera minoría y que luego, establecido en el poder y con acceso a los recursos del Estado se dedique a perseguir a los otros partidos y a instalar una dictadura y prohibir (o manipular descaradamente) nuevas elecciones ya es suficiente. Eso es lo que pasó en la Alemania nazi cuando Hitler llegó al poder a través de las elecciones en 1933 con una plataforma en la que nadie podía ver ni siquiera un atisbo de pensamiento democrático. Para 1934 todos los partidos políticos alemanes habían sido proscriptos y la dictadura alemana comenzaba. Hoy día el peligro se lo ve en el crecimiento numérico de los partidos fundamentalistas islámicos en los países árabes, con su lema: un hombre (no una mujer), un voto, una vez. De paso, la definición la tomé de esta página, y el autor considera a la "paradoja democrática" un sofisma, pero eso sólo porque al verse enfrentado al dilema, lo resuelve redefiniendo democracia como "un sistema de limitación del poder y de garantía de los derechos". Por supuesto, esas también son características fundamentales de la democracia, pero la redefinición semántica no anula el peligro concreto y real planteado en la "paradoja democrática": que suba un partido antidemocrático por voluntad popular y que, como dice el mismo autor, se trate de un caso de "suicidio democrático consentido". Eso puede pasar y ha pasado.



Pero aún aceptando que las listas árabes no son democráticas, ¿son acaso un peligro concreto y real para la democracia israelí? Yo creo que no, ya que por su fuerza numérica no pueden crecer más allá del porcentaje de población árabe en Israel -y de hecho, obtienen juntas bastante menos de lo que podrían obtener si el 18% árabe las votara, es decir que no todos los árabes votan por listas árabes o votan en las elecciones- y por su propia composición y objetivos, difícilmente puedan encontrar aliados en el resto de las fuerzas políticas -exceptuando el Partido Comunista, del cual tampoco se pueda decir que sea democrático- para acceder al poder. Entonces me imagino que la Corte sopesó el beneficio que podría acarrear el prohibir listas antidemocráticas en la Knesset que jamás tendrán el poder numérico como para realmente amenazar con un "suicidio democrático consentido" con el perjuicio (en imagen sobre todo) que seguro resultaría de proscribir la representación de una parte de la comunidad árabe en la Knesset. El resultado es que en este punto es mejor no prohibir las listas árabes aún cuando se encuentren, seguramente, en violación de la ley electoral israelí (pero creo que algunos partidos judíos no sionistas, como los que representan a los ultra-ortodoxos tampoco son demasiado democráticos, y no serían proscriptos por la Corte Suprema por la misma razón que los partidos árabes).



2. Ahora, pasando al tema de la discusión sobre el carácter del Estado de Israel como Estado de los judíos, se puede brindar si se quiere, un análisis parecido al que di en el punto anterior, que por su peso numérico difícilmente los partidos árabes amenacen el carácter de Israel como Estado de los judíos (que en la práctica esto afectaría la Ley de Retorno israelí que otorga ciudadanía automática a todo judío de la Diáspora que lo solicite, el estatus del sábado como día de descanso oficial, el estatus de las fiestas judías como fiestas nacionales de Israel, etc). Pero sin embargo, a diferencia de la "paradoja democrática", el deseo de cambiar aspectos, si se quiere culturales o de forma, de un Estado, no afecta el funcionamiento en ese Estado de un sistema político democrático, base necesaria para poder seguir cambiando el carácter del Estado (o revertirlo al anterior) por consenso de sus ciudadanos. En este sentido, Israel es un Estado judío porque la mayoría de sus ciudadanos así lo prefiere, y esto no tiene que ver con la cuestión de si los ciudadanos que se oponen son árabes o no, también ciudadanos israelíes judíos se pueden oponer y a veces algunos lo hacen. Israel no respeta la democracia por ser un Estado judío, es un Estado judío porque respeta las decisiones tomadas en su democracia. Es decir, que el valor de la democracia es más alto que el valor de Israel como Estado judío, por lo menos, según la opinión de gente que considera que los cambios se deben dar democráticamente. Pero puede ser las dos cosas, un Estado judío y un Estado democrático, porque su mayoría, en elecciones libres, ha decidido que así lo sea.



Con esto, no se debe pensar que a mí (y a la mayor parte de los israelíes) no nos importa que Israel sea o deje de ser un Estado judío o "el Estado de los judíos". Nos importa y muchísimo. Queremos a Israel como Estado judío y estamos dispuesto a defenderlo si es necesario. Al discutir ayer con mi mujer sobre este tema, para aclarar las ideas, intenté buscar un paralelo con un valor tan importante que otro Estado pudiera tener y que la mayoría del pueblo sintiera como fundamental para el carácter de este Estado (y que por supuesto, no fuera la democracia, porque si no estaríamos nuevamente discutiendo el punto 1). Llegué a un ejemplo que me parece bastante adecuado, me gustaría compartirlo y que me dijeran lo que piensan.



Primero descarté una analogía que se reveló insuficientemente adecuada. El valor de Argentina para los argentinos como Estado católico fue decreciendo con el tiempo -desde los primeros años de la conformación del Estado en el cual los extranjeros que profesaran otro culto que fuera el Cristiano Católico Apostólico Romano tenían prohibida la entrada al territorio- y en el día de hoy se puede decir que su valor es relativo para la mayoría de la población. No sólo la presión del crecimiento demográfico de otros cultos -como los cristianos evangélicos, que reclaman, cada vez más fuerte, el acceso a los recursos del Estado (hasta ahora reservados al sostenimiento del culto católico en todo lo que tiene que ver con ritual pero exceptuando la educación)-, sino también la progresiva laicización de la mayoría católica, ha llevado a que los argentinos no se sientan inclinados a defender a Argentina como Estado Católico y que muchos incluso, ni estén enterados de que aún en muchos aspectos lo es.



(Abro Paréntesis)



Referido a esto último, es incontable la cantidad de personas que me ha escrito alguna vez diciendome que un Estado no puede pertenecer a una "religión" sin ser un estado racista, pero ignorando la relevancia del hecho de que como una gran parte de los feriados argentinos tienen que ver con el culto católico, esto hace también a Argentina un Estado de una "religión". Hagámoslos pensar en la posibilidad de que Navidad o los días de Semana Santa dejen de ser feriados en Argentina y pasen a ser días laborales...



(Cierro Paréntesis)



Pero bueno, si el valor de Argentina como Estado Católico es insuficientemente fuerte en los argentinos, hay otro valor que me permite realizar una analogía que espero certera, y este es el de la soberanía territorial.



Se sabe que entre Chile y Argentina hubo (y quizás todavía hay) choques por la soberanía sobre la Patagonia que llevaron casi a la guerra abierta. Supongamos que hubiera en Argentina un grupo grande de personas con doble nacionalidad, argentina-chilena que, junto con algún grupo simpatizante plenamente argentino y el apoyo indisimulado del Estado chileno, se presentara a elecciones con la consigna de crear una "Patagonia para todos", frase en código que en realidad tuviera el sentido de que los argentinos pudieran visitar la Patagonia libremente como turistas, mientras que la soberanía quedara en manos de Chile o de una región autónoma, prácticamente separada de Argentina y que ofreciera derechos políticos -ciudadanía regional- sin trabas para los chilenos, pero dificultara la obtención de estos para los argentinos. No me pregunto la reacción de los argentinos, me parece que me la puedo imaginar. Me pregunto ¿cuál sería la reacción de la Corte Suprema Argentina ante un pedido por parte del Comité Electoral Argentino de proscribir a este partido que se dispusiera -poco sutilmente- a entregar la soberanía nacional a otro país? ¿Anularía la prohibición? ¿La dejaría en pie? ¿Tomaría en cuenta el peso electoral de este partido en su decisión? ¿Acataría un blindaje constitucional que previniera la participación en elecciones de un partido que tuviera entre sus objetivos o acciones la entrega o secesión de territorio nacional?



Me parece que esta es una analogía bastante acertada. En Argentina, uno de los valores supremos es la integridad del territorio (por supuesto, esto permite pequeños arreglos fronterizos como en los Andes o las islas del Beagle), en Israel es el carácter del Estado como Estado de los judíos. En los dos casos hablamos de valores sostenidos por la mayor parte de la población (y Argentina participó en varias guerras, no siempre exitosas -pensemos en la secesión definitiva del Uruguay y del Alto Perú, o en el dolor irresuelto de la pérdida de las Malvinas- para defender el primero).



Volviendo al caso israelí, la Corte Suprema ha adoptado una postura que viene a decir "sí, comprendemos que para la mayoría de la población israelí, el carácter de Israel como Estado de los judíos es inviolable, pero sabemos también que este sentimiento puede cambiar en el futuro, y si los cambios se dan respetando el orden democrático, entonces no podemos prohibir que se expresen estos deseos de cambio." Estoy de acuerdo con esta postura. La defensa de Israel como Estado judío se debe hacer cada día desde la educación, desde la tradición, desde el mantenimiento de los lazos con las comunidades judías del mundo y desde la creación de nuevas y atrayentes formas de ser judío y de expresarlo en Israel, pero no desde el blindaje electoral que termina siendo anti-democrático.



El caso argentino es sólo hipotético, así que nada más me queda por decir.