lunes, agosto 27, 2007

El antisemitismo de Marx

Traducción de un artículo de W. H. Chaloner y W. O. Henderson titulado "Marx/Engels and Racism" que apareció en la revista Encounter, en Julio de 1975. Las citas no están aquí. El artículo original en inglés se puede bajar de aquí.



Revista Encounter

Julio de 1975



Marx/Engels y el racismo

Por W. H. Chaloner y W. O. Henderson



Mientras que los académicos en Europa hace tiempo conocen que Karl Marx sostenía ideas antisemitas, lo mismo no se puede decir generalmente de sus colegas en Inglaterra y Estados Unidos.



Marx era judío; y mientras crecía en Trier, los judíos aunque no perseguidos, eran tratados como ciudadanos de segunda y excluidos de ciertas profesiones. Ningún judío podía tener un cargo en el ejército prusiano o practicar abogacía. Para continuar como miembro de la profesión legal, el padre de Marx se hizo cristiano y fue bautizado por un capellán luterano del ejército. De niño, Marx se dio cuenta de que era diferente de sus compañeros. Había sido bautizado, pero era un “judío por raza” y sufrió del antisemitismo que prevalecía en Alemania en esos días. Su reacción a la situación fue extraordinaria. Se alineó con los antisemitas y denunció a su propia gente de una manera muy violenta.



Su actitud hacia los judíos se hizo clara en dos artículos que escribió en 1843 a la edad de 25 años. Eran reseñas de un libro y un artículo de Bruno Bauer sobre la cuestión judía, y aparecieron en la Deutsch-Franzosische Jahrbucher (publicada en París en 1844). Marx consideraba al capitalismo, operado por la clase media, como inherentemente malvado; y argumentó que las actividades judías de hacer dinero descansaban en el mismo corazón del odioso sistema capitalista. Los siguientes extractos de los artículos de Marx señalan su punto de vista sobre la cuestión judía en su tiempo.

“¿Cuál es la mundana razón de ser de la judería [judaísmo]? La necesidad práctica del judaísmo es el egoísmo.”
“¿Cuál es la religión mundana de los judíos? Es el regateo mezquino del vendedor ambulante.”
“¿Cuál es su Dios mundano?” “Es el dinero.”
“Así que en el judaísmo reconocemos un fenómeno contemporáneo universal anti-social, que ha llegado a su presente estado a través de un proceso de desarrollo histórico con el cual los judíos han cooperado celosamente. Y este aspecto maligno anti-social del judaísmo ha crecido hasta un estadio en el que debe necesariamente colapsar.”
“Los judíos se han emancipado a la manera judía. No sólo han dominado el poder del dinero sino – con o sin los judíos- el dinero se ha convertido en un poder mundial. Los judíos se han emancipado convirtiendo a los cristianos en judíos.”
“El dinero es el más celoso Dios de Israel y ningún otro dios puede competir con él. El dinero degrada a todos los dioses humanos y los transforma en mercancías. El dinero es el valor universal de todo.”
El Dios de los Judíos se ha secularizado y se ha transformado en un Dios Mundial. La tasa de cambio es el Dios real de los judíos.”
“El judaísmo llega a su clímax en la consumación de la sociedad burguesa – y la sociedad burguesa ha llegado a su punto más alto en el mundo cristiano.”


En 1845 en La Sagrada Familia, Marx alegó que en sus artículos en el Deutsch-Franzosische Jahrbucher él había “probado que la tarea de abolir la esencia del judaísmo es en realidad la tarea de abolir el judaísmo en la sociedad civil, abolir la inhumanidad de la vida práctica contemporánea, cuya cumbre es el sistema monetario.” En 1849 un artículo en Neue Rheinische Zeitung (del cual Marx era el editor) criticó la noción de que los judíos viviendo en las provincias polacas de Prusia debían ser considerados como alemanes. El artículo declaraba que esos judíos eran “la más sucia de todas las razas.” “Ni por lenguaje ni por ascendencia – sino sólo por su codicia por el beneficio – pueden ser considerados como parientes de los alemanes de Frankfurt.” Uno de los biógrafos críticos de Marx remarcó: “esta solución de la cuestión judía no era muy diferente de la de Adolf Hitler, ya que involucraba la liquidación del judaísmo…”



Hay numerosas referencias negativas sobre los judíos en las cartas de Karl Marx a su amigo cercano Friedrich Engeles en los 1850s y 1860s. En ese tiempo, Marx estaba viviendo en Londres y sus ingresos como periodista free-lance – era un contribuyente regular del New York Daily Tribune – eran muy insuficientes para sus necesidades. Engels, en ese entonces empleado administrativo de la firma Ermen & Engels en Manchester, le enviaba pequeñas sumas siempre que podía. Aún así Marx no lograba mantenerse y – cuando no tenía más que empeñar con los prestamistas – pedía dinero de cualquiera que se lo quisiera prestar. Tenía muchos negocios con agentes financieros judíos en la City de Londres. Los Bambergers (padre e hijo), así como también los Stiefel y Spielmann, que eran judíos alemanes cuyos nombres frecuentemente aparecen en la correspondencia entre Marx y Engels. Marx usaba a los judíos para conseguir pequeños préstamos y para cobrar cheques de cambio recibidos de Charles A. Dana (editor del New York Tribune) como pago adelantado por artículos que Marx había accedido a escribir. Marx se quejaba amargamente de que los judíos no le pagaban los cheques hasta recibir confirmación de Dana; y estaba furioso cuando lo presionaban para honrar las deudas que debía pagar. Marx mostraba su desprecio al referirse siempre a ellos como “Judío (o “Pequeño Judío”) Bamberger” y “Judío Spielmann”, o imitando el gangueo nasal característico de la manera en que algunos judíos de Europa Oriental hablaban el alemán. Sin embargo, Marx tuvo causa de arrepentirse del día en que los Bamberger dejaron de tener su negocio en Londres y no estuvieron más disponibles para cambiarles los cheques. En 1859 le escribió a Engels: “es el demonio de molesto que ya no tengo a Bamberger en Londres…”



El antisemitismo de Marx puede ser ilustrado examinando su actitud hacia Ferdinand Lasalle, que era un judío de Breslau en Silesia. De joven, Lassalle había conducido a los trabajadores de Dusseldorf durante la revolución de 1848. Pero nunca había sido un miembro de la Liga Comunista, desde que su solicitud para unirse a la rama de Colonia había sido rechazada; y no había participado de los levantamientos en Alemania en 1849 en apoyo de la Constitución de Frankfurt, ya que había estado en la cárcel en ese entonces. Consecuentemente en los 1850s, mientras casi todos los que habían apoyado la revolución estaban o en prisión o en el exilio, Lassalle pudo vivir en Dusseldorf, sin ser excesivamente molestado por las autoridades. Era bueno para Marx mantenerse en contacto con Lassalle, que le brindaba noticias del movimiento de trabajadores clandestino en el Rhineland. Y a través de sus conexiones aristocráticas – era un amigo cercano de la Condesa de Hatzfeld – a veces podía proporcionarle a Marx información política útil que él podía usar en los artículos que escribía para el New York Tribune y el Die Presse. Pero mientras que Marx se consideraba como el jefe de un gran movimiento político que debía ser obedecido por sus seguidores, Lassalle rechazó ser un mero discípulo y estaba decidido a ser un líder de los trabajadores alemanes por derecho propio.



La correspondencia entre Marx y Lassalle sugiere que los dos hombres eran colegas que – a pesar de ciertas diferencias de opinión- estaban colaborando para conseguir un objetivo común. Pero las cartas intercambiadas entre Marx y Engels cuentan una historia muy diferente. Aquí Marx demostraba su desprecio por el judío que presumía de tener opiniones y ambiciones propias. Cuando Lassalle fue el invitado de Marx en Londres en 1862 Marx le escribió a Engels:

“Es ahora perfectamente claro para mí que, como la forma de su cabeza y el crecimiento de su cabello lo indican, él desciende de los negros (negroes) que se unieron en la huida de Moisés de Egipto (a menos que su madre o su abuela por el lado de su padre se uniera con un negro (nigger). Ahora esta unión de Judío y Alemán en una base negra tenía que producir necesariamente un híbrido extraordinario. Lo molesto del tipo también tiene algo de negro (The importunity of the fellow is also niggerlike).


Marx se refería a su invitado como un “negro judío” (Jewish nigger) que estaba “completamente loco.” Frecuentemente usaba epítetos peyorativos cuando escribía sobre Lassalle, como “Itzig” (Ikey), “Ephraim Gescheit” y “Judel Braun.” Y la mujer de Marx, en una carta a Engels llamó a Lassalle “el pequeño judío berlinés.”




Luego de la muerte de Lassalle en 1864, hay menos frases denigrantes sobre los judíos en la correspondencia entre Marx y Engels que antes. En ese año Engels se transformó en socio en la firma Ermen & Engels, y desde 1867 en adelante le pagó a Marx un estipendio anual de 350 libras. Así que, aunque los problemas financieron de Marx no se resolvieron del todo, tenía menos necesidad que antes de tratar de pedir prestado dinero de los judíos – como Ignaz Horn y Leo Frankel. Le escribió a Engels en 1875 que había estado conversando con un judío taimado (sly-lookin Yid) en un viaje del Londres a Rótterdam. Estaba claramente encantado de poder reportar que su locuaz compañero de viaje judío había caído víctima de una jugada astuta en un negocio. Y en su vejez, cuando estaba de vacaciones en Ramsgate, Marx declaró que había “muchas pulgas y judíos” en el hotel.



No fue sólo en cartas privadas a su mejor amigo que Marx se permitía salidas antisemitas. En un artículo en el New York Tribune (4 de enero de 1856) en el cual discutía un crédito internacional a ser juntado por el gobierno ruso para financiar la guerra de Crimea, Marx atacó salvajemente a los financistas judíos que cooperaron para colocar el préstamo. Marx escribió:

“Este préstamo fue traído bajo los auspicios de la casa de Stieglitz a St. Petersburgo. Stieglitz es a Alexander lo que Rotschild es a Francisco José, lo que Fould es para Luis Napoleón. El fallecido Zar Nicolás convirtió a Stieglitz en un barón ruso, como el fallecido Kaiser Franz hizo al viejo Rotschild un barón austríaco, mientras que Luis Napoleón ha hecho de Fould un ministro del gabinete, con una entrada líbre para las Tullerías para las mujeres de su familia. Así que vemos a cada tirano apoyado por un judío, como cada Papa lo es por un jesuita. En verdad, los deseos de los opresores no tendrían esperanza, y la posibilidad de guerra estaría fuera de la cuestión, si no hubiera un ejército de jesuitas para ahogar el pensamiento y un puñado de judíos para saquear bolsillos.”


Hope & Co. de Ámsterdam jugó un rol importante en colocar el préstamo ruso. Esta no era una firma judía, pero Marx declaró que:

“los Hopes dan sólo el prestigio de su nombre; el trabajo real es hecho por judíos, y sólo puede ser hecho por ellos, ya que monopolizan la maquinaria de los misterios del tráfico de préstamos (loan-mongering) al concentrar sus energías en el trueque en bonos, y el cambio de dinero y la negociación de los cheques que en gran medida surgen de allí. Tomen a Ámsterdam, por ejemplo, una ciudad que aloja a muchos de los peores descendientes de los judíos que Fernando e Isabel echaron de España, y quienes, luego de merodear un tiempo en Portugal, fueron expulsados de allí también, y eventualmente encontraron un lugar a salvo para retirarse en Holanda. Sólo en Ámsterdam hay no menos que 35.000, muchos de los cuales están ocupados en este juego y especulación en bonos… Su trabajo es mirar los dineros disponibles para inversión y observar con mucho interés donde están. Aquí y allá y en todos lados en que un pequeño capital busca inversión hay siempre uno de esos pequeños judíos listo para hacer una sugerencia o colocar un poquito del préstamo. El bandido caminero más inteligente en el Abruzzi no está mejor informado sobre el sitio de un buen dinero en la valija o bolsillo de un viajante, que esos judíos están sobre cualquier capital sobrante en las manos de un comerciante.”


Marx pasó a atacar a las casas financieras judías de Konigswarter, Raphael, Stern, Bischoffscheim, Rotschild, Mendelssohn, Bleichroder, Fould y muchos más. Declaró que muchas de estas familias estaban unidas por matrimonios y observó que:

“los traficantes de préstamos judíos derivan mucha de su fuerza de estas relaciones familiares, ya que estas, además de las afinidades de lucro, le dan una unidad (compactness and unity) a sus operaciones que aseguran su éxito.”


Marx concluía su artículo como sigue:

“Esta guerra oriental está destinada en todo caso a echar algo de luz sobre este sistema de tráfico de préstamos así como sobre otros sistemas. Mientras tanto, el Zar va a conseguir sus cincuenta millones, y dejen que los periódicos ingleses digan lo que quieran, si quiere otros 50 más, los judíos los van a desenterrar. No pensemos demasiado severamente sobre esta gente traficante de préstamos. El hecho que hace 1855 años Cristo echó a los mercaderes judíos fuera del templo, y que los cambistas de nuestro tiempo alistados del lado de la tiranía vuelven a ser otra vez predominantemente judíos, es quizás no más que una coincidencia histórica. Los traficantes de préstamos judíos de Europa hacen sólo en una escala más amplia y repugnante lo que muchos otros hacen a una escala menor y menos significativa. Pero es sólo porque los judíos son tan fuertes que ya es tiempo y oportuno exponer y estigmatizar su organización.”


Hubo algo de justicia amarga en el hecho de que Marx, que detestaba a su propia raza, tuvo que sufrir de las ideas antisemitas de otros. Hubo quienes atacaron a Marx porque era judío y que tildaron al movimiento político que él lidero como una conspiración judía.




Las actitudes de Engels hacia los judíos fueron muy diferentes a las de Marx. El nunca había denunciado a los judíos como una raza de pequeños comerciantes y prestamistas como Marx lo había hecho en su artículo de juventud en el Deutsch-Franzosische Jahrbucher. De hecho, más tarde declaró que el antisemitismo era la marca de una cultura atrasada y estaba confinado a Rusia, Austria y Prusia.



En 1881 Eduard Bernstein le envió a Engels algunos ejemplos de propaganda antisemita en Alemania. Engels replicó que nunca había visto nada tan estúpido o infantil. Alabó al Social-Demokrat – el principal diario socialista de Alemania en tiempos de la Ley Anti-Socialista de Bismarck- por salir firmemente contra el antisemitismo. Engels citó con aprobación un pasaje de una carta que había recibido recientemente de un corresponsal judío (Carl Hirsch), que había estado justo en Berlín. Hirsch había escrito que “la prensa oficial que publica artículos antisemitas tiene pocos lectores”.

“Mientras que es verdad que los alemanes tienen una antipatía natural contra los judíos, es también un hecho que la clase obrera, la pequeña burguesía radical, y los filisteos de clase media odian al gobierno más de lo que odian a los judíos.”


Bernstein, sin embargo, no estuvo de acuerdo con Hirsch y dijo que la propaganda antisemita estaba cayendo en suelo fértil en Alemania, en especial respecto a los funcionarios públicos, maestros, artesanos y campesinos.



Diez años después Engels le escribió a August Bebel que estaba contento de saber que nuevos reclutas judíos se habían unido al Partido Alemán Social Demócrata. Pero le advirtió a Bebel que los socialistas iban a tener que tener un ojo atento sobre estos colegas judíos porque eran más inteligentes que el socialista burgués promedio y tenían – debido a siglos de opresión – el hábito de abrirse camino a los codazos!



Aunque Engels no aprobaba el antisemitismo y acogía a judíos como Karl Kautsky y Alfred Adler como colegas en el partido, criticaba a judíos específicos y a grupos de judíos. Por ejemplo, en un comentario sobre política inglesa en 1852, despectivamente rechazó a Disraeli como un “timador judío”. Unos pocos años después cuando quiso expresar su rechazo a la conducta de Lasalle, se refirió a él como “un verdadero judío de la frontera eslava” y como “un judío grasiento disfrazado bajo brillantina y joyas brillantes.” En 1862, en una carta a Carl Siebel, atacó a los miembros judíos de un club alemán (el Schiller Anstalt) en Manchester. Declaró que ya casi no visitaba este auténtico “Club de Jerusalén” debido a que el comportamiento ruidoso de los judíos molestaba a los otros miembros.

“Lo que ha pasado es lo que siempre pasa cuando hay judíos alrededor. Al principio dan gracias a Dios de que hay un Schiller Anstalt, pero apenas entran declaran que no es suficientemente bueno para ellos y que querían construir una casa club más grande – un verdadero templo de Moisés – al cual el Schiller Anstalt pudiera ser llevado. Este sería de verdad el camino más rápido a la bancarrota.
… Cuidado! En un año o dos van a recibir una circular que dirá algo así: “En vista de la bancarrota del fallecido Schiller Anstalt”…”


Unos años después, sin embargo, cuando él fue Presidente del Schiller Anstalt, Engels tomó un rol principal para conseguir los establecimientos más grandes que los miembros judíos deseaban.



En 1864, durante la crisis en la industria de algodón de Lancashire en tiempos de la Guerra Civil Americana, Engels se quejó de las vejaciones que había tenido que sufrir en la oficina de Ermen & Engels por “chicaneadas judías”. En octubre de 1867, y otra vez en mayo de 1868, Engels se quejó de que su tiempo se estaba perdiendo por visitas de esa “maldita vieja judía” Leíbel Choras, que era una refugiada de Moldavia donde los judíos estaban siendo perseguidos. Engels obviamente tenía poca simpatía por Leíbel Choras. Y en 1870 Engels rechazó a Leo Frankel como “un verdadero pequeño Yid”. (Yid es un término despectivo ruso para judío).



En 1892 en una carta al lider socialista francés Paul Lafargue – el yerno de Marx – Engels incluso expresó cierta simpatía por el movimiento anti-Judío en Francia. Escribió:

“Empiezo a entender el antisemitismo francés cuando veo cuantos judíos de origen polaco con nombres alemanes se entrometen en todos lados al punto de excitar la opinión pública en la ville lumiere, de la cual el filisteo parisién está tan orgulloso y la cual considera que es el poder supremo en el universo.”


Engels también expresó su desprecio por los judíos polacos que eran, a su parecer, “caricaturas de judíos.” Le escribió a Laura Lafargue:

“El principio comercial del judío polaco es pedir mucho para poder luego obtener un descuento, como por ejemplo:
“¿Cuánto vale esta tira de tela?”
“15 groschen”
“El dice 15, quiere decir 12½ , tomaría 10, y la tela vale 7½. Estoy dispuesto a pagar 5 así que le voy a ofrecer 2½ groschen.“


Así como Engels raramente mostraba antipatía hacia los judíos, no tenía tampoco prejuicios contra la gente de color. Rechazaba la idea expresada comúnmente por exploradores y misioneros en su día de que los nativos eran “salvajes herejes” que eran obviamente inferiores a las razas blancas. De hecho, argumentó que los pueblos primitivos eran superiores a los europeos modernos porque no reconocían la propiedad privada, o capitalismo, o el estado. En 1884 en su libro sobre El Origen de la Familia – basado en las investigaciones del antropólogo americano L. H. Morgan – Engels dio un relato lírico de la “maravillosa simpleza parecida a la de los niños” de la forma de vida en las tribus indias iroquesas.

“Todo anda suavemente sin soldados, gendarmes, o policía; sin nobles, reyes, gobernadores, prefectos, o jueces, sin prisiones, sin juicios. Todas las peleas y disputas son concluidas por todo el cuerpo de aquellos a quienes conciernen… el hogar es manejado en común y comunitariamente por un número de familias, la tierra es propiedad tribal, sólo los jardines pequeños son temporalmente asignados a los hogares… Ni un poco de nuestra extensa y complicada maquinaria de administración es requerida… No pueden haber pobres ni necesitados – el hogar comunista y la gente conoce sus obligaciones hacia los ancianos, los pobres y los discapacitados en combate. Todos son libres e iguales – incluyendo las mujeres. No hay, todavía, espacio para esclavos ni, como regla, para la subyugación de tribus extrañas…”


Como un admirador de razas primitivas, Engels (como Marx) estaba fuertemente opuesto a la explotación de la gente nativa por los colonizadores blancos. Denunció la expansión de los estados europeos en India, Java, Argelia y en todos lados. Para Marx y Engels el levantamiento de India en 1857 no fue un mero motín de tropas cipayos sino una revuelta nacional contra los opresores ingleses. En una serie de artículos en el New York Tribune ellos analizaron las causas y los eventos del Motín, el cual consideraron como una ilustración del “desafecto general exhibido contra la supremacía inglesa por parte de las grandes naciones asiáticas…”



En vista de las actitudes de Engels hacia los judíos, los iroqueses, y los nativos en los territorios coloniales, su actitud respecto a algunos de los eslavos es difícil de entender. Cuando un movimiento Pan-Eslavista se desarrolló con apoyo ruso en Europa Central y Oriental durante la revolución de 1848, Engels rechazó las demandas de los Checos, Serbios, Croatas, y Rutenios por independencia de los Habsburgos o dominación turca. Temprando en 1849 (en dos artículos en el Neue Rheinische Zeitung) argumentó que estos pueblos no tenían la capacidad natural para el auto-gobierno y estaban para siempre condenados a ser gobernados por naciones más avanzadas. Ellos eran “pueblos sin ninguna historia.” Engeles afirmó que estos pueblos siempre serían razas súbditos y nunca “conseguirían independencia nacional.” “Son pueblos que o ya estaban bajo dominio extranjero cuando entraron a la primera fase primitiva de la civilización o que fueron realmente forzados a la fase más temprana de civilización por sus amos extranjeros.” En el verdadero espíritu del Pan-Germanismo, Marx y Engels consideraban a los pueblos Checoslovacos y Eslavos del Sur como “basura étnica”.



Dos cosas salen de este estudio. La primera es el grado en que el antisemitismo de Marx ha sido acallado, o incluso ignorado, en algunos relatos populares socialistas sobre la carrera y doctrinas de Marx publicadas en Occidente y destinadas para consumo radical y socialista. Así, los lectores de Karl Marx de Franz Mehring (publicado inicialmente en traducción inglesa en 1936) encontrarán poco para ilustrarlos sobre el antisemitismo de Marx. No hay necesariamente una conspiración de silencio pero se puede llamar la atención al hecho de que hay una diferencia entre decir la verdad y decir toda la verdad. Engaño por omisión sigue siendo engaño. Los comentadores occidentales, también, con unas pocas excepciones honorables, han tendido a esquivar la cuestión o a pasar rápidamente sobre hechos inoportunos.



Los académicos no familiares con el idioma alemán, que dependen únicamente de las traducciones al inglés de los escritos de Marx y Engels, pueden ser llevados por el mal camino si usan selecciones compiladas por marxistas que están preparados para suprimir evidencia que muestre a su héroe en una luz un poco desfavorable.



El segundo punto es el contraste impactante entre el deseo benevolente de Marx de liberar a las masas trabajadoras de la tiranía de los explotadores capitalistas y sus ataques feroces contra aquellos que parecían estar en el camino de sus esperanzas mesiánicas – los campesinos “idiotas” y los judíos “rapaces” por ejemplo. Mucho después de la muerte de Marx sus seguidores en la Rusia soviética estaban actuando bastante de acuerdo con las ideas de su maestro cuando eliminaron a los kulaks y persiguieron a los judíos.