lunes, julio 21, 2008

Después del cambio con Hezbollah

Ami Isseroff escribe:



Para el resto del mundo, y para muchos israelíes, incluyéndome, el "cambio" de cuerpos de soldados (y partes del cuerpo de otros - no olvidemos esas partes provistas por el fantasmagórico Nasrallah) por el asesino Samir Kuntar fue un poco menos que idiota. Como yo lo predije (con sangre en las manos y el cambio de prisioneros de Hezbollah: no es demasiado tarde para salvar a nuestros hijos e hijas), los soldados estaban muertos y el cambio fue una gran "victoria" para Hezbollah. Después de todo, todo el mundo puede entender como un animal depravado como Samir Kuntar, que golpeó en la cabeza a una nena chiquita, entre otros, debe ser el héroe nacional de un gran país como El Líbano y el objeto de admiración de "líderes espirituales" como Hassan Nasrallah.



Los libaneses más sanos, que no entienden a Israel y nunca pudieron hacerlo, ven el cambio como parte de una conspiración sionista para vender El Líbano al Hezbollah. En esta visión improbable, son los israelíes, entre todos, los que son responsables por socavar la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 1701. El ejército libanés que no desarmó a Hezbollah, el gobierno libanés que accedió a darles poder de veto, UNIFIL que está parada sin hacer nada y los deja contrabandear armas, y Siria que les suministra las armas, no tienen ninguna mancha. Sólo Israel es el culpable, por los "crímenes" de tratar de negociar la paz con Siria y negociar traer a sus soldados de vuelta, y por no rendir inmediatamente las Granjas de Shebaa basado en el argumento falso fabricado por Hezbollah. Y esto, les recuerdo, es de Michael Young, un libanés "moderado" y opuesto a Hezbollah.



El cambio ya le ha otorgado la victoria predicha a Hezbollah, y causó la predecible e inevitable depresión y desilusión en Israel. Pero es un regalo que sigue entregándose. Los israelíes creen que ahora que el cambio ha terminado, Hezbollah va a tener ganas de "vengar" la muerte de Imad Moughnieh matando a varios centenares de personas, aunque no hay prueba de que Israel estuvo involucrado en el pequeño accidente de Moughnieh. Lo más probable es que la gran victoria de Hezbollah los va a tentar, y al Hamás, a llevar a cabo más secuestros, y lo más probable es que no les va a importar si los soldados son capturados vivos o muertos, porque los rehenes muertos parece que tienen el mismo valor que los vivos. Los palestinos comentaron que el trato prueba que los secuestros son la manera para liberar prisioneros.



La aceptación israelí del trato, cuando era virtualmente seguro que los soldados secuestrados Ehud Goldwasser y Eldad Regev estaban muertos, le parece bizarra a los que miran de afuera. Sin embargo fue apoyado por la mayoría de los israelíes, y ciertamente por una mayoría de los soldados. Pero a los israelíes no les parece tan extraño. Prepárense para una lección de relativismo moral y diferencias culturales en la moralidad. Cuando Pompeyo sitió Jerusalem alrededor del año 63 a.e.c., los sitiadores romanos se asombraron de que la fiera defensa cesara en Shabbat. Algunas consideraciones son más fuertes que la lógica. Correcta o incorrectamente, la tradición judía pone un gran énfasis en que "nadie debe ser dejado atrás." Esta tradición creció no sólo por respeto a los muertos y sus parientes y amigos vivos, sino también por las experiencias de los Prisioneros de Guerra en Egipto y Siria, que habían sido torturados.



Ariel Sharón era famoso por su adhesión e inculcación de la idea de que nadie debe ser dejado atrás. Supuestamente, un grupo de soldados estaba viajando en un auto de comando abierto y pasaron por una parte de un camino muy difícil. El auto rebotó y uno de los soldados se cayó. El comandante temía una emboscada y le ordenó a su conductor que continuara. En su lugar, el conductor hizo marcha atrás y recogió al soldado. El comandante le hizo una corte marcial al conductor por desobedecer órdenes, y el caso llegó hasta Sharón. Sharón exoneró al soldado y reprendió al oficial por no seguir el principio de que "nadie debe ser dejado atrás".



El principio se convirtió más en una obsesión del ejército israelí por el caso de Ron Arad. Arad fue capturado por la milicia Amal en El Líbano en 1986 cuando tuvo que saltar de su Phantom. En su momento, se argumentó que los esfuerzos que se habían hecho para rescatarlo habían sido insuficientes. Israel estaba sufriendo del trauma del "trato de Jibril," en el que cientos de prisioneros palestinos fueron liberados para recuperar a tres soldados. Por lo menos esos soldados estaban vivos, y habían sido capturados en combate. Arad también estaba evidentemente vivo, pero Amal quería 3 millones de dólares de rescate y la liberación de cientos de prisioneros más. Las demandas de Amal siguieron subiendo. Yitzhak Rabin, entonces Ministro de Defensa, era renuente a cumplir a la luz del trato de Jibril, especialmente luego de que los prisioneros liberados fueron instrumentales en el inicio de la Primera Intifada. Las negociaciones continuaron lentamente pero Amal de alguna manera perdió a Arad, o él murió o lo mataron. Esto comenzó una ola de recriminaciones sobre las supuestas negociaciones fallidas y la supuesta falta de atención de Tzahal en recuperar a los cautivos. Así, Tzahal ha desarrollado aparentemente un "complejo de rehenes" basado en torno al sentimiento de culpa por la pérdida de Arad, y "nadie queda atrás" se ha transformado en un fuerte imperativo moral. Los soldados de Tzahal han realizado algunos rescates exitosos y atrevidos de soldados perdidos detrás de las líneas enemigas con probabilidades muy bajas de éxito. También han habido algunos fracasos trágicos, y en retrospectiva, sin sentido. El aspecto práctico de este ethos es que cada soldado, y la familia de cada soldado, quiere estar seguros de que si están perdidos detrás de líneas enemigas o son capturados, se va a hacer todo lo posible para recuperarlos.



El Ministro de Defensa israelí Ehud Barak dijo antes del cambio:

"Tenemos una obligación moral de traer de vuelta a nuestros soldados de una misión si están vivos o si desafortunadamente están muertos. Eso es lo que guió la decisión del gobierno."


Luego de la captura, se reportó que Barak dijo:

Haciendo incapié en el pacto moral entre el ejército y el pueblo, Barak dijo que Israel va a continuar sus esfuerzos para determinar la suerte de Ron Arad, un piloto del que no se tienen noticias desde que su avión se estrelló en El Líbano en 1986.


No todos los israelíes están de acuerdo. Como yo lo hice previamente, Uri Orbach señaló que el trato de los rehenes va a invitar más secuestros, y que el gobierno tiene la obligación de proteger a las víctimas futuras también. Doron Rosemblum acusó a los israelíes de pensamiento mágico, de creer que desear que los soldados estén vivos lo iba a lograr, y que puede haber habido mucho de ese tipo de "pensamiento" detrás de la presión para hacer el trato. El trato ha también provocado un montón de amenazas mal pensadas y llamadas a la venganza, que recuerdan demasiado las amenazas vanas del gobiero y el personal de Tzahal durante la Segunda Guerra del Líbano. Si ciertas cosas se deben hacer, deben hacerse, y no hablarse de ellas. Otros planes, que pueden violar la Ley Internacional, no van a ser llevados a cabo seguro, y hablar sobre ellos no sirve de nada útil.



Los motivos detrás de la decisión de completar el trato son comprensibles y aún loables, pero el trato estuvo mal, y fue realizado de manera estúpida. La información que Hezbollah dio sobre Ron Arad no valía nada. Eso debería haber sido suficiente para parar el trato. El hecho de que Hezbollah no deseaba proveer información de que los soldados estaban vivos debería haber sido prueba suficiente de que estaban muertos, y la visión de sus ataúdes debería haber prevenido la liberación del terrorista Samir Kuntar. Pero nada disuadió a los oficiales israelíes de marchar como zombis por el camino al desastre.



Para el futuro, el gobierno israelí y los jefes de Tzahal deben tomar en cuenta que la primera obligación de un ejército, especialmente de Tzahal, es ganar guerras y proteger a sus ciudadanos. Esto, lamentablemente, tiene que venir antes del bienestar de soldados individuales. La obligación moral de "pidyon shvuim" (rescate de rehenes) como es llamada en hebreo no debe obligarnos a poner en peligro imprudentemente y sin sentido la vida de otros. Esto también es parte del pacto moral. Además, como parece que la prisión de cualquier asesino de alto perfil casi seguro invita a secuestros para poder liberarlo, la conclusión obvia es que Israel debe instaurar la pena capital. Cualquier prisionero enemigo que haya cometido múltiples asesinatos debe recibir la sentencia de muerte, porque encerrarlos trae secuestros. Es cierto que va a hacer más difícil capturarlos vivos, pero va a salvar más vidas y evitar secuestros, y mucho dolor. La pena capital es odiosa y bárbara, pero nada puede igualar el show bárbaro y vomitivo que el Hezbollah y los libaneses armaron esta semana, o el barbarismo de los secuestros.