miércoles, diciembre 31, 2008

Cuando crezcan nuestros cohetes

Uno se debate acá sobre si escribir sobre ciertas cosas, porque hay familia que lee y se va a asustar, pero es inevitable, porque en algún momento van a sumar 2 + 2 o levantarse para leer las noticias en los diarios.



El último cohete que impactó en el aula de un colegio de Beer Sheva*, un cohete Grad (un tipo de Katiusha, para nada un misil "hecho en casa", sino diseñado por los rusos), viajó aproximadamente 49 kilómetros hacia el Este desde Gaza. Mi ciudad, Rishon LeTzion, donde vivo con mi mujer y mi hija, está a 54 kilómetros de Gaza, mirando al Norte. No hay que ser un gran genio para entender cómo va la cosa. Una operación terrestre para hacerles pagar bien el precio al Hamás por este terrorismo que han lanzado contra los israelíes es necesaria, fundamental y urgente.



* Nadie resultó herido en Beersheva por la simple razón de que como un cohete había impactado en la ciudad el día anterior, las clases se habían suspendido. Eso ha sido una gran suerte y una buena decisión, pero así no se puede vivir. Y es otro crimen de guerra que suma el Hamás.



Más allá de eso Marcelo Kisilevsky tiene unas buenas cosas para decir. Completo acá (gracias Daniel)

2) Estado de guerra vs. Estado de paz



Los reclamos de no matar a los asesinos sino capturarlos y someterlos a juicio, en mi opinión, son la base de la segunda doble vara con la cual se miran estos episodios, entre estado de guerra o estado de paz. Aquí caemos en una trampa, a veces en la “mala leche” de la prensa y la opinión pública internacionales: a los palestinos se los juzga según el criterio de estado de guerra, desde el cual, con razón o sin ella, tienen derecho a resistirse al ocupante con los medios a su alcance.



Pero a Israel, cuando combate, con razón o sin ella, con los medios a su alcance, se lo juzga según el criterio de estado de paz, según el cual no está matando a su enemigo en el campo de batalla sino perpetrando ejecución sumaria; en cambio, debiera capturar a los “sospechosos”, investigar cada crimen y obtener pruebas -que de paso no violen las normas investigativas del derecho penal, o sea: que un juez es el que autorice allanamientos, y demás- y luego probar su culpabilidad por medio de la presentación de evidencias y testigos.



La respuesta en mi opinión, es contundente: o ambas partes se comportan civilmente, o ambas lo hacen militarmente. Desde el momento en que el Hamás comete actos bélicos, por más débiles (e imbéciles, por inútiles, pues ellos sí podrían lograr su cometido -salvo la destrucción de Israel- por vías diplomáticas), todos sus miembros se están colocando a sí mismos en el campo de batalla y en la mira de armas. Y a reclamar a otra parte. Dicho sea de paso, esto tiene que ver con lo que Marky Levy definió alguna vez como “la responsabilidad del débil”.



4) Derechos Humanos vs. Relativismo Cultural



Aquí Israel se debate en otra trampa de la que le cuesta salir. El pecado paternalista de Occidente es considerar a los palestinos como un “pueblo primitivo”, o mejor dicho “sociedad tradicional”, para usar la nueva terminología de la antropología académica. Dicha concepción sostiene que Occidente ha pecado al querer “civilizar” a los pueblos tradicionales de oriente y África, según el Modelo Antropológico Clásico del siglo XIX. Éste fue reemplazado por el modelo de Relativismo Cultural, que buscaba estudiar cada cultura tal cual es, y condenaba cualquier intento de modificarla como violento e imperialista. En cambio, Israel no es “primitivo” ni “tradicional”, y sus conductas no deben ser juzgadas según la vara del relativismo cultural sino por la de los derechos humanos, que son bien civilizados y universales.



Así, si los palestinos ejecutan colaboracionistas en la plaza pública, sin demasiado juicio previo, eso no viola los derechos humanos: es su cultura y no tenemos derecho a modificarla desde afuera. Si les cortan el clítoris a las nenas, eso es cultura. Si amputan los dedos de los ladrones, eso es cultura, y si las mujeres deben ser encerradas en sus casas, o asesinadas si se niegan a casarse con un tío anciano o si se enamoran indebidamente, eso es su cultura. Y si lanzan misiles y se inmolan con el expreso fin de matar inocentes, eso no es terrorismo, sino que así es su cultura. Ok, bueno, quizás sí violan los DD.HH, pero no lo saben, porque son primitivos e ignorantes, pobre gente. O peor todavía: así es como expresan su desesperación contra una civilización que los ha pauperizado y no les ha dejado alternativa. Perdón, pero en las fabelas de Brasil están más desesperados, y nadie se ha inmolado todavía en un autobús.



No señor: su objetivo no es comer mejor ni tener un estado -que si fuera sólo eso ya lo habrían conseguido hace rato-, sino la destrucción del otro que no es como ellos. Y eso, eso, viola los derechos humanos.