viernes, septiembre 14, 2007

Culpa mal dirigida

Ando leyendo un libro excelente que recomiendo. Lo escribió Stephanie Gutmann y fue publicado en el año 2005 con el título "The Other War. Israelis, Palestinians and the Struggle for Media Supremacy" (La otra guerra. Israelíes, palestinos y la lucha por la supremacía mediática). El libro (voy por la mitad) contiene innumerables ejemplos de innegable tendenciosidad hacia el lado palestino de parte de los periodistas extranjeros que vienen a cubrir el conflicto. Cada uno que leo, me gustaría compartirlo con ustedes, pero tengo que elegir sólo uno. Vean (p. 113 a 115):

Pronto me encontré hablando con Jean Pierre Martin, un productor de televisión basado en Bruselas que trabajaba para una cadena europea llamada RTL TV1. Antes de comenzar su historia, Martin me habló enfáticamente de su profundo aprecio por el pueblo palestino.



El 4 de octubre de 2000, más o menos a la semana del comienzo de esta nueva intifada, él había estado camino a Ramalla con su equipo para trabajar en un artículo de estilo documental que había comenzado sobre las vidas de palestinos comunes -es decir, no combatientes. Estaban en un control donde había un montón de niños pululando cuando cuatro jóvenes paran allí en una camioneta azul y comienzan a ladrar órdenes a los niños. Los niños comenzaron a tirar piedras contra la caseta de guardia israelí y al cabo de un tiempo los hombres sacaron cockteles Molotov de su auto y comenzaron a repartirlos. (Los niños del lugar luego le dijeron a Martin que los hombres eran del Fataj, una facción controlada por Yasser Arafat.) Otros equipos estaban allí, pero aparentemente no vieron lo que pasaba o no lo consideraron digno de las noticias, porque Martin fue el único productor que le dijo a su gente que comenzara a filmar la escena.



Luego de unos pocos segundos, uno de los jóvenes vio que Martin los estaba filmando a ellos (no sólo a los pequeños niños) y caminó hacia él; algunos segundos después de eso, toda la gente en la escena, incluyendo a los niños tira-piedras, rodearon al equipo. Los hombres tomaron la cámara de las manos del cameraman y desaparecieron con ella. Mientras tanto, el gentío de jóvenes comenzó a olear alrededor de ellos, tratando de pegarles. Un jóven consiguió poner sus manos alrededor del cuello de Martin y comenzó a asfixiarlo. Un cameraman palestino que había estado en el lugar trabajando para una compañía norteamericana vino a ayudarlos. Hablándole al gentío, el cameraman palestino consiguió calmar "esta situación tan nerviosa" y conseguir que la masa se retirara. No habían salido de peligro, sin embargo. Los jóvenes pusieron a Martin y a su equipo en su auto y condujeron al cuartel de policía central de la Autoridad Palestina. Los hombres que los habían atrapado se esfumaron dentro de la caseta de la policía y Martin fue dejado afuera con un guardia.



Fue una de las experiencias que más miedo le dio en su vida, dijo Martin. Estaba parado bajo el sol ardiente fuera de la caseta de policía bajo la mirada de un guardia armado mientras su destino, o por lo menos el destino de su equipamiento costoso, era decidido en un lenguaje que él no podía entender. A los hombres y mujeres palestinos que se considera que colaboraban con Israel -"aportando inteligencia" es la acusación habitual - generalmente se les da una ejecución sumaria y muy pública en el Margen Occidental. No hay incidentes conocidos de ejecuciones de extranjeros, pero eso era poco consuelo para Martin en ese momento.



Comenzó a apretar números en su celular y llamar a gente que él conocía de todo el mundo, cualquiera que hablara árabe, virtualmente cualquiera que él podía pensar que sería capaz de intervenir, para hablar bien de él, para decirle a la policía que él y su equipo de gente no eran espías de los israelíes.



Afortunadamente, el cameraman palestino que los había salvado antes llegó a la estación de policía. Otra vez comenzó a negociar por ellos y finalmente pareció llegarse a un arreglo. Los árabes indicaron que debía borrar la cinta e irse con su equipamiento intacto. En ese momento, Martin y compañía estaban muy felices de cumplir con este trato. Sin embargo, en su columna esa noche, Martin hizo algo muy raro y valiente. Abrió con una pantalla negra - "Esto es lo que hubieran visto si aún tuvieramos la cinta...," y entonces contó como fue que la cinta había sido borrada.



El incidente no afectó el interés de Martin en contarle más al mundo sobre la vida de los civiles palestinos, así que volvió como dos semanas después para continuar su trabajo en el documental. Sin embargo, apenas él y su gente pasaron a través del puesto de control de Qalandia antes de entrar a Ramalla, notaron que un jeep blanco los seguía. El personal de la ONU viaja por todos lados en jeeps blancos, como así muchos equipos de televisión, pero esta camioneta no tenía escrito UN o PRESS en grandes letras negras al costado. El vehículo los siguió hasta el lugar de filmación y cuando el equipo de filmación estacionó, los hombres en la camioneta estacionaron junto a éllos. Esta vez los hombres (que Martin cree que eran de los servicios de inteligencia de la Autoridad palestina) no esperaron a que comenzaran a filmar; fueron hacia éllos y comenzaron a registrar su vehículo; otra vez sacaron film de la cámara y lo borraron y destrozaron una de las cámaras fijas que pertenecía al equipo. Entonces le dijeron a Martin que se fuera, y para estar seguros de que lo hacía, lo siguieron de vuelta hasta el puesto de control israelí. Apenas Martin y su gente pararon en el puesto de control, una bala disparada desde el lado palestino les zumbó sobre las cabezas.



Martin reportó lo que había pasado a la Oficina de Prensa del Gobierno Israelí. los funcionarios de la GPO deben haber pasado la historia porque un vocero israelí la contó en una sesión informativa diaria a la prensa. La historia de Martin fue usada nuevamente cuando Israel presentó un memorandum al Comité de Investigación de Sharm el-Sheikh (de la Comisión Mitchell), que había sido convocado por el Presidente Clinton para estudiar las condiciones que impedían una resolución pacífica del conflicto Israelí/Palestino.



Para el momento en que Martin terminó de repetirme la historia, estaba casi que echaba chispas, pero como en el caso Cristiano, su enojo estaba dirigido casi totalmente contra el gobierno israelí, que él decía que lo había puesto en peligro por "explotar" su historia. Era como si Fataj o la inteligencia de la Autoridad Palestina (si esos eran los que eran) no habían tenido ningún rol en sus problemas y como si el gobierno israelí hubiera estado mal en usar su historia como un ejemplo de las dificultades que encontraba en su guerra mediática con la A.P. Porque los israelíes habían difundido su historia, los otros periodistas y los mandamases del Margen Occidental ahora creían que estaba "aliado con el gobierno israelí." "Ellos," dijo con furia sobre el gobierno israelí, "han hecho que sea muy difícil para mí volver."



Era siempre así en mis conversaciones con la gente de prensa en esos meses. Si había algo de enojo era dirigido contra "Israel" o "los israelíes" o el "ejército israelí." La coerción de la Autoridad Palestina, si acaso mencionada, era discutida insípidamente, con indiferencia.*



*was discussed blandly, with a peculiar lack of what the psychologists call "affect."

Guttman también hace notar que los periodistas extranjeros se ponen una keffiye al cuello (pañuelo palestino que es símbolo de solidaridad en su lucha) porque de esa manera los palestinos son mucho más amigables y menos desconfiados. Y así andan los vendidos, como Gustavo Sierra, aparentando ser periodistas objetivos.