sábado, febrero 16, 2008

Pro y anti

¿Saben lo que yo deseo? Yo quiero dejar de ser pro-israel. Sí. Yo quiero ser simplemente israelí. Así como nunca me podría sentir cómodo siendo pro-argentino. Mi deseo es ser simplemente argentino e israelí. Lo otro me cansa y me molesta. Así como combatir el antisemitismo lleva un tiempo que nosotros podríamos dedicar a cosas más productivas, y sin embargo es necesario. ¿Qué más querríamos que no tener que hablar de antisemitismo nunca más? Si hay algo que me gustaría discutir sería cómo llegar a la paz o qué banda israelí es la mejor, si Shotei Hanebuá o Mashina.
Pero mientras haya gente que sea anti-Israel, yo voy a ser pro-Israel. Tome el tiempo que tome y cueste lo que cueste. Hasta que ya no haya más necesidad.



Esta es una reflexión a partir de unos párrafos que leí en el libro de Kanan Makiya que comenté el otro día y terminé hace poco. Makiya escribe (p. 236-237):

...Lo que ha pasado ahora es que la identidad misma de la persona se ha construido en una forma totalmente negativa: él es quien es por razón de a quién odia, no por razón de a quién ama o se solidariza.



Otra forma de construir la identidad propia, mirando hacia adentro con auto-crítica, más que hacia afuera, no ha sido explorada por la intelligentsia árabe como una forma de hacer frente a la crisis de su mundo luego de 1967 - un mundo que estaba siendo sacudido de una catástrofe a otra por más tiempo de lo que cualquiera de nosotros tenía interés en contemplar. Una gran cantidad de gente ha invertido la mayor parte de sus vidas en construir y defender este paradigma de "rechazo" [Nota: rechazar la existencia de Israel], que ahora se ha transformado en la segunda naturaleza de una nueva generación de árabes como Mazin*. Paradójicamente, por lo tanto, la más grave amenaza que enfrenta la nueva sensibilidad autocrítica proviene de la misma gente que debería estar nutriéndola: esa comunidad de intelectuales árabes y autoproclamados "pro-árabes".



¿Qué es un intelectual "pro-árabe"? ¿Por qué es que no oímos sobre intelectuales "pro-franceses" o "pro-latinoamericanos"? Porque no existen. Borges y Márquez se piensan a sí mismos como escritores que vienen de Argentina y Colombia. Uno los lee o no, en gran parte por lo que escriben o cómo escriben, no por de dónde vienen o las posturas que sostienen. Luego hay especialistas en las obras de tales escritores, que están interesados en buscar las conexiones y las preocupaciones comunes, pero que nunca se imaginarían a sí mismos como "pro" o "anti" América Latina. Este no es el caso con los escritores de o sobre el Medio Oriente, quienes demasiado frecuentemente se proyectan a sí mismos y a sus obras como "árabes", "palestinas" o "pro-árabes" en la connotación políticamente cargada de estas etiquetas. Como un viejo amigo palestino mío, que está constantemente teniendo que viajar de conferencia en conferencia, una vez lo dijo: "Me he transformado en un palestino profesional." El estaba al tanto del problema; la mayor parte de los escritores árabes y "pro-árabes" no. Lo divertido es que "ser un palestino" o ser un vocero "pro" o "anti" árabe es una estrategia efectiva para llamar la atención a uno mismo o a la causa de uno, y es lo más efectivo en los Estados Unidos.



La misma existencia de tales etiquetas es un signo de cuán degradado el clima de debate intelectual sobre el Medio Oriente se ha hecho tanto en el mundo árabe como en occidente. Piensen en la atmósfera envenenada dentro de algunos departamentos de Estudios de Medio Oriente en las universidades, especialmente en los Estados Unidos, donde el conflicto árabe-israelí demasiado frecuentemente se vuelve a representar en la forma más mezquina de todas. Clubes semi-profesionales y redes informales de cliques "pro-árabes" y "pro-Israel" han surgido incluso - o especialmente - en la vida académica, cada cual de ellas adora en un santuario particular y tiene sus taboos infantiles. Estas islas de aburrimiento por su previsibilidad crean estereotipos mucho más efectivamente que los medios de comunicación occidentales, quienes, en el peor de los casos, simplemente los repiten.


Veo sin embargo que mi necesidad de ser pro-israelí es positiva. No está basada en un rechazo, en la negación, sino al contrario, en la afirmación del derecho tanto de judíos como de árabes a su propia patria. Por eso, estoy convencido que vamos a vencer a aquellos que dicen no. Porque nosotros no los excluímos del resultado final.



* Esta fue la conversación de Ahmad con Mazin, relatada en el libro de Makiya (p.236):

Mazin se refirió a Saddam como el único "hombre verdadero" en el mundo árabe por hacerle frente a Occidente. Ahmad quería saber qué había conseguido ese hacer frente. "Nada, pero le probó a Occidente que nosotros los árabes somos naciones para tener en cuenta." Tampoco Mazin admitiría que la invasión de Kuwait había sido un error. Ahmad recuerda la conversación:



Empezó la guerra demasiado pronto, debería haber conseguido la bomba primero.



¿Así que en lugar de cientos de miles de muertos, hubieramos tenido algunos millones?



Pero entonces podríamos haberle hecho frente a Israel.



La única manera de hacerle frente a Israel es darse la mano.



¡Pero eso es traición!



Traición es matar a tu propia gente, arrastrarlos a través de una guerra larga y sangrienta [Nota: se refiere a la guerra Iran-Irak] y entonces decirles que deben retomar Kuwait.



Bueno, vos sos un kurdo, vos no lo querés de todas maneras.