domingo, agosto 12, 2007

La parábola de Progre

Había un anciano llamado Pashá (un hombre muy viejo y estúpido que una vez había sido rico pero ahora había caído en desgracia) que era dueño de una propiedad rentada en una calle llamada Calle del Levante. Había una casa en el número 49 que había sido alquilada a un hombre llamado Mohammed que pagaba un pequeño alquiler por ella. También alquilaba los números 47 y 51, las propiedades de al lado.



Un día un hombre llamado Moisés llamó a la residencia de Pashá. Le preguntó si podía alquilar alguna propiedad en la Calle Levante. Hace muchos años sus abuelos habían vivido allí y por razones sentimentales siempre había deseado que la familia allí se re-estableciera. Bien, dijo Pashá, ya que el dinero ofrecido era bueno. Puedes tener la planta baja del número 49 – la familia de Mahoma casi nunca la usa y es mía para alquilarla si quiero.



Cuando Mahoma oyó el nuevo arreglo se horrorizó. Le juró a sus hijos “por todos los medios voy a conseguir que Moisés se vaya de esta casa.”



Cuando Pashá murió y la propiedad pasó a ser la responsabilidad primero de John Bull y luego del Consejo local, la situación empeoró. Eventualmente el Consejo pasó por allí y con una tiza trazó una línea divisoria en la casa del número 49 para aclarar quién tenía qué. Pero aún así Mohammed estaba resuelto a echar a Moisés. Una noche juntó a todos sus hijos y les dijo que iban a bajar por las escaleras para asesinar a Moisés y su familia. Sin embargo, Moisés y su familia tenían otras ideas. Ya estaban planeando rechazar el ataque. Cuando la lucha comenzó Moisés y su familia ganaron. Se quedaron con todo el número 49 para ellos.



Aunque Mohammed aún tenía los números 47 y 51 para que viviera su familia, nunca abandonó el sueño de deshacerse de Moisés y su familia. Trató otra vez 10 años después y luego otra vez al cabo de 10 años. Llegado un momento Moisés tuvo incluso que ocupar el primer piso del número 51 para que Mohammed dejara de tratar de entrar a través de la terraza, pero igual amablemente permitió que el hijo de Mohammed viviera allí.



Un día un hombre, un hombre extraño llamado Progre, tocó la puerta de Mohammed en el número 51. Progre se emocionó hasta las lágrimas al escuchar la situación apremiante de Mohammed y su familia – como Moisés siempre controlaba quién se acercaba a la puerta del frente desde aquel incidente en que la mujer de Moisés había sido asesinada por uno de los amigos de Mohammed. ¡Qué injustificado! lloró Progre. Entonces Progre escuchó como uno de los niños pequeños de Mohammed, no mayor de 6, casi había sido muerto luego de que Mohammed lo había mandado a lanzar piedras contra Moisés en su jardín. ¡El bruto de Moisés le había lanzado una piedra en respuesta!



“Ves – todo lo que queremos es paz, el derecho a retornar al número 49, y parar la agresión de Moisés. Entonces vamos a ser felices.”



Progre concordó con estos nobles sentimientos.



A la salida, Progre reparó en una inscripción en el corredor en una escritura que no le era familiar.



“¿Qué dice?” preguntó.



“Oh, ¿eso? No es nada” replicó Mohammed.



Pero Progre lo presionó para que se lo tradujera.



“Ok. Es muy simple en realidad. Sólo dice que Moisés debe morir.”



Progre hizo de cuenta que no escuchó y se escabulló.



Original de Field en Harrys Place.