jueves, agosto 07, 2008

La Venganza - Nosotros no hacemos eso

Estoy leyendo un libro excelente de Yaacov Lozowick, titulado "Right to Exist. A Moral Defense of Israel's Wars". Tiene secciones memorables y lo recomiendo mucho a quien lea en inglés (la versión paperback además es muy barata).



Quería compartir estos párrafos con ustedes (p.118-120):

El verano de 1945 encontró a Alemania golpeada e indefensa. El Estado alemán había dejado de existir, con jóvenes oficiales de la ocupación sirviendo como mayores, policía militar aliada preservando una semblanza de ley y orden, y comercio basado en una moneda de cigarrillos. El Ejército Rojo conquistador de Berlín violó a decenas de miles de mujeres. Al Este, millones de alemanes, aquellos que no habían sido asesinados, fueron forzados de sus casas. Los peores asesinos de la historia yacían impotentes y esperaban su destino.



Mientras tanto, a sus ciudades llegaban caminando cientos de miles de sus víctimas: sobrevivientes judíos de los guettos, campos y bosques. Si alguna vez pudo haber una oportunidad para una venganza iracunda justificada, fue en ese momento. Muriéndose de hambre en 1941 en un guetto, una joven niña judía había escrito en su diario que ella sabía que "había también alemanes buenos. A ellos hay que matarlos últimos." Ahora, hubiera sido fácil de hacer, y sin riesgo de castigo contra los vengadores.



Aquí y allí algún judío individual reconoció a un asesino individual y tomó su vida, pero si hubo algún caso de la matanza de miembros de la familia, ha desaparecido de la memoria de ambas partes. Un pequeño grupo de luchadores judíos de Palestina buscó y ejecutó a una pequeña docena de criminales nazis cuidadosamente bien identificados. Otro grupo, incluso menor, hizo preparaciones secretas para hacer verdad a esa antigua patraña anti-judía y envenenar los pozos. Hablaron y hablaron, pero el agua nunca se tocó.



Como la historia de las comunidades judías del mundo musulmán que desaparecieron, la ausencia notable de venganza judía por la Shoah nunca se le ocurre a nadie. He tenido la ocasión de requerir una explicación de este hecho peculiar a muchos alemanes de mi propia generación. En cada caso, la pregunta fue recibida con estupefacción. Nunca se les ha ocurrido que la cosa más natural en el mundo podría haber sido que los sobrevivientes de los campos de la muerte hubieran asesinado o violado a sus madres, y ellos nunca le han prestado la más mínima reflexión a explicar por qué esto no pasó.



El libro que explicaría esto todavía tiene que ser escrito, pero su tesis ya es clara: los judíos no se vengan. Cuando eran una minoría perseguida no se enfrentaron con ira contra sus atormentadores, que los apologistas de la violencia palestina nos quieren hacer creer que es una respuesta natural a la opresión, y cuando finalmente adquirieron poder continuaron absteniendose de políticas de venganza. Esto no va a ser aceptado fácilmente por los consumidores de los medios de comunicación occidentales, quienes son alimentados con una dieta continua de reportes sobre el inescapable "ciclo" de represión israelí, ira palestina, y venganza israelí. De vez en cuando, por supuesto, algunos judíos individuales se vengan, pero esta es la excepción, y lo más importante, sus comunidades generalmente reciben sus acciones con desaprobación, como algo "que nosotros no hacemos". Si hubiera una escala cros-cultural de venganza aceptable, rankeada por la gravedad de las provocaciones, los judíos se encontrarían regularmente en el fondo de la lista de "vengadores justos". Uno no tiene que creerme a mí simplemente. El registro de la historia humana está abierto, las partes judías de él tienden a estar mejor documentadas que la mayoría, y el lector está invitado a hacer su propia investigación. Y aún veo la incredulidad de aquellos lectores saturados de noticias, que no ven la razón de porqué excavar la historia de la persecusión medieval contra los judíos y su falta de respuesta, cuando ven diariamente lo opuesto en las noticias de la tarde.



Todo el concepto de un ciclo de violencia es simplemente una forma para los occidentales de expresar su punto de vista de que las raíces del conflicto son tribales y por lo tanto lavarse las manos de él. En una sociedad tribal, donde la justicia retributiva es la base del orden social, un ojo por un ojo es la regla. Y quizás ese sea el caso para las sociedades árabes, en las cuales el estado moderno y la sociedad civil no han reemplazado todavía totalmente las identidades y fidelidades tribales anteriores. Los judíos, sin embargo, se liberaron de esta concepción tribal de justicia hace más de dos mil años y la reemplazaron por un sistema elaborado de proceso legal ordenado. El ciclo de violencia es un mito condescendiente que opaca lo que los observadores occidentales deberían ser capaces de reconocer - a saber, que las acciones israelíes en este conflicto no son actos de venganza, sino represalias o, aún más, disuasión.



La diferencia es de un significado moral y práctico muy grande. La venganza está motivada por el odio. Una ofensa fue causada o se percibe que ha sido causada, y un sufrimiento se ha causado. En devolución, el vengador se dispone a infligir un sufrimiento adicional en el perpetrador. El acto de venganza debe infligir dolor que sea similar en sus dimensiones al dolor inicial o lo exceda; de otra manera la satisfacción emocional y el elemento de castigo faltaría. La venganza raramente reconoce límites morales; de hecho, casi por definición busca al débil. El Diccionario Webster dice que la venganza es el "acto de devolver mal por mal," y por eso es que puede iniciar un ciclo de violencia imparable: cada lado está respondiendo al mal del otro. La represalia es "el acto o práctica en ley internacional de recurrir a la fuerza, sin llegar a la guerra, para producir una corrección de los agravios." Y la disuasión es "la retención y la desmotivación del crimen por temor." Comprometerse con el mal, combatir el mal, y disuadir el mal a través de la ley internacional: qué diferencia!



Distinguir uno del otro no es tan complicado como puede parecerle, y no tiene por qué ser subjetivo, no más que determinar jus in bello (justicia en la guerra). De hecho, la represalia y la disuasión son aspectos de la guerra justa, mientras que la venganza es un aspecto de la guerra criminal. Con la represalia y la disuasión, los civiles y los no combatientes no deben ser muertos. Tiene que haber una conexión causal entre el objetivo militar y el objetivo político. Si son exitosas, la represalia o la disuasión causarán una cesación del mal inicial, en cuyo caso sus perpetradores vivirán de allí en más en paz, sin haber sufrido dolor como el que ellos mismos causaron.



La venganza, en contraste, no acepta límites; las dimensiones del mal que devuelve deben ser iguales o mayores a las de aquél que responde. Escuchen a Winston Churchill y sus londinenses que lo ovacionaban en 1941: "Si hoy por la noche se le solicitara al pueblo de Londres que votaran sobre si se debiera entrar en una convención para parar los bombardeos de todas las ciudades, la mayoría abrumadora gritaría, "No, les daremos a los alemanes la medida, y más que la medida, que nos han dado a nosotros."" En esencia: incluso si más niños murieran en Londres, continuaremos hasta que mayores números mueran en Berlín.



La represalia y la disuasión palidecen en comparación con esto. Les falta ese impulso sin límites para el mal tan poderoso que uno es capaz de continuar sufriendo mientras que el enemigo sufra más. Por definición deben aceptar frenos; si no, se transforman meramente en débiles formas de venganza.



Me hizo pensar en cuando devolvimos vivo, con novia y separado, y con un título universitario al terrorista asesino libanés Samir Kuntar luego de que nos devolvieran a nuestros soldados muertos, y con sus cuerpos profanados, cuando deberíamos haberlo devuelto en pedacitos. Pero nosotros no hacemos eso.