martes, diciembre 04, 2007

What's Left? - ¿Qué es izquierda?

Acabo de terminar de leer un libro buenísimo!
"What's Left? How the Left Lost its Way" de Nick Cohen.



Cohen, un periodista de izquierda liberal e internacionalista horrorizado por el estado de la izquierda contemporánea, ha escrito un libro imprescindible, un estudio forense de la transformación de la izquierda solidaria y preocupada por los Derechos Humanos, en la izquierda consumista, apaciguadora de dictadores, relativista y llena de miedo actual. Les recomiendo que lo compren y lo lean. El título, por supuesto, hace un juego intraducible de palabras: "What's left?" significa tanto "¿Qué es la izquierda?" como "¿Qué es lo que queda?". Les presento una traducción de una sección del post scriptum del libro, para discutir.




Socialismo para compradores: el surgimiento del izquierdismo del consumidor



Es difícil definir lo que significa ser de izquierda en el siglo veintiuno. Generalmente, la gente que dice que es de izquierda prefiere altas tasas de impuestos y la provisión de servicios públicos a cargo de monopolios del estado, y son desconfiados de corporaciones privadas y mercados financieros. Sin embargo, cuando sus políticos social-demócratas toman el poder, generalmente se vuelven al mercado para buscar soluciones para los problemas prácticos de manejar sociedades modernas. Reconocen que el socialismo en sus formas extremas y moderadas se ha ido. Los partidos de la izquierda en el mundo democrático en todas partes son cautelosos y flexibles, y ya no pueden inspirar entusiasmo por el control del estado porque ya no creen en él - y tampoco lo hacen la mayor parte de sus partidarios cuando son honestos con sí mismos. Los autores políticos han discutido largamente la muerte del socialismo y el triunfo del liberalismo de mercado, pero pocos han notado una consecuencia mórbida.



En el siglo veinte, muchos en la izquierda estaban dispuestos a apoyar o minimizar los crímenes de los comunistas. Condenar la dictadura de Pinochet en Chile, digamos, pero ignorar las víctimas de la Unión Soviética y sus estados satélites era un doble estándar característico. Reclamar que Occidente destruyera sus armas nucleares mientras se insinuaba que el arsenal soviético era púramente defensivo era otro. De una manera inusualmente mal definida, no creían que el comunismo estaba completamente podrido y que la retórica progresista en la propaganda comunista eran puras mentiras. Con algunas excepciones que discutimos, sin embargo, estaban resueltos en su oposición a la tradición fascista.



En el siglo veintiuno, con el socialismo desaparecido, la principal amenaza al status quo proviene de los islamistas cuyas actitudes hacia las mujeres, judíos, homosexuales y el pensamiento libre ni siquiera pretenden ser progresistas. De hecho, en Irán, Afganistán, la Franja de Gaza y en todo otro lugar donde toman el poder, persiguen a los izquierdistas. Y aún así gente que se llama a sí misma de izquierda no consiguen oponérseles.



Los de extrema izquierda van más allá y son abiertos en su apoyo a los jihadistas. Las apologías de algunos liberales son tan exhaustivas que deben también apoyar al Islam radical en sus corazones. Los de la extrema izquierda deben encaminarse hacia la extrema derecha porque simplemente no hay para ellos otro lugar a donde ir ahora que las guerrillas revolucionarias y los regímenes comunistas del siglo veinte son historia. Amor por la violencia y odio contra sus propias sociedades - bien merecido o no - los guía a concluir que cualquier asesino de norteamericanos es mejor que ninguno.



Para explicar el colapso catastrófico de sus esperanzas tienen que revivir la teoría conspirativa de la falsa conciencia, la cual ha estado presente en el pensamiento socialista desde las primeras derrotas al comienzo del siglo veinte, y darle a esta una prominencia extraordinaria. Sostienen que las masas rechazaron a la izquierda porque corporaciones mediáticas lavadoras de cerebros "manufacturaron consenso" para la globalización. La democracia es una farsa, los partidos políticos son todo lo mismo y los Derechos Humanos no tienen sentido. Lo que los tontos llaman libertad es una cortina de humo para ocultar las maquinaciones de los verdaderos amos del mundo. La teoría de la falsa conciencia está muy cerca de la teoría conspirativa antisemita del nazismo clásico. De hecho, sus adherentes muchas veces se vuelcan del lado de la teoría conspiracionista antisemita del nazismo clásico.



Estos pueden parecer fenómenos marginales pero la nueva ideología que surgió en oscuras, casi ignotas esquinas de la izquierda se ajustaba bien a la sociedad consumista. Porque ya no había ningún programa político de izquierda coherente, la gente menos pensada podía afectar una postura izquierdoza (leftish).



Si yo fuera un socialista escribiendo hace cincuenta años, tu me hubieras leído y te encontrarías de acuerdo con una propuesta que yo estaría haciendo. Pero porque yo creía en el socialismo, debía haber interrumpido y dicho que yo también quería la nacionalización de las ramas dominantes de la economía, tasación penal, más derechos para los sindicatos y el control obrero. Si no tú, entonces otros lectors se habrían echado atrás en ese momento, murmurando que mis ideas llevarían al desastre. Los izquierdistas modernos no tienen que correr el riesgo de alienar a los lectores con propuestas que podrían ser inconfortables. Ellos ráramente tienen propuestas para un nuevo ordenamiento de la sociedad. Están meramente contra Occidente en general o Estados Unidos en particular, ambos que, Dios sabe, proveen muchas razones para oponerse. El colapso en la ideología también explica la incapacidad generalizada para apoyar a feministas, demócratas e izquierdistas en el mundo pobre. Si no tienes un programa positivo tu mismo, ¿cómo puedes ver a extraños como camaradas que deben ser apoyados? Estas traiciones pueden ser escandalosas pero resuenan con la psicología del consumismo. Los compradores tienen poco tiempo para uno de los grises panfletos efímeros de Auden y reuniones aburridas. Son fóbicos al compromiso, sin apetito para el trabajo duro y el largo tirón.



Incluso teorías conspirativas izquierdozas ya no parecen tan absurdas como una vez lo hacían. En la era de la globalización, la guente que es próspera y libre puede aún sentir que vastos poderes más allá del control democrático manejan el mundo.



El resultado es que casi cualquiera puede asumir una postura izquierdoza hoy en día. Cuando voy a las casas de la gente más rica que conozco, veo a Noam Chomsky y a Michael Moore en sus estantes y pienso, "¿Por qué me sorprendo? Por supuesto que los leen. La izquierda ya no es una amenaza para ellos. Ser izquierdista no tiene ningún costo."


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Update: Miren, justo de casualidad, acaba de salir el post scriptum entero de Nick Cohen en inglés en la revista online Democratiya. Disfrútenlo!