jueves, octubre 11, 2007

Guivat HaTajmoshet - Ammunition Hill - La Colina de la Munición


El otro día, salí de la Universidad Hebrea, en Monte Scopus con la intención de acercarme al lugar donde se puede ayudar a buscar entre la pila de escombros que sacó la Waqf del Monte del Templo, restos arqueológicos. Creo que queda al pie del monte Augusta Victoria, pero no enganché bien y no tenía un mapa, y me metí un poco en Jerusalén Oriental. Pegué media vuelta antes de que se ponga fulero y volví para la avenida principal norte-sur por otro lugar. Mi idea era doblar al sur para ir a trabajar a Talpiot Este, pero no se podía doblar a la izquierda y tuve que seguir de largo. De pronto me encontré frente a Guivat HaTajmoshet (Colina de la Munición o Ammunition Hill - el nombre proviene de cuando en la Primera Guerra Mundial, el General inglés Allenby guardó las municiones allí).



En Guivat Hatajmoshet hay ahora un museo, que recuerda las batallas por Jerusalén y en especial la sangrienta batalla que tuvo lugar allí en 1967 por el control de esa fortificación jordana que controlaba el paso desde Jerusalén Occidental a Monte Scopus. Iba con tiempo, así que estacioné y entré al museo.



Pasaron una película, pero la calidad era malísima, prácticamente no se podía ver nada de lo oscura que era.

La película contenía una canción sobre Guivat HaTajmoshet que encontré que se puede escuchar entera online en esta página (simplemente dejar que cargue la página y la canción empieza sola, si no anda, por lo menos se puede escuchar una parte haciendo click en el parlantito en la canción nº 11 גבעת התחמושת). Traduzco parte de la letra aquí abajo...



Bajamos a las trincheras,

dentro de los pozos y los canales

y a la muerte en las zanjas

de la Colina de la Munición.



Y nadie preguntó nada

Los que fueron primero, cayeron

Mucha suerte se necesitaba

en la Colina de la Munición.



Quien caía era llevado hacia atrás

para que no bloqueara el paso

hasta que el siguiente en la fila caía

en la Colina de la Munición.



Quizás fuimos leones

pero el que aún deseaba vivir

no debería haber estado

en la Colina de la Munición.



Rodeando la colina todavía se pueden recorrer las trincheras en las cuales se peleó y se ven los bunkers jordanos, con las aberturas para disparar. El historiador Michael B. Oren dice en su libro "Six Days of War / Seis días de Guerra" que la batalla por la Colina de la Munición fue de las más sangrientas de la historia árabe/israelí.



En el centro de la colina, medio enterrado, está el museo. No pude quedarme demasiado tiempo, pero contiene las historias de vida de los 183 soldados que perdieron la vida allí y en las otras batallas de 1967 por Jerusalén. Hay preparado también un espacio para conmemorar las historias de los soldados jordanos, los cuales pelearon también con heroísmo por Guivat HaTajmoshet.



Sin embargo, una de las cosas que más valen la pena ver en el museo, son las fotos de Jerusalén cuando estaba dividida, y la comparación entre el antes y el después. Para contarle a la gente que no sabe: de 1948 a 1967 una zona de nadie, bordeada de alambre de puas y repleta de los escombros de casas abandonadas, cruzaba Jerusalén de norte a sur. En algunos lugares era más ancha y en otras más angosta. En algunos lugares se habían levantado muros y en otros no, y carteles en la calle advertían a los habitantes judíos de Jerusalén que debían circular pegados a la pared, porque había francotiradores apostados en las murallas de Jerusalén y se divertían matando civiles.



El museo tiene fotos increíbles tomadas desde Jerusalén occidental, en donde se ve la Ciudad Vieja a la distancia, tras el alambre de púas, las minas, y los barrios abandonados y en ruinas. No había llevado mi cámara, así que no pude sacarle fotos a esas fotos que no se consiguen online. No importa, ya voy a volver.



Hay fotos también de tractores tirando abajo los muros para unir Jerusalén. Cuando después de la guerra, la zona de nadie se comenzó a limpiar, se encontraron allí más de 1000 pelotas de fútbol perdidas, de los chicos que sin querer las patearon hacia allí y nunca las pudieron recuperar...