sábado, enero 05, 2008

Power and the idealists - El poder y los idealistas

Hace unos días, entre pañales y medianoche, terminé de leer el ensayo de Paul Berman "Power and the Idealists" (Poder y los idealistas) del año 2005. Berman analiza la evolución de la generación de los radicales del 68 (él mismo fue uno de ellos) a través del tiempo y a la luz de las experiencias que la "Nueva Izquierda" (para diferenciarla de la Vieja Izquierda ortodoxa marxista) vivió. Hay algunos personajes centrales en la historia: Joschka Fischer, que pasó de golpear y tirar bombas molotov contra policías a ser el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania y quien aprobó la intervención de la OTAN en Kosovo. Daniel Cohn-Bendit, "Danny el Rojo", símbolo de Mayo 1968 y hoy diputado por los verdes en el Parlamento Europeo. Bernard Kouchner, amigo de Cohn-Bendit, quien fundó Médicos sin Fronteras, y otros más.



Berman traza la línea de debates y experiencias que hicieron que la sección más inteligente de la Nueva Izquierda abandonara el radicalismo destructivo y abrazara la democracia liberal (políticamente liberal, no confundir con los neoliberales económicos). Recomiendo el libro, aún cuando el ensayo anterior de Berman, "Terror y liberalismo" me gustó más. Aquí les traduzco unos párrafos del libro. Berman acaba de escribir que se había abierto una brecha entre los radicales del 68 dispuestos a utilizar métodos terroristas -pensemos por ejemplo en la pandilla alemana Baader-Meinhof o las Brigadas Rojas italianas y los radicales que, sin necesariamente cuestionar en voz alta la legitimidad de tales métodos, descartaron esa opción. La ola de protestas radicales masivas había comenzado a retroceder en los años setentas gracias a dos hechos: Estados Unidos se estaba retirando de Vietnam y los comunistas vencedores habían realizado un genocidio en Camboya, el cual horrorizó y fue rechazado por todo el mundo que no había ingresado en el terrorismo, salvo a uno de ellos, Noam Chomsky, quien se ocupó de negar que hubiera habido tal genocidio (y hasta el día de hoy no se ha retractado).

La perspectiva completa del anti-sionismo parecía adaptarse al punto de vista de izquierda, no sólo en Alemania. Por otro lado, una simpatía teórica por la causa palestina puso a la Nueva Izquierda europea en contacto con guerrillas palestinas reales, que, se podría pensar, habría transformado las nuevas simpatías en ciernes en sentimientos de amor y hermandad - una fraternidad internacional de revolucionarios. Pero la fraternidad era difícil de conseguir. Los militantes palestinos, una vez que se hicieron conocidos, dejaron de ser exóticos. Y, cuando los izquierdistas europeos miraron de más cerca, el instintivo anti-sionismo de la Nueva Izquierda - la interpretación que pintaba a los heroicos luchadores de la resistencia palestina combatiendo a los sionistas-nazis hábilmente disfrazados - comenzó a desintegrarse.



Esta era la historia detrás de la increíble evolución del amigo de Fischer, Hans-Joachim Klein, el terrorista arrepentido. Klein se había juntado con las Células Revolucionarias en Alemania y se había unido a Carlos el Chacal creyendo que iba a poner sus habilidades mecánicas a buen uso en una organización militar de izquierda, luchando contra el nazismo en sus disfraces modernos. Las Células Revolucionarias lo mandaron para su entrenamiento militar a un país árabe. En su entrevista sobre este tema con Cohn-Bendit en los años 1980s, Klein no especificó qué país, pero donde quiera que fuese, el lugar no le sentó bien. Se encontró en una zona de entrenamiento militar donde, en una parte del campo, izquierdistas europeos cantando canciones de izquierda recibían su entrenamiento militar anti-sionista, y, en otra parte, fascistas europeos cantando canciones fascistas recibían su propio entrenamiento militar anti-sionista.



El movimiento palestino resultó no ser en lo absoluto una causa anti-fascista o anti-nazi. Resultó ser una causa anti-judía. Klein estaba horrorizado. Su madre había estado prisionera por un tiempo en Ravensbruck, el campo nazi, y murió más tarde a causa de sus sufrimientos allí, cuando él era todavía un niño pequeño. En su adultez, comenzó a imaginar, o quizás a fantasear, que ella había sido judía -una fantasía que no es rara entre los alemanes modernos. Por eso fue que abandonó las Células Revolucionarias y luego fue aún más lejos y acusó a sus viejos camaradas entre las guerrillas alemanas no sólo de haber traicionado al ideal revolucionario, sino de ser antisemitas abiertos. Esa era una acusación shockeante. Klein estaba preocupado por algo más en el campo militar palestino, también, y esto era el culto del suicidio - un fenómeno extraño que él fue de los primeros en notar, allá en los años setentas. [...]



Así que Izquierda Proletaria, en su ambivalencia spontex (espontánea), vaciló en el camino al terrorismo. Fue sólo en 1972, una fecha tardía para los estándares de la Nueva Izquierda, que los Maos franceses finalmente llevaron a cabo su deber revolucionario y secuestraron a un director asistente de personal de la compañía Renault. Lo hicieron bajo la rúbrica de la Resistencia del Pueblo Nuevo, cuyo mismo nombre levantaba el viejo y venerable estandarte del anti-nazismo. El secuestro fue desganado, sin embargo, y después de un tiempo la Resistencia del Pueblo Nuevo dejó ir a su víctima, sin haber recibido ni un sólo peso de rescate.



Medio año pasó, y para ese entonces el grupo de la OLP Septiembre Negro, con la ayuda prestada por las Células Revolucionarias, había lanzado su ataque en los juegos olímpicos de Munich. Una buena porción de gente en la izquierda radical aplaudió. Ulrike Meinhof estaba encantada. Pero los líderes de Izquierda Proletaria en Francia, habiéndose acobardado ante su propia violencia, se estremecieron frente a la violencia palestina también. La verdad tan obvia que una acción terrorista significa el asesinato de gente al azar por objetivos políticos de repente se hizo, para éllos obvia. Y los Maos franceses, exactamente como Klein, se alejaron horrorizados - no sólo de los asesinatos en Munich y de la estrategia general del terrorismo palestino, sino también de sus propias intenciones de lanzar campañas similares en su país.



Joschka Fischer pasó por una versión del mismo shock. El reconocimiento le llegó en julio de 1976, siete meses después de que su amigo Klein haya jugado su parte en el asalto en Viena y poco después del suicidio (a menos que haya sido un asesinato) de Ulrike Meinhof. Las Células Revolucionarias, actuando en nombre de un número de terroristas palestinos en prisión, secuestraron un avión de Air France, lo llevaron a Entebbe en Uganda, y comenzaron a realizar una "selección" de pasajeros, judíos de un lado, no-judíos de otro, con los judíos destinados a ser ejecutados. En esa situación, una unidad del ejército israelí, bajo el comando del joven Ehud Barak, realizó un raid espectacular y consiguió rescatar a todos menos uno de los rehenes, aunque un soldado israelí fue muerto. El soldado resultó ser Jonathan Netanyahu, cuyo hermano Benjamín fue, como Barak, entonces propelido a la carrera política. Una gran parte de la política israelí le debe algo a los eventos en Entebbe.



Lo mismo resultó cierto de la política alemana. Los terroristas alemanes fueron muertos por los comandos israelíes, y sólo después de sus muertes la Nueva Izquierda alemana descubrió quiénes eran esas personas. Fue una revelación. El líder terrorista resultó ser un hombre llamado Wilfried Bose, quien era muy conocido y admirado en la izquierda de Frankfurt - un actor dramático que solía actuar como el malvado capitalista en eventos teatrales callejeros, fundador de varias instituciones de izquierda, y un miembro prominente del comité de solidaridad con las Panteras Negras de Frankfurt. Fischer conocía a Bose. Ahora era su propia ocasión para estar pasmado.



De golpe las implicaciones del anti-sionismo lo golpearon de cerca. ¿Qué significaba que, allá en Argelia en 1969, la OLP, con el joven Fischer presente, había votado la extinción de la entidad sionista? Ahora sabía lo que significaba. Fischer parece que nunca se ha podido recuperar del shock de Entebbe. Incluso en las primeras semanas de 2001, en lo más alto del escándalo provocado por las fotografías en Stern, la memoria del secuestro de Air France, lo perseguía. Habló con un periodista de la misma revista y citó el secuestro y especialmente la "selección" de los judíos como parte de su Desillusionierung con la izquierda violenta. En su rol como ministro de relaciones exterioes de Alemania, resultó estar en Israel unos pocos meses después, en el preciso momento en que un terrorista voló una disco de Tel Aviv. Estaba lo suficientemente cerca como para escuchar el estallido. Y fue Fischer, más que cualquier otro canciller o líder religioso o figura mundial de cualquier tipo, quien tomo a su cargo confrontar a Arafat en persona - Fischer quien (así fue reportado) reprendió a Arafat ferozmente e incluso lo forzó a declarar algún tipo de cese de fuego. El anterior militante por la OLP, ahora militante contra el terror palestino.



Entebbe tuvo tal efecto en una gran porción de los Nuevo Izquierdistas de Alemania Occidental. Una nueva sospecha estaba abriéndose paso en esa gente - un poco tardíamente, podría uno quejarse (y en verdad, algunos de los Nuevos Izquierdistas de alemania habían estado hablando sobre el antisemitismo de izquierda hace rato). Era una sospecha preocupante de que la actividad guerrillera de la Nueva Izquierda, especialmente en su versión alemana, no era la lucha contra el nazismo que todos en la Nueva Izquierda habían querido siempre. Era una sospecha de que, a partir de cierta horrible dialéctica de la historia, un número substancial de izquierdistas alemanes habían terminado imitando en lugar de oponiéndose a los nazis - habían terminado intoxicándose con sueños de un mejor mundo por venir, mientras no hacían más que salir a asesinar judíos al azar: una historia antigua.



Las acciones terroristas en Munich en 1972 y en Entebbe en 1976 no fueron los únicos ejemplos, tampoco. Klein anunció su rechazo del terrorismo en 1977 haciendo el gesto sensacional de enviar a Der Spiegel una carta conteniendo su propia pistola del ataque en Viena y anunciando que los terroristas estaban planeando asesinar a los líderes de las comunidades judías de Berlin y Frankfurt. Y eso no era una amenaza en vano. Carlos en persona, pistola en mano, tocó el timbre del heredero de Marks & Spencer en Londres y le disparó al hombre a sangre fría, méramente por el crimen, como Klein reportó, de ser judío. (La bala chocó contra sus dientes y fue ligéramente desviada, lo que le permitió sobrevivir.) Estaba la idea insana de asesinar a músicos judíos famosos como Artur Rubinstein y Yehudi Menuhim. El descubrimiento de que algunas personas en las brigadas terroristas habían realmente descendido a tales ideas resultó ser un golpe severo contra los no-terroristas cabezas-embrolladas de la Nueva Izquierda Alemana.