miércoles, julio 18, 2007

Sobre Dios después del Holocausto (II)

El comentario de Levinson en el anterior post me da pie para presentar la posición de Eliezer Berkovits, que probablemente es la que Levinson estudió y adoptó, y las críticas que Steven T. Katz le hace.



Berkovits en "Faith after the Holocaust" sostiene la tradicional postura del libre albedrío. Dios no puede intervenir en los asuntos humanos porque de lo contrario anularía la voluntad libre del hombre, lo que lo hace humano, y además, la intervención de Dios "destruiría" la historia, convirtiéndola en milagro. El hombre sólo puede existir porque Dios "esconde su rostro" (hester panim en hebreo). La ausencia de Dios permite el comportamiento moral y es la prueba más clara de su presencia (según Berkovits). Si queremos saber que Dios existe, hay que mirar la existencia continuada del pueblo judío, que sobrevivió situaciones sin parangón. La existencia del pueblo judío es entonces, para Berkovits y para Levinson, la prueba de que Dios existe.



Un punto aparte que sostiene Berkovits es que la existencia del Mal en el mundo permite la aparición de cierto tipo de Bien(es) que no podrían existir de otra manera: por ejemplo, heroísmo, coraje, caridad, compasión, fidelidad, etc.



La consecuencia de esta postura es que (en palabras de Berkovits): "mientras que El (Dios) es permisivo con el malvado, debe hacer oídos sordos a los lamentos angustiados de los ultrajados"



Katz reconoce que la postura es coherente, pero poco convincente. Y la ataca de dos maneras principales:



1. ¿No podía Dios, omnipotente, omnisciente y absolutamente bueno, haber creado un mundo en el cual hubiera libertad humana pero no mal?



2. Aún si ciertos "bienes" son generados al superar o en respuesta al mal, ¿no podría haber hecho Dios que estos bienes se produjeran sin tanto mal, o incluso no hubiera sido preferible que no existieran esos bienes dado el mal (y el sufrimiento) que se necesitan para producirlos?



Estas dos críticas se desarrollan a continuación:



1.a. Si Dios ha hecho a los hombres tales que por su propia libre voluntad a veces prefieren el bien y a veces el mal, ¿por qué no podría haber hecho que los hombres siempre elijan libremente el bien? Si no hay una imposibilidad lógica en que el hombre elija libremente el bien una vez o varias veces, tampoco debería haber una imposibilidad lógica para que lo elija libremente siempre. De hecho, esta es la idea del Paraíso, o el mundo por venir, en el cual los hombres viven eternamente sin elegir jamás el mal. Si Dios ha creado una situación así, como mucha gente sostiene, evidentemente podría haberla creado en la Tierra.



1.b. Si fuera de todas maneras, imposible que exista un mundo sin mal, ¿no podía Dios haber creado un mundo con menos mal? Por ejemplo i) con un pequeño milagro que sin eliminar el mal que se hizo en el Holocausto, lo hubiera hecho menor. Eso no hubiera eliminado la libre voluntad de los asesinos. ii) haciendo que el hombre tenga una capacidad mayor para la conducta moral o para absorber la educación moral. Otra vez, eso tampoco eliminaría la libre voluntad, sino que haría a los hombres más propensos a elegir el bien que el mal.



1.c. Además, si hablamos del Dios judío, es un Dios que ha hecho milagros para salvar al pueblo judío. Ha intervenido en la historia en numerosas ocasiones (por ejemplo, el Exodo de Egipto). ¿Por qué no entró en la historia en Auschwitz, para decir "basta"? Y cuando entró en la historia en Egipto, ésta no fue "destruida", sino que continuó normalmente luego. ¿Por qué sería "destruida" ahora? ¿Y es un Dios que no interviene en Auschwitz, mientras que lo ha hecho en otras ocasiones, aún merecedor de ser adorado?



2.a. Respecto a los "bienes secundarios" que se producen sólo en la presencia del mal, realmente ¿son tan necesarios? Si bien valoramos a la gente que alimenta y cuida a los pobres o los enfermos, ¿no hubiera sido mejor que no hubiera pobreza ni enfermedad de la cual preocuparse? Katz dice que a veces valoramos demasiado la "libertad" en nuestra discusión teológica. Pero en la vida real, no la valoramos tanto: metemos presos a los criminales, impedimos que se grite "fuego" en un teatro lleno, etc. Aún cuando la libertad es algo importante, creemos que restringirla para evitar el mal que se puede causar es más importante. ¿Por qué entonces, somos tan capaces de justificar que Dios no se entrometa en prevenir el mal para no eliminar nuestra libertad?



2.b. Además, se puede restringir la libertad en elementos específicos sin necesidad de eliminarla del todo. Por ejemplo, una persona puede tener una fobia a X que no lo limite en su poder de decisión respecto a Y. ¿Por qué Dios entonces, no instauró una fobia general a matar o violar?



2.c. Katz además da vuelta el eje de la libre voluntad/moralidad y el mal. La opinión de Berkovits es que no podemos tener moralidad sin tener libre voluntad. Pero Katz dice que nuestra libre voluntad y la moralidad que es su resultado son menos importantes si hay menos mal en el mundo con el cual enfrentarse. Es decir, si se elimina o se reduce la cantidad de mal, la necesidad de moralidad o de elecciones morales declina también.



2.d. Katz también critica el uso que hace Berkovits de los ejemplos de heroísmo frente a la adversidad en el Holocausto. Berkovits los usa para señalar que el Holocausto permitió el desarrollo moral y el crecimiento del carácter en aquellas personas que rescataron judíos, arriesgaron su propia vida, etc. Esta es la idea de que la elección del bien en circunstancias terribles es más valiosa que elegir el bien en la vida normal, y que de esta manera el sufrimiento lleva a un nivel de moralidad más elevado moral, educa el carácter. Pero Katz dice que i) el Holocausto se trata principalmente de la eliminación de esta misma posibilidad de desarrollo moral en 6 millones de personas, y especialmente de demasiados niños judíos que nunca tuvieron la posibilidad de realizar este potencial. ii) Si se sigue esta línea de razonamiento, cuanto más mal haya, más grande será el heroísmo, hasta que se puede pensar que el asesinato de 12 millones de personas hubiera producido el doble de heroísmo y nobleza de carácter que el de 6 millones. Se llega al absurdo. iii) otra conclusión sería que los nazis estuvieron ayudando a los judíos a ser virtuosos y asistiéndolos en su desarrollo ético. iv) y finalmente Katz se pregunta si es justo que tantos niños judíos hayan muerto de hambre, gaseados o baleados para que otras personas hayan tenido la oportunidad de cuidarlos y consolarlos.



Katz comenta que la defensa del líbre albedrío no convence ni siquiera a Berkovits, y que este así lo reconoce. Para poder "salvar" la teoría, en la cual Dios no detiene al malvado ni socorre a la víctima, Berkovits se ve forzado a agregar que todo el sufrimiento será redimido en una dimensión más allá de la historia, en la vida después de la muerte. Esto, dice Katz, es una confesión de que la libertad humana extrae un precio demasiado alto.



Pero esta "solución" igualmente es poco satisfactoria. Dios nos hace el mal (o permite que el mal se efectúe) y después nos intenta "compensar". Pero eso no lo aceptamos en la vida real. Por ejemplo, si una persona mata a un pariente nuestro en un accidente de auto, y luego nos compensa con dinero, cuanto menos parece digna esta transacción de parte de Dios.



Finalmente, Katz dice que a él también la continuada existencia del pueblo judío, frente a todas las adversidades, le dice "algo". Pero hasta allí puede llegar en su discusión filosófica, ya que decir que eso prueba la existencia de Dios como lo que piensa Berkovits o Levinson, es ya hablar el lenguaje de la fé. No hay forma de convencer a nadie de que Israel es el pueblo de Dios, y la afirmación no puede ser demostrada.