domingo, abril 22, 2007

Nuevos ensayos sobre el sionismo (1)

Un libro muy bueno y educativo que me compré y leí hace poco es “New Essays on Zionism” editado por David Hazony, Yoram Hazony y Michael B. Oren. Contiene 15 ensayos, algunos más académicos, otros más personales, que intentan poner contenido nuevo en el sionismo, ya que una idea se combate con otra idea. Es más fácil destruir algo que crearlo, y a eso apuntan los autores: dar herramientas para pensar el futuro de Israel como Estado Judío, que para eso fue creado. A continuación, hago un pequeño resumen de los puntos tocados por cada artículo y recomiendo especialmente el libro para aquellos que estén interesados en el tema y que sepan leer en inglés. Es un libro que realmente aporta cuestiones nuevas, que no he visto en otros lados.



La introducción presenta el problema, en una concisa pregunta. Ahora que finalmente tenemos el Estado de Israel luego de 2000 años de vivir únicamente en la diáspora ¿Debe existir este estado? ¿Es importante que exista un Estado Judío?

“Este pequeño, precariamente ubicado estado judío, ¿tiene una importancia moral, política o religiosa que pueda justificar las penurias involucradas en mantenerlo, en defenderlo? Y si tiene tal importancia, ¿es algo que le concierna también a los no judíos también, o es un tema que incumbe sólo a los judíos?"


Hace un tiempo, el tema parecía saldado y el Holocausto fue la última muestra de que el Estado Judío era una necesidad para el pueblo judío (hubo otras antes). Muchísimos amigos del pueblo judío lucharon y dieron su vida por el ideal sionista --por ejemplo Orde Wingate, el que entrenó y dirigió a la Haganá, conocido desde siempre entre los judíos por el apodo que le dieron: "Hayedid" (El Amigo). El antisionismo era sólo un tema de excéntricos y antisemitas. La URSS, patrón de los árabes, claramente lo utilizaba como estrategia para presionar a Occidente. Hoy, con el colapso de la Unión Soviética -ver Zionología- y con la pérdida de la generación que vivió el Holocausto, se puede ser antisionista sin ser automáticamente catalogado de antisemita.



Los editores consideran que no se debe ignorar la cuestión, sino que hay que luchar y educar por nuestras ideas, por el sionismo, entre ellas. La segunda intifada renovó el interés por el sionismo (y multiplicó la propaganda antisionista árabe en todos los ámbitos). El libro se propone dar contenido a este nuevo sionismo.


El primer artículo, de Ruth Gavison (una de las juezas nominadas a la Corte Suprema israelí, aunque no la que finalmente ganó) se llama “El Estado Judío: una Justificación”. El artículo es muy completo, ya que provee un repaso de todas las áreas en que el Estado de Israel es judío: desde que Pesaj sea feriado nacional en lugar de Pascua, hasta la ley de retorno. Asimismo es novedoso porque considera que la justificación de un estado judío no se mantiene a un nivel constante, sino que varía con el tiempo. Debe pesarse el relativo “mal” que se le hace a los árabes al mantener un espacio público que es judío, donde el lenguaje es el hebreo (el control de la esfera privada queda por supuesto, como en toda democracia, a discreción de cada individuo), con el relativo mal que se le haría al pueblo judío si este estado no existiera. Gavison considera que el estado de Israel tiene el derecho de mantener y asegurar la protección de sus propios rasgos culturales, rasgos que se van perfilando de acuerdo a la historia del pueblo israelí y judío, y que este derecho está sustentado en la voluntad de la mayoría, que así lo desea.

“Una menos obvia, pero podría decirse que mayor ventaja de un estado judío es el reforzamiento cultural que le ofrece a los judíos seculares, cuyas identidades judías son más flexibles y generalmente carecen de las salvaguardas internas que poseen sus pares ortodoxos. Porque sólo en Israel, con su cultura pública judía, puede la identidad judía ser dada por sentada como la opción por default, y el cultivo de cualquier otra identidad requiere de un esfuerzo especial – el tipo de esfuerzo que le es tan familiar a los judíos de la Diáspora, que deben luchar diariamente para mantener sus vínculos con el judaísmo.”



“…Desde el comienzo del movimiento sionista, el pueblo judío ha presenciado la creación, en hebreo, de innumerables obras nuevas de literatura, poesía, y filosofía, cuyas fuentes de inspiración son las creencias, costumbres, e historia judías. Esta inmensa actividad creativa beneficia a los judíos en todas partes, porque les ofrece nuevas y amplias posibilidades para identidades judías que no sean dependientes de la halajá, o ley judía.”



“Para los judíos tanto en Israel como en la Diáspora, entonces, la pérdida del estado judío significaría la pérdida de todas estas ventajas. Sin un estado judío, los judíos volverían a tener el estatus de minoría cultural en todas partes. Y como sabemos por la historia, la vuelta de los judíos al estatus de minoría probablemente implicaría el miedo constante a una resurgencia del antisemitismo, persecución e incluso genocidio – además de necesitar dedicar todavía más recursos a prevenir la asimilación.”


Y Gavison también aporta una mirada novedosa:

“Como hemos visto, el carácter judío del Estado de Israel no, por sí mismo, significa violar los derechos humanos básicos de los no judíos o el carácter democrático del país. Los no judíos podrán no disfrutar del sentimiento de completa pertenencia en la cultura mayoritaria; esto, sin embargo, no es un derecho sino un interés – nuevamente, es algo que las minorías nacionales o étnicas casi por definición no disfrutan – y su ausencia no socava la legitimidad de la democracia israelí. […] Una mirada honesta a la tradición democrática revelará que la tensión real no es entre los aspectos “judíos” o “democráticos”, sino entre ideas distintas y en competencia dentro de la democracia, que está forzada a encontrar un balance entre la igualdad cívica completa y la libertad de la mayoría para marcar el rumbo de la nación.”


Finalmente, respecto de la Ley del Retorno:

“Hay quienes argumentan que la Ley del Retorno es racista, una de las pruebas más claras de que los árabes israelíes son víctimas de una discriminación estatal. Este argumento no tiene bases. La ley no discrimina entre ciudadanos. Determina quién puede convertirse en uno. El principio de repatriación en un estado nación está basado en la moralidad política y la ley internacional. La resolución de las Naciones Unidas de 1947 aprobando el establecimiento de un Estado Judío estaba dirigida a que los judíos pudieran controlar la inmigración a su propio país.”

Otro día continuo con el resto del libro.