viernes, julio 13, 2007

Sobre Dios después del Holocausto (I)

Trabajar cerca de una biblioteca me enfrenta con una tentación difícil de resistir. En un panel de corcho pegan las tapas de los últimos libros que se compraron. Y así me interesó leer este: "The Impact of the Holocaust on Jewish Theology" (El impacto del Holocausto en la teología judía), una colección de artículos presentados en dos conferencias internacionales que se llevaron a cabo en Ashkelon hace unos años.

¿Por qué lo elegí? Bueno, porque siempre el Holocausto me pareció un tema fundamental y tenía interés en saber cómo resolvía la teología judía este problema. El segundo artículo en especial, el de Steven T. Katz fue el mejor y más completo de todos. "The Issue of Confirmation and Disconfirmation in Jewish Thought after the Shoah", salvo algún que otro defecto.



A continuación está el problema planteado en pocas palabras:



"Si Dios es infinitamente bueno y todopoderoso como se lo conoce en las religiones monoteístas, ¿cómo puede ser que exista el mal en el mundo, que inocentes mueran y pasen cosas tan terribles como el Holocausto? O Dios no pudo evitar la catástrofe y por lo tanto no es todopoderoso, o pudiendo evitarla, no lo hizo, con lo cual no es tan bueno como lo creemos. Entonces, ¿cuál es el sentido de rezarle a un Dios malvado o insensible? En cualquiera de los dos casos, Dios si existe, no es como lo habíamos pensado."



Dentro de la teología judía el problema tiene incluso una capa más, ya que el Pacto entre Dios y Abraham establece que somos Su pueblo y que nos ha encomendado una misión (simplificando ser un ejemplo para otros pueblos, no que somos de ninguna manera “mejores”). ¿Cómo es posible que Dios haya permitido que le hagan hecho esto a Su pueblo? ¿Acaso el Pacto ha sido anulado? ¿Acaso Dios nos ha abandonado?



Cumpliendo la regla que dice que cuando hay dos judíos hay tres opiniones, me entusiasmó mucho saber que han habido diversas (y contradictorias) respuestas judías a este problema. Muchas más de las que puedo enumerar o recuerdo. Han habido respuestas que negaron a Dios, respuestas que conservaron la fé en El, respuestas moderadas y respuestas radicales, respuestas tradicionales y respuestas innovadoras. Por supuesto, poco consenso. En este post trato una de ellas.



Richard Rubenstein declaró la “muerte de Dios”. Es decir, Dios como lo concibe la tradición judía no pudo haber permitido que pasara el Holocausto, como el Holocausto pasó, entonces Dios como es concebido en la tradición judía no existe. Esto implica que la historia no tiene un sentido absoluto, sino que es una colección de eventos arbitrarios, donde el azar reina. No hay Dios y tampoco hay Pacto.



La crítica de Steven Katz a Rubenstein es que este último ve la historia judía sólo desde el prisma del Holocausto, olvidando que hubo una historia judía antes de Auschwitz y que habrá historia judía después. En primer lugar, el pueblo judío no fue completamente destruido en el Holocausto. Es decir, cuanto más nos alejemos de este evento histórico, más relativo será su valor para definir el sentido de la historia judía. En segundo lugar, luego del Holocausto ocurrió la fundación del Estado de Israel, la Tercera Comunidad Judía en la tierra de Israel. Katz reprocha que Rubenstein asigne valor metafísico sólo a las cosas malas, pero no a las buenas. Para Rubenstein el Holocausto es un dato importante para saber si Dios ha muerto o no, pero el Estado de Israel no, porque es sólo una obra humana, y encima, una obra humana realizada por judíos que explícitamente habían rechazado confiar en Dios para poder salvarse y tomaron la tarea en sus propias manos. Katz dice que Rubenstein elige sólo la evidencia que le da la razón.



La lógica de Rubenstein se sostiene en el falsacionismo de Karl Popper, Katz dice que el falsacionismo no puede resolver cuestiones teológicas. Esto es lo que dice Katz:




¿Qué les parece? Yo creo que hay algo en la crítica de Katz a Rubenstein que está equivocado. Suponiendo que Rubenstein detalle las condiciones en las que la hipótesis “Dios existe” pueda ser refutada, y éstas condiciones se cumplen, la hipótesis debería caer, no importa cuántas supuestas pruebas a favor de la existencia de Dios pudieran haber. Porque desde el falsacionismo no importa la cantidad de evidencia a favor, sino sólo el peso de la evidencia en contra. Me parece que Rubenstein está en lo correcto, en sus propios términos, mientras que Katz pifia la crítica. ¿Debe contar la evidencia a favor? ¿Puede usarse el falsacionismo en cuestiones teológicas? ¿No está usando Katz para criticar a Rubenstein una versión de “verificacionismo” (la idea de ir juntando pruebas a favor para sostener una hipótesis)? ¿Es eso legítimo?