viernes, junio 22, 2007

Cuento - Tierra de Palestina (Segunda Parte)

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Yudel, el "huérfano viviente" trabajaba más duro que todos. Yudel es ya un hombre grande, pero todos lo llaman "el huérfano" a causa de lo que le pasó una vez. Su historia es muy larga e interesante, se las contaré brevemente.



Tiene un padre muy distinguido y una madre muy noble, y es hijo único, de una disposición muy juguetona, a causa de la cual su padre y su madre frecuentemente discuten; el padre solía castigarlo y pegarle, pero el niño se escondía con su madre. En una palabra, pasó esto, que el padre lo puso en manos de otras personas, para que lo educaran y lo pusieran en forma. La madre no podía estar sin él, y cayó enferma de pena; quedó hecha un desastre. Su hermosa casa fue quemada hace mucho tiempo por algo que hizo el niño, jugó con fuego, y hubo un incendio, y los vecinos vinieron y construyeron en el lugar de su palacio, y ella, la inválida, está tirada descuidada en una esquina. El padre, que ha dejado la casa, muchas veces quiere volver a estar con ella, pero de ninguna manera pueden vivir ellos juntos sin el hijo, así que el hijo abandonado se transformó en un "huérfano viviente"; vaga por el ancho mundo, llega a un lugar, y cuando se ha quedado un tiempito, lo echan, porque donde sea que vaya, despierta una conmoción. Como es la cosa con todos los huérfanos, tiene muchos padres, y todo el mundo le da órdenes, le pega, lo sermonea; él está siempre en el camino, culpado por todo, siempre es su culpa, así que se le ha pegado el hábito de encogerse y hacerse peuqueñito a la mera vista de un palo. Vagando como lo hace, ha copiado las maneras y las costumbres de gente extraña, en cada lugar donde ha estado; su propio carácter casi no es el suyo. Su padre ha tratado tanto de amenazarlo y de persuadirlo que vuelva, diciendo que entonces todos vivirán juntos como siempre, pero a Yudel debe gustarle vivir lejos de casa, disfruta los arañazos que recibe, e incluso los golpes. No importa como la gente lo golpee, le tire del pelo, y le saque sangre, en el momento en que quieren que se acerque amistosamente, allí está él de nuevo, alerta y sonriente, vuelve el mundo del revés, y no va a escuchar nada de volver a casa. Es notable que Yudel, que no es tonto, y que tiene cabeza para los negocios, en el instante en que la gente lo mira bondadosamente, se imagina que lo quieren, aunque ha tenido miles de pruebas de lo contrario. Ultimamente ha tenido tanta trascendencia a los ojos del mundo que han comenzado a tratarlo de una forma distinta, y lo echan de todos lados inmediatamente. El pobre chico ha intentado de todo para agradar, pero no sirve de nada, lo golpearon de lado a lado hasta que estaba cubierto de sangre, le robaron todo lo que tenía, y con manos vacías, desnudo, hambriento, y vencido como está, le gritan "¡Vete!" de todos lados. Ahora vive en calles angostas, en los pueblos pequeños, escondido en agujeros y esquinas. Muchas veces no tiene suficiente para comer, pero sigue en su vieja forma, se arrastra a lugares estrechos, baila en todos los casamientos, ama entrometerse, todo le importa, y donde dos están juntos, él es el tercero.



Lo conozco desde hace mucho tiempo, desde que era un niño pequeño. Siempre me pareció como que era muy salvaje, pero vi que tenía una disposición noble, sólo que había crecido rudo por vivir entre extraños. Lo quería mucho, pero en los últimos años me trataba caliente y frío por turnos. Debo decirles que cuando Yudel comía lo suficiente, era siempre muy alegre, y no le importaba nada; pero cuando había sido echado por su casero, y estaba hambriento, entonces se enojaba, y se ponía violento por cualquier nimiedad. Me atacaba por nada, peléabamos, y nos separábamos, es decir, lo quería a la distancia. Cuando él no estaba a la vista, sentía una gran lástima por él, y un deseo de acercarme; pero apenas lo encontraba, estaba de vuelta en el mismo viejo juego, y me tenía que ir. Ahora que estaba con él en mi lugar de origen, lo encontré muy mal, no tenía suficiente para comer. El pueblo era pequeño y pobre, y él no tenía medios para sostenerse. Cuando lo vi en su angustia amarga y oscura, mi corazón fue hacia él. Pero en esos momentos, como dije antes, él es muy salvaje y fanático. Un día, en el 9 de Av, me sentí obligado a hablarle, y le dije que estar sentado con soquetes, con su frente en el piso, recitando las Lamentaciones, no le iba a servir de nada. Yudel no me entendió, y pensó que me estaba riendo de Jerusalén. Comenzó a encenderse, y difundió reportes de mí en el pueblo, y cuando me veía a la distancia, escupía delante de mi. Su enojo databa de hace tiempo, porque un día lo eché de mi casa; declaró que yo era la causa de todos sus problemas, y que ahora que yo era su vecino, había resuelto arruinarlo; creía que yo lo odiaba y lo trataba de engañar. ¿Por qué Yudel va a pensar eso? No sé. Quizás piensa que uno no lo debe querer, o quizás está tan amargado que no puede creer en los sentimientos bondadosos de los demás. Como sea, Yudel continuó hablando mal de mi, y tirándome barro a través del pueblo; gritando todo el tiempo que yo no tenía ni un resto de judaísmo en mi.



Ahora que escuchó que yo estaba comprando tierra de Palestina, comenzó por rehusar creerlo, y declaró que era un engaño y el truco de un apóstata, porque ¿cómo una persona que se reía de los zoquetes del 9 de Av realmente podía querer comprar tierra de Palestina? Pero cuando vio los chales verdes y las pequeñas bolsitas de tierra, se dio vuelta - una costumbre que tiene - completamente al lado contrario, el exacto opuesto. Comenzó a adorarme, no podía halagarme lo suficiente, y hablaba de mi en las calles traseras, tanto que las mujeres me bendecían en voz alta. A Yudel ahora le gustaba mucho estar en mi compañía, y muchas veces venía a verme, y era muy íntimo, aunque no soy especialmente piadoso. Yo era el mismo de siempre, pero Yudel lo tomó como el mejor de los signos, y pensó que probaba que yo tenía una exagerada piedad escondida.



"¡Ahí tienen un judío!" gritaba en la calle. "¡Tierra de Palestina! ¡Ahí tienen un judío!"



En resumen, llenó el lugar con mi judaísmo y mi ortodoxia escondida. Yo miraba con indiferencia, pero después de un tiempo el asunto me empezó a costar tanto tiempo como dinero.



**sigue pronto*** Continuar leyendo.