jueves, abril 26, 2007

Nuevos ensayos sobre el sionismo (2)

Siguiendo con la reseña (más parece un resumen) de los artículos del libro "Nuevos Ensayos sobre el Sionismo" hoy nos toca el segundo artículo, escrito por Yoram Hazony, y titulado "El Guardián de los Judíos". Para los que hayan leído el libro que recomendé hace un tiempo del mismo autor, "The Jewish State", este artículo no es una repetición, desarrolla un tema nuevo.



El artículo está dividido en dos: en la primera parte analiza qué significa que Israel sea el Guardián de los Judíos desde un aspecto físico, digamos de sobrevivencia. Sin embargo, Y. Hazony dice que remarcar esta necesidad ya no es suficiente; Israel debe ser también un espacio protegido para que los judíos puedan crear la cultura judía, la cual va a asegurar la sobrevivencia del judaísmo a la larga, y ser capaz de aportar nuevas respuestas a las preguntas que se hace toda la humanidad. Vamos por partes.



Respecto de la protección física de los judíos, Y. Hazony no dice que Israel debe interpretarse sólamente como un "refugio seguro" como se hace tradicionalmente dentro del sionismo. Dice que ésta no era la idea que, por ejemplo, Edmund Burke tenía del servicio que un estado proporciona a los miembros de su nación:

Los británicos, por supuesto, no construyeron el poderío de su ejército y su servicio exterior para hacer que su isla sea el único lugar donde un inglés pueda esconderse de los peligros del mundo. Como es evidente del pasaje anterior [no citado], el propósito del poderío británico era hacer el mundo seguro para los ciudadanos de esa nación, así que sin importar dónde los llevaran sus asuntos, sus enemigos tendrían que tener en cuenta la real posibilidad de una intervención británica -- y, de hecho, de la venganza británica.


Es decir, el propósito de Israel debe ser también hacer el mundo seguro para los judíos. Y de aquí esas grandes acciones como el secuestro de Eichmann (venganza/justicia), el rescate de Entebbe (protección) y simples temas "menores" como la renovada confianza de los judíos de la diáspora en sí mismos luego de la Guerra de los Seis Días, o el trato de igual a igual que se le da a los judíos en el mundo.



Burke, que escribió en 1781, había argumentado que ya que los judíos no tenían estado, el mundo entero debía actuar como su protector. Hazony dice que el Holocausto demostró que no hay otro país salvo Israel que pueda llevar a cabo esa función.

La simple verdad es que los alemanes estaban dispuestos a hacer reales sacrificios para conseguir la extinción de los judíos, mientras que los aliados no estaban preparados para hacer ni siquiera remotamente comparables sacrificios para salvarlos. Y la razón de esto es que el propósito del estado inglés, así como de su hija Norteamérica, es de hecho lo que Montesquieu dijo que era: la creación de las condiciones para la libertad política. Este es, sin duda, uno de los más nobles propósitos que algún estado nacion haya tomado a su cargo, y al promoverlo, estos estados han mejorado muchísimo la situación de la humanidad [...] Sin embargo, un estado cuyo propósito principal es la consecusión de la libertad política no puede se contado para actuar como un estado cuyo propósito sea lograr, con constancia y con vigor, el bienestar y los intereses del pueblo judío. Para esto uno debe tener un estado cuyo propósito sea ser el guardián de los judíos. Para esto se necesita un estado judío.


Y esta idea no pierde vigencia (aún cuando sea hoy incómoda para algunos judíos que creen que se marcha hacia la disolución de las barreras nacionales). Ya Herzl lo había tratado directamente en El Estado Judío:

Puede ser dicho... que no debemos crear nuevas distinciones entre los pueblos [creando un estado judío], que no debemos levantar nuevas barreras, sino hacer que las viejas desaparezcan, en cambio. Yo les digo a aquellos que piensan así que son unos románticos adorables. Pero la idea de la patria va a seguir floreciendo mucho después de que el polvo de sus huesos haya sido diseminado por el viento sin dejar rastros... Los judíos, como cualquier otra nación, siempre van a tener suficientes enemigos.


Y de hecho, Hermann Cohen, filósofo judío alemán, sostenía esta idea romántica-utópica. En 1915, sólo 18 años antes de la crisis que llevó a los nazis al poder en Alemania, escribía:

La unidad interna (inner commonality) entre los alemanes y el judaísmo debe ser ahora evidente para todos. El concepto de humanidad tiene sus orígenes en el mesianismo de los profetas de Israel... Ahora, sin embargo, al Mesías se lo puede encontrar otra vez... dentro del marco del espíritu alemán... los judíos en Francia, Inglaterra y Rusia también son sujetos al deber de lealtad a Alemania, porque Alemania es la madre patria de sus almas... Por lo tanto, con independencia de los prejuicios comunes, me atrevo a afirmar que la igualdad de los judíos en Alemania está más profundamente arraigada que en ningún otro lugar.


Y bueno... de Hermann Cohen toma su ideas Martin Buber, Judah Magnes y el resto de los judíos antisionistas no religiosos en Israel. Aún cuando todos estos son refugiados del nazismo... es cierta la frase que dice que ciertos errores son tan grandes que sólo pueden ser cometidos por intelectuales.




La segunda parte del artículo de Y. Hazony abre con la declaración de que por más que la necesidad de Israel como guardián físico de los judíos sea tan relevante hoy como ayer, ya no atrae tanto ahora que el recuerdo del Holocausto pasa a los libros de Historia.



Sin embargo, hay otros sentidos de la palabra "Guardián", y esto es como ámbito de facilitación de la creación judía y como, justamente, "luz para los pueblos" (Or laGoim).



Hazony parte de la opinión de que hay pueblos con una misión, y hay pueblos que todavía no la han descubierto, o ya han desaparecido. Los griegos y los romanos tuvieron en su día una misión. Los norteamericanos la tienen todavía. Es lo que se llama "naciones históricas". Naciones que han contribuido con ideas a la humanidad. Los judíos somos una de ellas. Somos de hecho, el pueblo que sabe desde antes que todos los demás, que tenemos una misión y que hemos contribuido al acervo cultural de la humanidad. No sólo por la creación de la Biblia, sino por que nos hemos dedicado durante siglos y siglos a cultivar una tradición intelectual única entre las naciones. Una tradición que puede dar respuestas nuevas o preguntas nuevas. Dice Hazony que esta misión todavía no ha terminado y que Israel es necesario para llevarla a cabo. Que podríamos transformarnos en otro Montenegro, o Albania, países normales, sin nada que decir a la humanidad, pero que el mundo habla de nosotros, nos mira, nos hace preguntas y ve como resolvemos los problemas.



Sin embargo, para poder dar nuestras propias respuestas, debemos tener un cierto tipo de seguridad, dice Y. Hazony. Una seguridad interior que sin estado no se posee. Y cita a Rousseau que respondía a las críticas antisemitas sobre "lo que piensan los judíos de nosotros":

"No voy a creer jamás que he escuchado los argumentos de los judíos hasta que ellos no tengan un estado libre, escuelas, y universidades, donde puedan hablar y disputar sin riesgo. Sólo entonces voy a saber lo que ellos tienen que decir."


Hazony resalta que Rousseau no dijo que la voz judía distintiva aparecería cuando haya más tolerancia con los judíos en el discurso público europeo, sino que hay un reconocimiento de que la igualdad política no necesariamente lleva a la independencia cultural e intelectual y que para eso hacen falta otras cosas.



Hazony da el ejemplo de las universidades o los monasterios, que son lugares de intercambio de opiniones y crítica, pero también de reclusión, para poder tener la seguridad de elaborar nuestras propias respuestas en un clima de crítica amiga, no en la picota pública, donde la competencia las trata implacablemente de destruir. Vendría a ser como una incubadora de ideas, necesaria hasta que se desarrollan y pueden sobrevivir por sí mismas. Un país puede, y de hecho cumple la misma función que la incubadora. Permite la seguridad de crear una cultura propia, uno de cuyos elementos es un idioma propio, que es como el idioma académico: contribuye a filtrar las opiniones de afuera. Israel, entonces, es necesario como centro cultural del pueblo judío, tanto para los israelíes como para los judíos de la Diáspora.