jueves, mayo 31, 2007

Escuchenlón

Hoy fue un día largo para mí en el trabajo. Luego del laburo en los dos lugares (al norte y al sur de Jerusalén respectivamente), fui a tomar un café con una amiga que hizo aliá hace cuatro meses. Después me subí al auto para emprender el retorno de Jerusalén a Rishon. Prendí la radio porque mi amiga me había dicho que había controles a la salida de la ciudad por alarma de ataque terrorista. No escuché nada de eso. Pero la radio me regaló 10 minutos de palabras de la gente de Sderot, esos que están bajo los Qassam palestinos. Esos que viven en la ciudad vacía. Los de mejor pasar se fueron hace rato, se mudaron. Los de clase media están temporalmente en la casa de amigos o en hoteles en el centro del país. Los que quedaron allí son la clase baja, los que no tienen como irse, los que no pueden dejar sus negocios, aún cuando los almacenes ya no vendan nada porque no hay clientes. Un hombre decía que su hija de tres años cantaba la alarma de ataque aéreo que suena muy seguido, demasiado seguido, en Sderot: "'Tzeva adom, tzeva adom' canta mi hija," dijo el hombre. "Color rojo, color rojo" grita la alarma varias veces por día. Y la voz de la nena diciendo "no hacen nada, papá. No hacen nada." El papá no le explicó, contaba a la radio, que salió de su casa para trabajar a la mañana, y se encontró con restos del cohete asesino en el patio. Que se encuentran con la realidad en todas partes. Que es lo que define a esta ciudad auto-evacuada a medias. Y de esa otra persona que oí hablar en hebreo, en seguida me di cuenta que era argentino. O lo había sido. Ahora era israelí. Y sus palabras, con ese acento porteño, imposible de borrar, me conmovieron: "nos enloquecimos," dijo. "le dan a mis hijos Ritalín en la escuela y yo les tengo que dar Valium en casa?" Palabras de Sderot que en el mundo no se escuchan, pero que acá suenan cada vez más fuerte. Cuando venga la guerra sobre Gaza, no digan que no les avisamos. El argentino les avisó. Escuchenlón.