miércoles, agosto 15, 2007

Cartas judías de la época medieval (2)

Moisés, hijo de Najman, comunmemte llamado Najmánides o Najmani y conocido también como Rambán, nacido en Gerona alrededor del año 1195, fue una de los principales luminarias del estudio judío en el siglo XIII. En palabras de Solomon Schechter, Najmánides representó al judaísmo por el lado de la emoción y el sentimiento, como Maimónides (Rambám) lo hizo del lado de la razón y la lógica. Su conocimiento de trabajos místicos tempranos y su propia disposición lo hizo un precursor de los místicos y cabalistas, que estuvieron destinados a ser un poder espiritual dominante en los siglos por venir.



Najmánides pasó la mayor parte de su vida en la España cristiana. En 1263 se distinguió por sostener la causa del judaísmo en una disputa con el apóstata judío Pablo Cristiani, en presencia del rey y la corte de Aragón. Su victoria fue casi demasiado completa, ya que le trajo la enemistad de los Dominicos, a través de cuyas tramas fue condenado al exilio. Emigró a Eretz Israel, donde arribó luego de haber pasado sus setenta años. Aquí completó su mayor obra, el Comentario al Pentateuco, y se embarcó en un emprendimiento histórico: revivir la casi extinguida vida judía en Tierra Santa. Aquí también escribió la siguiente carta a su hijo Najman. Es una descripción conmovedora del estado de Eretz Israel como estaba luego de la invasión mongola de unos años antes (1260).

Moisés Najmánides a su hijo Najman. Jerusalén, año 1267.



Quiera el Señor bendecirte, mi hijo Najman, y que puedas llegar a ver el bien de Jerusalén. Sí, que puedas ver a los hijos de tus hijos y que tu mesa sea como la de tu padre Abraham.



Escribo esta carta en Jerusalén, la Ciudad Santa. Porque, gracias y loas a la Roca de mi Salvación, fui privilegiado de llegar a salvo el 9 del mes Ellul, y me quedé aquí hasta el día después del Día del Perdón. Ahora tengo la intención de ir a Hebrón, al sepulcro de nuestros ancestros, para postrarme, y allí cavar mi tumba.



¿Pero que te diré respecto al país? Grande es la soledad y grande la devastación, y, para ponerlo en breve, cuanto más sagrados los lugares, más grande es la desolación. Jerusalén está más desolada que el resto del país: Judea más que la Galilea. Pero incluso en esta destrucción es una tierra bendita. Tiene como 2.000 habitantes, como 300 cristianos viven aquí que escaparon a la espada del Sultán. No hay judíos. [se refiere a que no hay una comunidad judía]. Porque luego de la llegada de los Tártaros, algunos huyeron mientras que otros murieron por la espada. Hay sólo dos hermanos, teñidores de profesión, que tienen que comprar sus materias primas del gobierno. Allí [en la tintorería] los Diez Hombres se reúnen [El minián, los 10 judíos mínimos necesarios para rezar], y en Shabat llevan a cabo el servicio en su casa. Pero los animamos, y conseguimos encontrar una casa vacante, construida sobre pilares de marfil con un hermoso arco. Eso lo tomamos por sinagoga. Porque el pueblo no tiene soberano, así que el que desea tomar posesión de las ruinas puede hacerlo. Dimos nuestras ofrendas para la reparación de la casa. Hemos enviado ya a Shjem [hoy Nablus] para buscar algunos rollos de la Ley que habían sido llevados allí desde Jerusalén ante la invasión de los Tártaros. Así organizarán una sinagoga y adorarán aquí. Porque continuamente la gente [aquí se refiere a judíos] se acerca a Jerusalén, hombres y mujeres, de Damasco, Zobah [Aleppo], y de todas parte del país, para ver el Santuario y llorar allí.



Que Él que nos consideró dignos de dejarnos ver Jerusalén en su abandono, nos conceda que la contemplemos reconstruida y restaurada, cuando la gloria del Señor regrese a élla. Pero tu, mi hijo, y tus hermanos y toda nuestra familia, que tu puedas vivir para ver la salvación de Jerusalén y el consuelo de Sión.



Estas son las palabras de tu padre, que está añorando y olvidando, que está viendo y disfrutando.



Moisés hijo de Najman.



PD: Dale mis saludos también a mi alumno Moisés, el hijo de Solomon, el sobrino de tu madre. Dile... que aquí, frente al Santo Templo, he leído sus versos, llorando amargamente sobre ellos. Que Él que causó que Su Nombre descanse en el Santo Templo incremente tu paz junto con la paz de toda la comunidad.


Y el epílogo de la carta tiene anexado un fragmento del Comentario de Rambán al Pentateuco:

"Oh, yo soy el hombre que vio aflicción. Fui desterrado de mi mesa, removido lejos de amigos y parientes, y muy larga es la distancia para encontrarnos nuevamente... Dejé a mi familia, abandoné mi casa. Allí con los dulces y amados niños, a quienes crié sobre mis rodillas, dejé también mi alma. Con ellos, mi corazón y mis ojos vivirán por siempre... Pero la pérdida de todo lo demás que encantaba a mis ojos es compensado por mi felicidad presente en un día pasado dentro de tus patios, Oh Jerusalén! visitando las ruinas del Templo y llorando sobre tu Santuario arruinado, donde se me permite acariciar tus piedras, tocar tu polvo, y llorar sobre tus ruinas. Lloro amargamente, pero he encontrado felicidad en mi corazón. Me rasgo las vestiduras, pero encuentro consuelo en hacerlo."