domingo, junio 24, 2007

Cuento - Tierra de Palestina (Quinta y última parte)

Cuento judío - Primera parte, Segunda parte, Tercera parte, Cuarta parte.



Quinta parte



"¿Me preguntas a mí? ¿Cómo voy a saberlo? Yo sólo sé que desde que Palestina es Palestina, la gente ha ido allí a morir - eso lo sé; pero todo este labrado, plantado, y sembrado la tierra, nunca antes lo escuché en mi vida."



"Sí, Yudel, tienes razón, porque ha sido así por tanto tiempo, tu piensas que así tiene que ser - esa es la verdadera respuesta a tus preguntas. ¿Pero por qué no volver a pensarlo un poco? ¿Por qué uno sólo debería ir a Palestina a morir? ¿No es la tierra de Palestina buena como para vivir de ella? Al contrario, es uno de los mejores suelos, y cuando la trabajemos y la plantemos, cumpliremos con el precepto de redimir la Tierra Santa, y también trabajaremos para nosotros, hacia la realización de una vida honesta y pacífica. No voy a discutir contigo todo el asunto hoy. Parece que te has olvidado todo lo que los libros santos dicen sobre Palestina, y qué precepto es ir a labrar su suelo. Y otra cuestión, que toca lo que has dicho sobre que Palestina es sólo un lugar para ir y morir allí. Dime, todos esos judíos palestinos que estaban tan interesados en mi muerte, y me trajeron tierra de allí para cubrirme - dime, ¿también están allí sólo para morir? ¿Notaste que anchos y robustos eran? ¿Ha? Y ellos también, cuando escucharon que yo quería ir a vivir allí, cayeron sobre mí como animales salvajes, llenando el mundo con sus gritos, e inventaron las historias más terribles sobre mí. Bueno, ¿qué dices, Yudel? Te pregunto."



"¿Acaso lo sé?" dijo Yudel, con un gesto de la mano. "¿Está mi cabeza para pensar cosas como esas? Pero dime, te lo ruego, qué tiene de bueno para tí comprar tierra en Palestina y meterte en problemas por todos lados?"



"¿Tu preguntas en qué me beneficia? Quiero vivir, ¿escuchas? ¡Quiero vivir!"



"Si no puedes vivir sin tierra de Palestina, porque no te hiciste de un poco de ella antes? ¿Nunca has querido vivir hasta ahora?"



"Oh, Yudel, tienes razón ahí. Confieso que hasta ahora he vivido en un engaño, yo pensé que estaba viviendo; pero - ¿Cómo es el dicho? - mientras el trueno hace silencio..."



"¡Un trueno te ha golpeado!" interrumpió Yudel, mirando con compasión en mi rostro.



"Lo voy a explicar brevemente. Debes saber, Yudel, que he tenido negocios aquí por un largo tiempo. Trabajé fielmente, y mi jefe estaba satisfecho conmigo. Era estimado y me miraban con aprecio, y nunca se me ocurrió que las cosas cambiarían; pero los hombres malos no pueden soportar verme que me iba tan bien, y trabajaron duro contra mí, hasta que un día el negocio fue tomado por el hijo de mi empleador; y mis enemigos se beneficiaron de la oportunidad, para cubrirme con calumnias de la cabeza a los pies, difundiendo informes sobre mi que hacen a uno temblar al escucharlos. Eso siguió así hasta que el jefe comenzó a mirarme receloso. Al principio recibí pinchazos, indirectas maliciosas, luego las cosas se pusieron peor y peor, y al final comenzaron a abusarme, y un día me echaron de la casa, y me tiraron en una zanja. En el presente, cuando hube revivido toda la situación, vi que podían hacer conmigo lo que querían. No tenía a nadie en quien confiar, mis buenos amigos de entonces se mantenían alejados de mí, porque yo había perdido todo el valor a sus ojos; con algunos porque, como es la costumbre con la gente, no se tomaron el trabajo de averiguar cuál era la razón de mi caída pero, oyendo todo lo que se decía contra mí, concluyeron que yo era el que estaba equivocado; otros, otra vez, porque deseaban quedar bien con mis enemigos; el resto, por razones sin número. En resumen, reflexionando sobre todo esto, vi que el juego estaba perdido, ¡y que no se podía saber lo que me podría pasar! Antes hubiera cargado con mis problemas pacientemente, con el coraje que es natural en mí; pero ahora siento que mi coraje se escapa, y tengo miedo de que finalmente caiga en mis propios ojos, en mi propia estimación, y sea llevado a creer que no valgo nada. Y todo eso porque debo acudir a éllos, y recibir todos los insultos que elijan tirarme, y cada marginado me tiene a su merced. Por eso es por lo que quiero juntar la fuerza que me queda, y comprar una parcela de tierra en Palestina, y, Dios mediante, me voy a convertir medio en un dueño de casa - me entiendes?"



"¿Por qué tiene que ser justo Palestina?"



"Porque no debo, y no puedo, comprar en ningún otro lugar. He intentado buscar un lugar en otros lados, pero tenían miedo de que les iba a llevar la delantera, así que cayeron sobre mí, y me convirtieron en un desastre. Allí voy a ser yo mismo propietario - eso primeramente, y en segundo lugar, una gran cantidad de parientes míos están enterrados allí, en el país en que vivieron y murieron. Y aunque tu me consideres ´uno de ellos,´ te digo que yo pienso mucho sobre ´los méritos de los padres,´ y que me resulta muy placentero pensarme viviendo en la tierra que me va a recordar a tan queridos antepasados. Y aunque va a ser difícil al principio, la memoria de mis ancestro y el pensamiento de proveer a mis hijos con una esquina propia y pan honestamente ganado me va a dar fuerza, hasta que consiga ser alguien. Y espero que voy a llegar a ser alguien. Recuerda, Yudel, ¡creo y espero! Verás, Yudel - tu sabes que nuestros hermanos consideran a la tierra de Palestina como un hechizo contra ser comido por los gusanos, ¿y tu crees que me río de eso? ¡No, yo creo en eso! Es muy, muy cierto que mi tierra de Palestina me va a preservar de los gusanos, sólo que no después de la muerte, no, pero vivo - de tales gusanos como los que devoran y muerden y envenenan toda la vida!"



Yudel se rascó la nariz, frotó el sombrero en su cabeza, y emitió un profundo suspiro.



"¡Sí, Yudel, tu suspiras! ¿Ahora sabes lo que quería decirte?"



"¡Ett!" y Yudel hizo un gesto con su mano. "¿Qué tienes que decirme? - ett!"



"¡Oi, ese ´ett´ tuyo! ¡Yudel, lo conozco! Cuando no tienes nada que responder, y debes pensar, y pensar en algo para responder, te refugias en ´ett´! Sólo considera por una vez, Yudel, tengo un plan para tí también. Recuerda lo que has sido, y en lo que te has transformado. Te han pateado, enviado aquí y allá, desde tu infancia. No tienes una casa, ni una esquina, te has transformado en un mendigo, un vagabundo, un don nadie, despreciado y evitado, con hábitos desagradables, y viviendo una vida de perros. Tienes muy buenas cualidades, una cabeza clara, e inteligencia aguda. ¿Pero para que propósitos las usas? Desperdicias toda tu inteligencia en meterte por la puerta trasera y persuadir en que la sirvienta te de un pedazo de pan, y que la señora de la casa no se entere. ¿No puedes inventar una forma, con ese cerebro vivo tuyo, de cómo ganártelo por tí mismo? Ve aquí, me voy a comprar un poco de suelo en Palestina, ven conmigo, Yudel, y tu trabajarás, y serás un hombre como los otros hombres. Tu eres lo que ellos llaman un "huérfano viviente," porque tu tienes muchos padres; y no te olvides que tienes un Padre que vive, y que sólo está esperando que crezcas bien. Bueno, ¿cuánto tiempo más vas a vivir entre extraños? Hasta ahora no has pensado, y la vida te ha encajado, te haz acostumbrado a los golpes y las ofensas. Pero ahora que- que- nadie te deja entrar, tus ojos se deben haber abierto para ver tu condición, y has comenzado a desear que sea diferente. ¡Sólo comenzado desear! Ves, tengo suficiente que comer, y sin embargo mi posición se me ha hecho odiosa, porque he perdido mi valor, y estoy en peligro de perder mi humanidad. Pero tu estás hambriento, y uno de estos días morirás de hambre en la calle. Yudel, piénsalo un poco, porque si tengo razón, vas a ser como las otras personas. Tu Padre verá que te has convertido en un hombre, se reconciliará con tu madre, y tu serás un ´hijo del padre,´ como lo eras antes. Hermano, Yudel, piénsalo bien!"



Le hablé a mi Yudel un largo, largo tiempo. Mientras tanto, la noche había pasado. Mi Yudel se estremeció, como despertándose de un profundo sueño, y se fue, lleno de pensamientos.



Al abrir la ventana, me saludó una amistosa sonrisa de la estrella de la mañana, que se asomaba entre las nubes.



Y comenzó a amanecer.



FIN