domingo, febrero 10, 2008

Enfermedades

Enfermedades


La cuestión es que no se puede nunca entender el antisemitismo racionalmente.

Sí, se pueden entender algunas cosas, lo cual le da al académico la idea errónea de que posee la clave para entenderlo todo.

Por ejemplo, se puede entender el miedo medieval que sostenía que los judíos "envenenaban los pozos" para ayudar a transmitir la Peste Negra explicándolo a través de la función de la propaganda anti-judía de la Iglesia medieval, más el miedo a las enfermedades que no se entendían en una época en la que no existían los microscopios, más el hecho de que los judíos eran vistos como extraños por la cultura mayoritaria.

Pero nunca se puede entender completamente el antisemitismo, porque es irracionalismo.

Por ejemplo, si le explicas a un antisemita el estudio de este mismo académico sobre el prejuicio anti-judío durante la Peste Negra, y como el prejuicio no tenía ninguna base real, aún seguirá pensando que los judíos controlan los medios y conspiran para dominar el mundo. No se efectúa en él ese "click" mental que sucede cuando una persona sana suma dos más dos y entiende que si en la época medieval la gente odiaba a los judíos por razones estúpidas e ignorantes, él podría estar haciendo lo mismo hoy. No. Va a mantenerse firme en su creencia sobre la existencia de una peligrosa conspiración judía y descartará la relación que le has acabado de presentar como si fuera irrelevante. (y eso en el caso en que acepte las conclusiones del estudio y no lo considere un "estudio judío").

Por eso, el antisemitismo es una enfermedad mental, no una creencia política. Es una enfermedad mental que se expresa en forma de creencias políticas. Y eso es lo más lejos que se puede llegar para entenderlo. Contiene un núcleo irracional y no puede ser entendido por medios racionales excepto para decir que los antisemitas son gente enferma.



Respecto al anti-sionismo yo sostengo lo mismo, que es una enfermedad, salvo en el caso de los directamente afectados, los palestinos. No me refiero a los no-sionistas. Esos no están enfermos. Ellos no se preocupan de lo que sucede en este rinconcito de la tierra, así como yo no vivo haciendo cuentas para calcular el relativo "derecho a la existencia" de El Salvador, Lituania o Burkina Faso. No, el tema no son los no-sionistas sino los anti-sionistas. Hay gente que dedica su vida a buscar y coleccionar "citas" (falsas y verdaderas) de líderes sionistas para usarlas como evidencia de que cierto específico Estado debe dejar de existir. Llenan sus "favoritos" en el navegador con links a estadísticas, declaraciones, hechos, investigaciones, falsas y verdaderas que, esperan, les permitirán destruir a Israel, probando que es un Estado cualitativamente peor que el resto de los Estados del mundo, e irredimible salvo por la espada. Lo hacen encima no por amor a los palestinos - muchos de éllos no se han cruzado con uno en su vida - sino para éllos mismos, para sentirse mejor. Eso es una enfermedad.



Consideremos la siguiente historia:



Un hombre, llamémoslo Tal, estaba casado con una mujer, llamémosla Miriam. Miriam deja a Tal por otro hombre, llamémoslo Avi. Tal no puede aceptar esto. Se vuelve loco, se pone obsesivo. Comienza a coleccionar cuanto dato caiga en sus manos que pruebe que Avi es particularmente malvado, esperando que eso haga que Miriam vuelva a él. Cuando no consigue cierto dato, lo inventa. Lo hace tantas veces que comienza a creerse sus propias mentiras. Vive su vida obsesionado con la idea de destruir a Avi, quien se quedó con Miriam. Considera que sus propios hijos hubieran tenido un mejor pasar si Miriam hubiera permanecido con él, en lugar de ir con Avi, por lo tanto le inculca a sus hijos el mismo odio feroz contra Avi. Quizás algún día sus hijos o sus nietos consideren que Tal estaba un poco enfermo en transmitirles este odio personal, pero yo puedo entender a Tal. Tal sufrió mucho y ha idealizado a Miriam. Tal es un palestino. Yo puedo entenderlo.



Ahora veamos a Nimrod. Nimrod, un joven cualquiera, escucha en un pub la historia de Tal. Se vuelve tan loco como él. Se obsesiona con Miriam y con Avi. Ahora es Nimrod quien busca en los archivos o inventa datos para hundir a Avi. Lo que más desea Nimrod en la vida es que Avi se muera. Nimrod se acuerda a veces de Tal, o cree acordarse, ya que es posible que la historia de Tal se la haya contado otra persona y a Tal mismo él nunca lo haya conocido, pero lo que verdaderamente lo obsesiona es Avi. Avi el ladrón. Avi la porquería. Avi esa serpiente resbalosa. Nimrod cuida de su odio como si fuera su propio hijo. A Nimrod... yo no puedo entenderlo. Nimrod es un ser patético, sin vida propia. Se siente alguien sólo cuando se apropia parasíticamente del odio de Tal. Nimrod está enfermo. Enfermo. Nimrod es un anti-sionista.



Nimrod es ese que va a las marchas para pedir que Israel sea destruido, ese que te "cita" lo que Vladimir Jabotinsky dijo a los 17 años para demostrar que el sionismo es racismo, ese que considera que la existencia misma de Israel es una mancha en la historia universal. El anti-sionista, ese que le dedica tiempo a cultivar cuidadosamente su odio, está tan enfermo como el antisemita. Y termina en lo mismo, demonizando la mayor obra colectiva del pueblo judío de los tiempos modernos, el Estado de Israel. Así como el antisemita se deleita en demonizar las mayores obras colectivas del pueblo judío en los tiempos antiguos: el Talmud, el yiddish, el hebreo, los ritos sagrados en la sinagoga, la sabiduría rabínica y a veces, hasta la misma Biblia. Antisemita y antisionista, dos personas muy enfermas. Es todo lo que se puede decir.