viernes, agosto 31, 2007

Cartas judías de la época medieval (3)

Obadiah da Bertinoro, autor de un comentario conocido de la Mishná dejó Italia en el siglo XV para comenzar una nueva vida en la Tierra de Israel. Da Bertinoro fue uno de las tantas personas que conformaron la "aliá italiana". Aquí tienen una versión abreviada de una carta que envió a su padre. Me salió un poco larga, pero me parece que está llena de datos interesantes, de principio a fin. ¿A ver si pueden seguir la ruta de Obadiah en un mapa...? (Citta di Castello, Roma, Nápoles, Salerno, Nápoles -nuevamente-, Palermo, Messina, Rodas, Alejandría, El Cairo, Gaza, Hebrón, Bethlehem, Jerusalén).



Obadiah Jaré da Bertinoro a su padre.

Jerusalén, Agosto de 1488.



"Mi partida te ha causado pena y problemas, y yo no tengo consuelo porque te he dejado en un tiempo en que tus fuerzas te están faltando; cuando recuerdo, querido padre, que he olvidado tus grises cabellos no puedo impedir las lágrimas. Pero ya que me es negada la felicidad de poder servirte como debo, porque Dios ha decretado nuestra separación, por lo menos voy a darte un recuento de mi viaje desde el principio al fin...



...no voy a hablar de la grandeza del Cairo y de las corrientes de tráfico aquí, porque muchos antes de mi han descripto esto, y todo lo que ha sido dicho del pueblo es cierto... La ciudad es muy animada, y uno oye los diferentes idiomas de los extranjeros que la habitan. Está situada entre el Mar Rojo y el Mediterráneo y todos los mercaderes vienen de la India, Etiopía, y los países del Preste Juan a traves del Mar Rojo al Cairo tanto para vender sus mercancías, que consisten de especias, perlas, y piedras preciosas, como para comprar otras que vienen de Francia, Alemania, Italia y Turquía a través del Mar Mediterráneo a través de Alejandría al Cairo. En el Mar Rojo hay imanes; por eso los barcos que vienen por él no tienen hierro en ellas, ni siquiera un clavo. El lugar donde el mar fue partido para nuestros antepasados se dice que se ha identificado, y muchos sacerdotes van a visitarlo, pero no he oído de ningún judío que haya estado allí...



En Cairo hay hoy como setecientas familias judías; de estas, cincuenta son samaritanas, llamadas también Cussim, ciento cincuenta son Karaítas, y el resto Rabanitas. Los samaritanos tienen solo los cinco libros de Moisés, y su modo de escribir difiere del nuestro - la escritura sagrada. Maimónides comenta que esta escritura era común entre los Israelitas antes del exilio asirio, como ya se cuenta en el tratado Sanhedrín; pero su hebreo es como el nuestro...



Los karaítas, como sabes, no creen en las palabras de nuestros sabios, pero conocen toda la Biblia. Fijan el día de la luna nueva de acuerdo con la aparición de la luna; consecuentemente los karaítas en el Cairo mantienen diferentes días para Rosh Hashaná y Yom Kippur de los que viven en Jerusalén, diciendo que no hay nada malo en eso... Tienen una sinagoga en el Cairo; la mayor parte de sus plegarias consisten de Salmos y otros versos bíblicos...



Los samaritanos son los más ricos de todos los judíos en el Cairo, y están en los puestos más altos del estado; son cajeros y administradores; de uno de ellos se dice que tiene una propiedad de 200.000 piezas de oro. Los karaítas son más ricos que los rabanitas, pero también hay personas opulentas entre estos últimos...



Entre los judíos del Cairo hay cambiadores de dinero y comerciantes, porque el país es grande, y algunas ramas de la industria son abiertas para todos. Para comerciar no hay mejor lugar en el mundo que el Cairo; es fácil hacerse rico; por eso uno se encuentra aquí con innumerables extranjeros de todas las naciones y lenguas. Puedes salir por la noche tan bien como durante el día, porque las calles están iluminadas con antorchas...



...el desierto entre Egipto y Palestina no es grande, porque de un día de viaje a otro hay lugares para acampar para los camellos, preparados especialmente para los viajeros... Las caravanas que van a través del desierto o acampan a mediodía y viajan por la tarde hasta la medianoche, o viajan desde la medianoche hasta el primer tercio del día... Generalmente hablando, viajan de noche en lugar de durante el día... Gaza es el primer pueblo que encontramos al salir del desierto llegando a la tierra de los filisteos. Es una gran y hermosa ciudad del mismo tamaño que Jerusalén, pero sin murallas, porque de todos los lugares bajo el dominio egipcio, que ahora se extiende sobre Palestina el país de los filisteos y Siria, sólo Alejandría y Aleppo están rodeadas de murallas. Si lo que dicen los judíos que viven allí es correcto, vi en Gaza las ruinas del edificio que Sansón arrojó sobre los filisteos. Nos quedamos cuatro días en Gaza; hay allí ahora un rabino de Alemania, de nombre Rabbi Moses, de Praga, que huyo de allí desde Jerusalén; insistió en que vaya a su casa, y estuve obligado a quedarme con él todo el tiempo en que estuve en Gaza. En el Shabat todos los guardias fueron invitados a cenar con nosotros. Se trajeron tortas de pasas de uva y fruta; tomamos juntos varios vasos antes de comer, y fue muy alegre.



El domingo, el 11 de Nisan (Abril), viajamos desde Gaza en burros; llegamos a dos millas de Hebrón, y allí pasamos la noche. El lunes llegamos a Hebrón, un pequeño pueblo en la ladera de la montaña, llamado por los turcos Khalil... Estuve en la Cueva de la Majpelá, sobre la cual la mezquita fue construida; y los árabes consideran que el lugar es muy honorable. Todos los reyes de los árabes vienen aquí para repetir sus plegarias, pero ni un judío ni un árabe puede entrar a la Cueva misma, donde están las verdaderas tumbas de los Patriarcas... Todos los que vienen a rezar dejan dinero, el cual tiran dentro de la cueva a través de la ventana...



En la mañana del martes, el 13 de Nisan, dejamos Hebrón, que está a un día de distancia de Jerusalén, y llegamos hasta la tumba de Raquel, donde hay un edificio redondo con una cúpula en el camino mismo. Bajamos de nuestros burros y rezamos en la tumba, cada uno de acuerdo con su habilidad. A la derecha del viajero que va a Jerusalén está la colina en la que está Bethlehem (Belén); ésta es una aldea pequeña, como a media milla de la tumba de Raquel, y los sacerdotes católicos tienen una iglesia allí.



De Bethlehem a Jerusalén es un viaje de como tres millas. Todo el camino está lleno de viñedos y huertas.* Los viñedos son como los de la Romagna, las parras son bajas pero gruesas. Como a tres cuartos de milla de Jerusalén, en el lugar en que la montaña se asciende por escalones, contemplanos la famosa ciudad de nuestro encanto, y aquí nos desgarramos la ropa, como debíamos. Un poco más allá, el santuario, la casa desolada de nuestro esplendor, se hizo visible, y a la vista de ella otra vez nos desgarramos la ropa. Llegamos hasta las puertas de Jerusalén, y en el 13 de Nisan, 5248, al mediodía, nuestros pies se pararon dentro de las puertas de la ciudad. Aquí nos encontramos con un Azquenazí que había sido educado en Italia, Rabbi Jacobo Calmann; nos llevó a su casa, y yo fui su invitado durante todo el tiempo de Pesaj.



Jerusalén está en su mayor parte desolada y en ruinas. No necesito repetirte que no está rodeada de murallas. Sus habitantes, me dicen, son como 4000 familias. Respecto a judíos, se han quedado como setenta familias de la clase más pobre; no hay casi ninguna familia que no sufra por la falta de las necesidades más básicas; a uno que tiene pan por un año se lo llama rico. Entre la población judía hay muchas viudas viejas y olvidadas de Alemania, España, Portugal y otros países, tanto que hay como siete mujeres por cada hombre. La tierra está ahora tranquila y más feliz que antes; porque los Ancianos [N. los líderes de la comunidad judía de Jerusalén] se arrepintieron del mal que habían hecho, cuando vieron que sólo la parte más pobre de la población se había quedado; ahora son entonces muy amigables con todo recién llegado. Piden perdón por lo que ha pasado, y afirman que nunca hicieron daño a nadie que no hubiera tratado por su parte de imponerse a ellos. Y yo, por ahora no tengo ninguna queja contra ellos; al contrario, me han tratado con gran amabilidad y se han comportado honorablemente conmigo, por lo que le doy diariamente gracias a Dios.



Los judíos no son perseguidos por los árabes en estos lugares. He viajado a través del país a lo largo y ancho y ninguno de ellos ha puesto un obstáculo en mi camino. Son muy amables con los extranjeros, particularmente con cualquiera que no conoce el idioma; y si ven muchos judíos juntos no se molestan por ello. En mi opinión, un hombre inteligente versado en la ciencia política podría convertirse en el jefe de los judíos así como de los árabes; porque entre todos los habitantes no hay una sola persona sabia y sensible que sabe como tratar afablemente con sus compañeros; son todos misántropos ignorantes que sólo quieren ganar dinero...



La sinagoga aquí está construida sobre columnas; es larga, angosta y oscura, la luz entra sólo por la puerta. Hay una fuente en el medio de ella. En el patio de la sinagoga, muy cerca de ella, hay una mezquita. El patio de la sinagoga es muy grande, y contiene muchas casas, todas ellas son edificios destinados por los azquenazim para propósitos caritativos y habitados por viudas azquenazíes.... La calle de los judíos y las casas son muy grandes; algunos de ellos también viven en Zion [N. En el Monte Zion]. Hace un tiempo había más casas pero ahora son sólo montones de escombros y no pueden ser reconstruidas, porque la ley de la tierra es que un judío no puede reconstruir su casa sin permiso, y el permiso muchas veces cuesta más que lo que cuesta toda la casa.** Las casas de Jerusalén son de piedra, ninguna de madera o barro...



...Jerusalén, a pesar de su destrucción, aún contiene cuatro largos bazares muy hermosos, como no he visto nunca antes, al pie de Zion. Todos tienen techos en forma de domo, y contienen mercaderías de todo tipo. Están divididos en diferentes departamentos, el bazar de los comerciantes, el bazar de las especias, el mercado de verduras, y uno en el que se vende comida preparada y pan. Cuando vine a Jerusalén había una hambruna terrible en la tierra... Muchos judíos murieron de hambre, habían sido vistos uno o dos días antes pidiendo pan, que nadie podía darles, y al día siguiente se los encontraba muertos en sus casas. Muchos vivían de pasto, saliendo como ciervos para buscar pasto. Ahora hay sólo un rabino alemán aquí, que fue educado en Jerusalén. Nunca he visto a nadie igual por su humildad y temor de Dios; teje día y noche cuando no está ocupado con sus estudios, y por seis meses no probó pan entre Shabat y Shabat, consistiendo su comida sólamente de nabos crudos y los restos del pan de San Juan [N. Algarrobo], que es muy abundante aquí, luego de que se le ha quitado el azúcar...



Ahora, al fin de la cosecha de trigo, se ha terminado la hambruna, y hay otra vez abundancia, alabado sea Dios. Aquí, en Jerusalén, he visto varios tipos de frutas que no se encuentran en nuestro país. Hay un árbol con hojas largas, que crece más alto que la altura de un hombre, y da frutos sólo una vez; entonces se marchita, y de sus raíces sale otro árbol similar, que otra vez da frutos al siguiente año, y lo mismo se repite continuamente. Las uvas son más grandes que en nuestro país.



...Todas la cosas necesarias para la vida, como carne, vino, aceitunas, y aceite de sésamo, se pueden comprar muy barato. La tierra es excelente, pero no se puede ganarse la vida en ninguna rama de industria, a menos que sea la de zapatero, tejedor o joyero...



...El recinto del Templo tiene todavía doce puertas. Aquellas que se llaman puertas de piedad son de hierro, y son dos; miran hacia el este del Templo y están siempre cerradas. Sólo llegan hasta la mitad desde el piso, y la otra mitad está hundida en la tierra. Se dice que los árabes muchas veces trataron de levantarlas pero no pudieron.



La pared occidental, parte de la cual aún está en pie, está compuesta de piedras grandes, gruesas, como no he visto nunca antes en un viejo edificio, ni en Roma ni en ningún otro país. En la esquina del nordeste hay una torre de piedras muy grandes. Entré en ella y encontré un vasto edificio sostenido por pilares sublimes y masivos; hay tantos pilares que me cansé de llegar hasta el final del edificio. Todo está lleno de tierra, que ha sido arrojada allí de las ruinas del Templo. El edificio del Templo está parado sobre estas columnas, y en cada una de ellas hay un agujero a través del cual se puede pasar una cuerda. Se dice que los toros y carneros para el sacrificio se ataban aquí. A través de toda la región de Jerusalén, en campos así como en viñedos, hay grandes cavernas conectadas unas con otras...



El Monte de los Olivos es grandioso y estéril; apenas un olivo se puede encontrar en él. Desde la cima, se pueden ver a Sodoma y Gomorra a la distancia; ahora forma un mar de sal.*** Escuché de gente que ha estado allí que el piso está todo cubierto de sal. De la mujer de Lot nadie me supo decir nada; porque los pilares de sal son innumerables, así que es imposible distinguir cuál es la mujer de Lot.



El monte Abarim, donde está enterrado Moisés, es visible desde Jerusalén.**** El distrito del otro lado del Jordán, incluyendo las tierras de Reubén, Gad y Manasseh, y de los hijos de Ammon, la Montaña de Moab, y el Monte Seir, son ahora lugares baldíos. No se encuentra ni una sóla ciudad habitada allí, porque los beduinos destruyen todo. Vienen incluso hasta las puertas de Jerusalén, roban y pillan en los caminos abiertos, y nadie puede interferir con ellos, porque son muy numerosos. Por esa razón, el distrito es todo desierto, sin habitantes; y no se ara ni se siembra. Jericó es una aldea pequeña, consiste de veinte a treinta casas. Betar, antes una gran ciudad, es ahora un lugar para el ganado y contiene como veinte casas; está a medio día de camino de Jerusalén. Casi todas las ciudades que habían sido antes grandes ahora son lugares baldíos. Siguen teniendo los mismos nombres, pero están deshabitadas...



He tomado una casa cerca de la sinagoga. El cuarto de arriba de mi hogar está en el muro de la sinagoga. En el patio en el que está mi casa hay cinco habitantes, todas mujeres. Hay sólo un hombre ciego que vive allí, y su mujer me atiende. Debo agradecer a Dios, que me ha protegido con su bendición, de que no he estado enfermo, como otros que vinieron al mismo tiempo que yo. La mayor parte de los que vienen a Jerusalén desde otros países caen enfermos, debido a los cambios climáticos y las variaciones repentinas del viento, ahora frio, ahora caliente. Todos los vientos posibles soplan en Jerusalén. Se dice que cada viento antes de partir a donde debe ir viene a Jerusalén a postrarse ante Dios. Bendito sea él que sabe la verdad.



Te pido encarecidamente que no estés deprimido ni sufras ansiedades debido a que he viajado tan lejos, y que no derrames lágrimas por mí. Porque Dios en su misericordia me ha traído a Su santo hogar, que alegra mi corazón y también te debe encantar a tí. Dios es mi testigo de que he olvidado todas mis pasadas penas, y todo recuerdo de mi país natal se ha ido de mí. Todos los recuerdos que todavía retengo de él están centrados en tu imagen, reverenciado padre, que está constantemente frente a mis ojos. Mis ojos se turbian cuando recuerdo que te he dejado en tu vejez, y temo que tus lágrimas te recuerden los pecados de mi juventud.



Ahora, te lo ruego, envía tus bendiciones a tu sirviente. Deja que esta carta compense por mi ausencia, porque te mostrará el temperamento de tu hijo y no estarás ya descontento con él. Si Dios me guarda, te enviaré una carta cada año con el galeón, que te reconfortará. Aleja toda pena de tu corazón. Alégrate con tu querido hijo y nieto que se sientan en tu mesa. Ellos nutrirán y te sostendrán en tu vejez. He rezado por su bienestar y continuaré haciéndolo en los lugares sagrados de Jerusalén, la restauración de la cual, por medio del Mesías, Dios nos otorgará presenciar, para que puedas venir alegremente a Zion. Amén.



Terminada con apuro en Jerusalén, la Ciudad Santa. Que pronto sea reconstruida en nuestros días.



De tu hijo,

Obadiah Jaré.

En el 8 de Elul de 5248.


*El dato de los viñedos es interesante. Los árabes (en su gran mayoría musulmanes, especialmente en esa zona) no toman alcohol, así que la abundancia de viñedos habla de la cantidad de judíos y cristianos que vivían en la región.



**Importante comparar este dato, que dice que los judíos no podían construir o reconstruir su casa sin permiso (pista que dice que los árabes seguían intentando expulsar a los judíos de Jerusalén) con los comentarios amables sobre los árabes y sobre que "hasta un judío podría ser jefe de los árabes" que están más arriba. Evidentemente, un judío en esa época, debía contentarse con las mínimas amabilidades y considerarlas casi un milagro. Pero los judíos no eran tratados de igual a igual con los árabes.



*** El Mar Muerto.



**** Está hablando de lo que hoy es Jordania, por lo menos, la parte visible desde Jerusalén.