domingo, febrero 24, 2008

Una noche para recordar - 29 de noviembre de 1947

Esta carta de Tzipora Porath, de su libro "Cartas desde Jerusalem 1947-1948" fue escrita la mañana siguiente a que las Naciones Unidas aprobaran la partición de Palestina en dos estados, abriendo paso al establecimiento del Estado de Israel.



La decisión de las Naciones Unidas de dividir Palestina plasmada en la Resolución 181 de la Asamblea General fue recibida por los judíos palestinos con alegría y premonición. La alegría fue expresada en las celebraciones espontáneas que surgieron en la noche del 29 de noviembre de 1947 a lo largo de la Palestina del Mandato. La premonición fue expresada por los líderes judíos, quienes entendieron que la decisión de partición llevaría casi inevitablemente a la guerra. Jaim Weizmann remarcó en diciembre que el Estado no sería entregado al pueblo judío en una bandeja de plata. Poco después, el poeta Natan Alterman escribí el poema, La Bandeja de Plata, sobre el heroísmo de los jóvenes que serían llamados a defender su nuevo país. Aproximadamente 6.000 israelíes murieron en la Guerra de Independencia de 1948. (Primera Guerra Arabe-Israelí). Pero estos pensamientos estaban lejos de las mentes del gentío celebrando en esa noche de noviembre. Esta carta captura el clima de esa noche histórica y las celebraciones que siguieron. El aniversario del 29 de noviembre de 1947 es señalado en Israel cada año como "Kaf tet B´November."



Tzipora ("Tzipi") llegó a la Palestina del Mandato en octubre de 1947, como una estudiante norteamericana, para lo que pretendía ser un año de estudios en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Pero, alcanzada por la Guerra de Independencia de Israel, sirvió primero como médica en las clandestinas fuerzas de defensa de la Haganá, y luego en el naciente Tzahal (Ejército de Defensa de Israel) y en la novata Fuerza Aerea de Israel. Estos voluntarios del exterior fueron luego reconocidos como parte de los cuerpos voluntarios Machal (Majal).



Las cartas que Tzipi le escribió a sus padres capturan los eventos históricos como ocurrieron. Han sido compiladas en el libro Letters from Jerusalem, 1947-1948. Lo pueden comprar en zip(arroba)netvision.net.il (Israel) o haciendo click aquí.



Judíos bailando en las calles el 29 de noviembre de 1947 para celebrar la decisión de la partición de Palestina.





Judíos celebrando la decisión de partición en Jerusalem.



Jerusalem,

Mañana de domingo, 11:00 AM

30 de noviembre de 1947.



Muy querida madre, padre y Naomi.



Caminé medio aturdida a través de las muchedumbres de caras felices, a través del ensordecedor canto de "David Melej Israel, Jai, Jai ve Kayam" [David, Rey de Israel, Vive, Vive y Existe] pasando los tanques y jeeps británicos con pilas altas de pirámides de niños saludando y flameando banderas. Esquivé motocicletas, carretas, autos y camiones que estaban corriendo locamente hacia arriba y abajo de la Calle King George, esquivándose milagrosamente, sus carteles y luces rebosando con capa sobre capa de gente eufóricamente feliz. Empujé a través de gentíos tumultuosos llorando y besándose y los gritos jubilosos de "Mazal Tov" [felicidades] y volví al silencio de mi cuarto... para intentar compartir con ustedes esta noche inolvidable.



La luz de mi cuarto todavía estaba prendida desde ayer a la noche. Había planeando irme a dormir temprano ya que el rumor era que la votación en la ONU sobre el Plan de Partición probablemente se pospondría para otro día. Pero, alrededor de las 11:00 PM hubo un golpe en la puerta, "Estamos haciendo contacto con Estados Unidos. Bajá. La votación es hoy a la noche." Diez cuerpos en pijamas se amucharon en un cuarto de tamaño sólo para cinco personas y se sentaron tensamente alrededor de la radio a baterías por lo que parecieron horas mientras se hacían inútiles intentos de conseguir una recepción clara desde Lake Success. Lo conseguimos justo cuando se hizo el anuncio del voto mayoritario: treinta y tres a favor, trece en contra y diez abstenciones.



Extáticos, nos abrazamos y nos besamos frenéticamente, luego nos paramos rígidos y cantamos Hatikva fervientemente. Aparecieron botellas de vino, masitas y caramelos. Comimos y tomamos e hicimos una pequeña ceremonia, luego corrimos a nuestros cuartos, rápidamente nos vestimos con lo primero que encontramos y golpeamos en todas las puertas para despertar a aquellos que habían dormido durante las buenas noticias. Todos los estudiantes en el edificio se dirigieron a la azotea y, bajo la tibiez del brillo de la Luna y el vino, bailaron delirantemente. Luego hicimos una fila hacia las casas más cercanas, golpeando en las persianas y puertas, gritando las noticias mientras pasábamos. En una columna que parecía sin fin, hicimos nuestro camino hasta la comunidad más próxima, Bet Hakerem, donde está el Seminario de Maestros y donde la mayor parte de los estudiantes vive. Las calles ya estaban llenas, círculo tras círculo de grupos danzantes, girando en un Hora frenético. El nuestro era el círculo más grande y el último.



Con los brazos unidos, marchando de a seis, cantando todo el camino, avanzó el batallón de estudiantes, gritando las noticias a los vecinos que sacaban sus cabezas somnolientas por las ventanas y puertas para ver de qué trataba toda la conmoción, derecho hasta Hamekasher, la terminal de autobuses. Confrontando al guardia con las noticias, demandamos un micro que nos lleve a la ciudad. Estaba tan excitado que nos proveyó tres. En una subida loca nos apilamos adentro, cuerpo sobre cuerpo; por el camino corrimos como un millón de corazones encendidos, dirigiéndonos al corazón de Jerusalem.



Las calles de la ciudad se estaban comenzando a llenar a medida que las noticias se difundían. La gente brotaba de sus casas en una corriente cada vez más espesa. En el centro de la ciudad montones de personas felices, abrazándose, bailando Horas y brincando, se dirigían espontáneamente, como nosotros - movidos por una fuerza magnética - al patio del edificio tipo fortaleza de la Sojnut [Agencia Judía], que por años albergó las esperanzas de un Estado Judío en Palestina. Salió una bandera y en el balcón apareció Golda Myerson [Meir]. No hay palabras para expresar ese momento. Atorada con emoción, consiguió decir Mazal Tov y comenzaron a correr las lágrimas, océanos de lágrimas felices no reprimidas. Toda la noche corrientes de gentíos alegres se juntaron en el patio dando vueltas adentro y afuera... para homenajear, para dejar salir sentimientos de felicidad incrédula que surgían desde profundamente adentro.



Un grupo de nosotros marchó a la sala de prensa del Palestine Post [ahora el Jerusalem Post] para conseguir las últimas noticias de parte de Morty y Dov, nuestros amigos que trabajan allí. Otra ronda de tragos y abrazos y bailes locos mientras esperábamos que la histórica Primera Edición saliera de la imprenta. A las cuatro y media de la madrugada, sonrojados por la excitación, ignorando la tinta fresca, nos pasamos nuestras copias para que todo el mundo las autografíe, incluyendo a un Tommy inglés que se había aventurado por un trago. Entonces Morty, Dov, Milt, Ray y yo y varios amigos estudiantes que habían venido conmigo, nos dirigimos de vuelta al edificio de la Sojnut, justo a tiempo para ver un rayo de belleza tibia aparecer en el horizonte y sonreirnos buenos días. Nos miramos, nos juntamos, pasamos el brazo sobre los hombros helados de los demás y sentimos la emoción de experimentar una maravilla histórica, la mañana deseándole Shalom [Hola] al Estado Judío.



Nuestro grupo consistía de como catorce hombres y unas pocas chicas, de casi el mismo número de países. Caminamos cantando hasta el cuarto de Morty, no muy lejos, donde encontramos al dueño del edificio tan eufórico que no sabía qué hacer para nosotros primero. Siempre la persona práctica, sugerí comida y preparó sandwiches, fruta y café mientras tomábamos otro "Lejaim" [brindis] más. Dejando la casa nos encontramos con cantidades de muchedumbres mañaneras, algunos restos de la noche anterior, algunos recién salidos de la cama, besándose y abrazándose y gritando "Mazal Tov". Mientras doblábamos la esquina hacia la calle Keren Kayemet, donde está la Sojnut, vino el sumbido de las motocicletas, camiones, autos y los niños, ahora despiertos, y retomaron la alegría donde la habíamos dejado. Se formaron desfiles espontáneos, guiados por un portador de estandarte y una par de soldados británicos borrachos - esta vez, gracias al cielo, desarmados.



El sol se estaba haciendo más y más cálido, un día glorioso. El fin de noviembre y setenta y cinco grados Farenheit de sol calientacorazones estaba cayendo sobre una ciudad feliz. Los corresponsales extranjeros y los hombres de Pathe estaban trabajando fotografiando los tanques británicos que de pronto se habían convertido en transportes voladores para cualquiera que pudiera trepar a bordo, cantar, gritar y sacudir una bandera. Nos juntamos con el gentío, yendo desde una punta de la calle King George y la calle Jaffa a la otra, encontrándonos con amigos, y fraternizando con los soldados ingleses que estaban tan contentos como nosotros sobre el fin de la tensión y los malos sentimientos entre nosotros. Todo lo que querían era irse a casa. Con cada ronda terminamos en la Sojnut nuevamente, como todo el mundo.



La autora y sus amigos sosteniendo periódicos del 30 de noviembre de 1947 anunciando "Se aprobó el Estado Judío". Foto Ray Noam.



El rumor era que Ben-Gurión había llegado recién desde Tel Aviv y haría una aparición personal. Y así fue, ahí estaba, parado en el balcón del edificio de la Sojnut. Miró lenta y solemnemente alrededor - a las azoteas llenas de gente, a las multitudes que estaban paradas solidamente en el patio bajo suyo. Levantó su mano: un silencio absoluto esperó sus palabras. "Ashreynu she zajinu la yom ha ze." [Benditos somos que hemos sido privilegiados de presenciar este día]. Concluyó con "Tji hamediná haivrit," [larga vida al Estado Hebreo - todavía no tenía nombre] y pidió que cantemos Hatikva. Un canto solemne se levantó de todos lados. El momento era demasiado grande para nuestros sentimientos. Había pocos ojos secos y pocas voces firmes. Ben-Gurión hechó hacia atrás su cabeza orgullosamente, tiernamente tocó la bandera que estaba colgada de la verja y cargó el aire con electricidad cuando gritó desafiante, "SOMOS UN PUEBLO LIBRE."



Cómo deseé que ustedes pudieran haber escuchado sus palabras y estado aquí para esta noche memorable y mañana inolvidable. Fue demasiado increíble.



Haciéndome paso al micro para volver a casa para conseguir una cámara de fotos y bañarme, me di cuenta que todos los cafés y las tabernas habían abierto las puertas - tragos a cuenta de la casa. Por todos lados había banderas colgadas y los dueños de negocios habían decorado sus ventanas con fotos de Theodoro Herzl, cuyas palabras habían inspirado y sostenido a los sionistas hasta este día. "Si lo desean, no será un sueño." Ahora que estaba pasando, parecía más que nunca como un sueño. Mi corazón estaba estallando de felicidad.



Más tarde esa noche...



Tomé mi cámara, me cambié de ropa y me junté con mis amigos para volver a la ciudad y a la excitación. Ya se habían publicado anuncios anunciando una reunión masiva en el patio de la Sojnut a las tres de la tarde, y fue un asunto muy impresionante. Ya habíamos oído que había habido incidentes en el camino de Haifa a Jerusalem. El gentío estaba más sobrio y, cuando se les dijo, se dispersaron en forma ordenada y disciplinada, cada cual yendo a su casa y a su propia celebración familiar. Tuvimos la nuestra también, luego un baño caliente y a dormir, tratando de compensar casi cincuenta horas seguidas de delirio.



Su hija que los quiere,

Tzipi.



Post-script: un año después, Tzipora decidió hacer de Israel su casa. Lean sobre eso aquí: Israel - esta es mi casa, 1948.



Post que apareció en Zionism and Israel information center.