sábado, agosto 30, 2008

Oralidad y escritura en el judaísmo

Comencé un libro de antología de historias judías basadas en la Biblia y la Agadá, Gates to the New City, y viene con una introducción muy interesante sobre la tradición de contar historias que tiene el pueblo judío.



Tiene que ver con el pasaje de la oralidad a la escritura que es todo un tema de análisis histórico. En general, lo que me han enseñado en la Universidad, es que los mitos transmitidos en forma oral van cambiando, reflejando no sólo los agregados ornamentales de cada uno de los relatores, sino también las realidades del presente.



Un ejemplo que me contaron, y que recuento de memoria (yo soy otro enlace en la cadena oral), es el de un experimento realizado por unos antropólogos con una tribu indígena aislada, sin conocimiento de la escritura. Los antropólogos entrevistaron en dos ocasiones, separadas por diez o veinte años, a los ancianos, y les pidieron que contaran los orígenes de su tribu. La primera vez, el relato describía como cierto dios había tenido un hijo, y este había sido el héroe fundador de la tribu. Este héroe había tenido cinco hijos, y cada uno de estos hijos había sido el fundador de aldeas o clanes separados, pero pertenecientes a la misma tribu, con los cuales la aldea de los ancianos comerciaba o guerreaba. La segunda vez, luego de diez o veinte años, los antropólogos les pidieron a los ancianos que contaran nuevamente el orígen de su tribu. La diferencia con el relato original, que los antropólogos notaron porque tenían un registro escrito de la primera entrevista, era que el héroe había tenido cuatro hijos, no cinco, y cada uno de estos cuatro hijos había fundado una aldea o clan cercano, con los cuales la aldea de los ancianos comerciaba o guerreaba.



¿Dónde había ido a parar el quinto hijo? preguntaron los antropólogos. Los ancianos no tenían idea de qué era lo que les estaban preguntando. El héroe nunca había tenido cinco hijos, sólo cuatro. Y allí estaban las cuatro aldeas fundadas por cada uno de éllos como prueba. Los antropólogos se dieron cuenta que el mito fundador cambiaba de acuerdo al presente: la quinta aldea había dejado de existir, quizás por perder la guerra, quizás por ser absorbida por otra aldea. El mito cambió en consecuencia, como si jamás hubiera sido distinto. Esto era producto, determinaron los antropólogos, de la falta de un registro escrito entre los indígenas, al que ellos pudieran recurrir para verificar los datos.



La inferencia era que una vez que se pasara de la etapa oral, flexible con los datos, a la etapa escrita, rígida con éstos, la modificación continua de los mitos se haría imposible. El mito quedaría fijado en su forma escrita de una vez y para siempre. Esto es una idea muy aceptada en la academia. Miren sin embargo lo que aporta Howard Schwartz en la introducción del libro que comenté al principio (p. 14-16):

En la mayor parte de las culturas la transición desde una tradición oral a una escrita es un cambio dramático que tiende a considerar el material escrito, luego de unas pocas generaciones, como sagrado y eterno en su forma escrita. La inevitabilidad de la evolución del mito, que se supone en una tradición oral, es reemplazada por una creencia en la permanencia de la forma escrita. Tal creencia también caracteriza la actitud judía hacia los libros de la Biblia. Y sin embargo, paradójicamente, la ética oral que permitió que ocurrieran las transformaciones míticas también se retuvo. Esta contradicción aparente fue resuelta por el reconocimiento de dos tradiciones separadas pero relacionadas: la escrita y la no escrita. Mientras que el texto de la Ley Escrita era intocable, la Ley Oral no lo era. Fue esta retención conciente de la dimensión oral más antigua, entonces, lo que distingue a las tradiciones religiosas y literarias judías de otras, y fue responsable de crear una situación en la cual siguió siendo posible que los mitos centrales continuaran evolucionando incluso después de que hubieran sido puestos por escrito. (N. mis negritas)



Eventualmente algunas de las tradiciones orales fueron preservadas por escrito, usualmente cuando estaban en peligro de perderse, o para prevenir la formación de sectas competidoras, cada una afirmando que la Ley que habían recibido era la versión auténtica. Como resultado es posible seguir esta evolución mítica en los textos, aunque aún continua mucho debate académico sobre su datación exacta. Un ejemplo representativo de este tipo de evolución que tiene lugar entre la fuente bíblica y su recuento agádico es la leyenda de la Ciudad de Luz. Hay cuatro referencias al pasar a Luz en la Biblia, pero es la primer referencia la que proporciona sus atributos como lugar único en el mundo, porque fue allí que Yaakov tuvo el sueño de la escalera que llegaba hasta el cielo, con ángeles ascendiendo y descendiendo por ella (Génesis 28:12):

Y Yaakov se levantó temprano a la mañana, y tomó la piedra que había puesto bajo su cabeza, y la transformó en un pilar, y derramó aceite sobre ella. Y nombró al lugar Bethel [Casa de Dios], pero el nombre de la ciudad era Luz al mismo tiempo. (Génesis 28:18-19).


Sin embargo, las referencias bíblicas restantes sobre Luz no brindan más claridad sobre la naturaleza de la ciudad. Pero en el Talmud aparece una leyenda que está relacionada con esta ciudad, que en muchos sentidos prefigura el tipo de folklore que surgiría eventualmente a una escala mucho más amplia en la Edad Media:

Y el hombre fue a la tierra de los Hititas, y construyó una ciudad, y la llamó desde entonces Luz, que ha permanecida su nombre hasta estos días (Jueces 1:26). Ha sido enseñado: Esa es la Luz contra la que Senacherib marchó sin perturbarla, contra la que Nabucodonosor marchó sin destruirla, e incluso el Angel de la Muerte no tiene permiso para pasar por ella. Pero cuando los viejos allí se cansan de la vida, salen fuera de las murallas y entonces mueren. (B. Sot. 46b)


No se encuentra en el Talmud ningún otro embellecimiento de esta leyenda de una ciudad en la cual los habitantes permanecen inmortales. Desarrollos posteriores aparecen en Genesis Rabbah. Primero el pasaje bíblico sobre el sueño de Yaakov (Génesis 28:12) es citado en el contexto de una discusión exegética, creando el primer enlace entre la Luz de Yaakov y aquella a la que se refiere en el pasaje talmúdico citado previamente. Entonces la leyenda se lleva un paso más adelante:

Rabbi Abba ben Kahana dijo: "¿Por qué fue llamada Luz? - Porque cualquiera que entrara florecería en actos meritorios y buenas acciones como un luz (nogal)." Los rabinos dijeron: "Como la nuez no tiene boca (abertura), así ningún hombre pudo descubrir la entrada al pueblo." Rabbi Simon dijo: "Un nogal se erguía en la entrada de la ciudad." Rabbi Leazar ben Merom dijo en nombre de Rabbi Pinjas ben Mama: "Un nogal se erguía en la entrada de una cueva; este árbol era hueco, y a través de él uno entraba a la cueva y a través de la cueva a la ciudad." (Genesis Rabbah 69:8)


Noten como Rabbi Leazar adorna un detalle reciéntemente añadido a la historia por Rabbi Simón - tomando el nombre del pueblo como un nogal, el significado literal de luz, él lo postula como el símbolo de la ciudad, y lo coloca a la entrada. Mientras que es posible, por supuesto, que este adorno fuera parte de una tradición más temprana que Rabbi Simon estaba sólo recordando, parece igualmente posible que la descripción del nogal a las puertas de la ciudad sea un ejemplo del tipo de evolución mítica de la cual hemos estado hablando. Ciertamente el desarrollo posterior presentado por Rabbi Leazar, citando a Rabbi Pinjas, toma este tema un paso más allá, embelleciendo el rol del nogal: "este árbol era hueco, y a través de él uno entraba a la caverna y a través de la caverna a la ciudad." Lamentablemente, este tema atractivo y tentador de una ciudad de inmortales, casi de naturaleza de cuento de hadas, no fue desarrollado más hasta el período medieval tardío, cuando fue redescubierto (25), aunque la noción de una frontera que el Angel de la Muerte no puede cruzar aparece en el Zohar (4:151a), refiriéndose a la Tierra de Israel como un todo, en lugar de a la Ciudad de Luz: "Es el Angel Destructor que trae la muerte a toda la gente, excepto a aquellos que mueren en la Tierra Santa, a quienes la muerte la trae el Angel de la Misericordia, que ejerce señorío allí." Este tipo de desarrollo gradual y sinuoso es característico de la tradición agádica, cuya evolución no es muy diferente a la de las criaturas vivientes en este aspecto. Al mismo tiempo, esto hace que leer la Agadá sea una búsqueda del tesoro en la cual este tipo de gemas están dispersas en todos lados en las ricas literaturas midráshicas.



Noten también el vínculo entre el lugar en el cual Yaakov tuvo su sueño y la ciudad de la vida eterna. El último tema de Luz enfatiza tanto su dimensión sagrada y confirma lo apropiado de que ese haya sido el lugar en que la visión de Yaakov fue revelada: Cuán lleno de reverencia es este lugar! Esto no es otra cosa que la Casa de Dios, y esta es la Puerta del Cielo (Génesis 28:17). La escalera del sueño de Yaakov, después de todo, es en sí misma un arquetipo del vínculo entre la tierra y el cielo. Tal vínculo se pretende cláramente que sea considerado en forma positiva, pero Génesis contiene también el inverso de este símbolo, la Torre de Babel, cuyos constructores también buscaron abarcar la misma distancia, y fueron universalmente condenados por tratar de hacerlo en la literatura rabínica. Estos constructores, sintieron los rabinos, fueron la Generación malvada de la División, que fracasaron en reconocer la preeminencia de Dios en el mundo, y tontamente creyeron que podrían derrocar a los cielos; pero en su lugar, el Señor primero confundió su lenguaje, y entonces los dispersó ampliamente desde allí sobre la faz de toda la Tierra (Génesis 11:8). El sueño de Yaakov, al contrario, refleja un intercambio armonioso entre la tierra y el cielo, el mundo de los hombres y el mundo del espíritu, con ángeles ascendiendo y descendiendo (Génesis 28:12). En algunas Hejalot y textos cabalísticos, esta escalera se transforma en una metáfora del ascenso místico, en el cual el alma del que busca trepa hasta el cielo. Este cambio, del sueño pasivo de Yaakov al uso activo de la escalera para ascender refleja acertadamente una de las diferencias primarias entre estos períodos tempranos y tardíos. Para la era jasídica la escalera había llegado a simbolizar el objetivo común de la purificación espiritual - Los Peldaños de la Escalera. De esta forma, el símbolo bíblico es reinterpretado en cada generación, y visto tanto desde la perspectiva tradicional como desde la perspectiva del presente.



Nota 25: Se puede encontrar un cuento de hadas medieval judío sobre una búsqueda (quest) a la ciudad de Luz en Dos Buch fun Nissyonoth, editado por Israel Osman. El autor hebreo moderno Yakov HaCohen también ha escrito una obra de teatro basada en esta leyenda, La Ciudad de Luz.

¡Qué riqueza! No tiene nada que envidiarle a los elfos y los orcos, Teseo y el Minotauro, Thor y el Valhala, o la Pacha Mama... Sólo hay que buscarla, como un tesoro, en los textos judíos.