domingo, diciembre 24, 2006

Guerra en el Golán - War in the Golan






Ultimamente se habla de entregarle el Golán a Siria a cambio de un tratado de paz (que no vale el papel en el que está escrito), y así de golpe perder el 30% del agua de Israel, y luego, si Siria cumple con su promesa de asentar 70.000 personas en el Golán, convertir al Mar de la Galilea, principal reservorio de agua de Israel, en una charca inmunda de desechos cloacales sirios. Además perderíamos las instalaciones de radar más potentes de Medio Oriente, "los ojos" de Israel. Y esos "beneficios" los obtendríamos si Siria cumple con el tratado de no remilitarizar el Golán, algo que no cumple en el caso del Líbano, donde se ha ocupado de remilitarizar al Hezbollá violando la resolución 1710 de la ONU. Si Siria no cumpliera con el compromiso de no remilitarizar el Golán, bueno... tendríamos beneficios como los que comento aquí abajo.



Me tomé el trabajo de traducir unas páginas del libro que acabo de leer de Michael B. Oren, "Six Days of War. June 1967 and the Making of the Modern Middle East" (Seis días de guerra. Junio de 1967 y la creación del Medio Oriente moderno), p. 280-284. En el que cuenta el primer combate entre Israel y Siria de la guerra en el quinto día (Siria ya venía bombardeando incesantemente hasta reducir a polvo los kibutzim israelíes de la Galilea desde el primer día de guerra - donde los hombres, mujeres y niños estaban encerrados en los refugios- pero Israel no respondía porque no podía abrir un tercer frente de combate).



¿Disfruten?



De Michel B. Oren, “Six Days of War” Día 5, 9 de Junio de 1967. p. 280-284



Entre Hammer y Pincer



Ahora con más aviones que blancos, disparando cohetes tomados de los stocks egipcios capturados, la fuerza aérea se puso a trabajar. Comenzando a las 9: 40 AM, los jets israelíes llevaron a cabo docenas de misiones y dejaron caer cientos de toneladas de bombas en las posiciones sirias desde el Monte Hermón a Tawafiq. Las baterías de artillería y los depósitos fueron eliminados, y las columnas de transporte desviadas de los caminos. Pero las bombas no podían ni rasguñar los bunkers y los sistemas de trincheras que dominaban el territorio israelí y cubrían cada ruta hacia arriba del Golán. Elazar (Nota T.: el comandante israelí del frente norte) de todas maneras redobló las descargas para proveer tiempo para limpiar senderos a través de los campos minados de un kilómetro y medio de ancho, y para quebrar la moral siria.



Si no rota, la moral de Siria había sido por lo menos seriamente rajada. Convencidos de que los israelíes estaban cansados e intimidados por el bombardeo de sus asentamientos, los sirios no estaban preparados para la ferocidad del bombardeo de la IAF (Fuerza Aérea Israelí). El coronel Ahmad al-Mir, comandante del sector central, reportó 163 misiones aéreas enemigas en sólo tres horas; 52 de sus soldados fueron muertos y 80 heridos. El impacto fue psicológico también, ya que un número de oficiales de alto rango desertaron, para ser seguidos por muchas de sus tropas. Al ser ordenado que refuerce las posiciones del frente, el General Mayor ´Awad Baha, jefe de operaciones, apuntó a la falta de cobertura aérea y descartó la orden como “suicida.” Una respuesta similar provino de la Brigada Mecanizada 70, estacionada afuera de Quneitra. Su comandante, el Coronel ´Izzat Jadid, se rehusó a contraatacar, incluso de noche, y en cambio guió a sus tanques de vuelta a Damasco. A pesar de que la radio Siria describió los ataques aéreos como un esfuerzo anglo-americano para “salvar a los israelíes de la destrucción,” no había forma de encubrir el daño.



A pesar de todo, la masa de las fuerzas sirias permanecieron en sus bunkers, lista para luchar. La mayor concentración estaba en el sector central, donde tres brigadas y 144 piezas de artillería estaban apuntadas al así llamado camino de la Customs House – el eje más directo a Quneitra y por eso el más probable a ser tomado por los invasores. Se le ordenó al ejército bloquear esa ruta a toda costa, agazaparse y conservar la munición. “Eviten abrir fuego,” dijo el Jefe de Estado Mayor Suweidani a sus comandantes. “Hemos pedido la intervención de las Naciones Unidas. Estamos esperando una respuesta en cualquier momento.”



Al contrario de las expectativas sirias, los israelíes no estaban planeando tomar el camino de la Customs House, por lo menos no en el ataque inicial. El Plan Hammer (Martillo) ordenaba aplastar rápidamente la defensa del frente enemigo donde el enemigo menos lo esperaba – en el norte, cerca de Kfar Szold, y al sur del Mar de la Galilea. Pero los masivos embotellamientos de tráfico causados por las fuerzas moviéndose en dirección norte desde el Margen Occidental y el Sinaí retrasaron indefinidamente el asalto del sur. En cambio, el empuje secundario israelí sería hecho en el sector central, entre las fortalezas de Darbashiya y Jalabina. Elazar esperaba que el primer asalto sería sangriento, casi prohibitivamente. Trepando terreno rocoso extremadamente escarpado (660 metros), en pleno día – el ataque original supuestamente debía haberse hecho de noche – la primera oleada sería totalmente expuesta al fuego sirio. Se tendría que mover rápidamente, llegando a las rutas de patrullaje que conectaban todas las fortificaciones de Siria y luego capturando también las fortificaciones, que estaban estratégicamente posicionadas para cubrirse con fuego unas con otras. Estaban ceñidas con minas y alambre de pua, y erizadas con bunkers de concreto y torretas de ametralladora.



“Si este es el plan, sepa que es un suicidio,” le dijo Abraham Mendler a Elazar, cuando se le informó de su tarea. Los Shermans de la octava Brigada mecanizada – los únidos tanques israelíes en el frente – estaban gastados de la fuerte lucha en el Sinaí y su tripulación exhausta. Ahora se les estaba pidiendo que rompieran las más formidables defensas sirias, en plena luz del día, sobre terreno casi impasable. En efecto, apenas habían salido a las 11:40 AM y comenzaron a escalar la montaña, cuando la columna de Mendler se encontró bajo ráfagas de fuego de los tanques sirios atrincherados.



“Al principio, no teníamos nada de miedo,” dijo Yaakov Horesh, miembro de la tripulación de un tanque del Batallón 129 de la 8º Brigada. “Los bulldozers corrían frente a nosotros, limpiando el alambre y las minas. Pero entonces el cielo se abrió. Los bulldozers fueron destruidos… los camiones fueron volados por los aires. ¡De golpe, fuimos alcanzados!... Subí hacia la escotilla de la torreta y vi que el tanque estaba en llamas y que yo me estaba quemando con él. Escuché disparos, oí que alguien en la radio estaba solicitando cobertura aérea. Decidí que era mejor que me disparen antes que quemarme vivo, y me tiré de la torreta… Ellos (los soldados israelíes) me levantaron y me pusieron en la cubierta de otro tanque. Yo estaba todavía en llamas.”



Cinco de los ocho bulldozers fueron golpeados inmediatamente, sus carcasas en llamas fueron empujadas hacia un lado por otros vehículos que siguieron avanzando. Los Shermans, con su maniobrabilidad gravemente reducida por el terreno, se movían lentamente hacia la aldea fortificada de Sir al-Dib, apuntando a la mayor fortaleza en Qala´. Las víctimas seguían aumentando, incluyendo al comandante del batallón, Arye Biro de treinta y nueve años. El oficial de reconocimiento Mayor Rafael Mokady, en la vida civil un profesor universitario, asumió el lugar de Biro, sólo para ser muerto diez minutos después. Entonces, con la situación todavía crítica, parte de la fuerza atacante perdió el rumbo y apareció enfrente de otro reducto, Za´ura, comandado por reservistas del Batallón 244 de Siria. “Si podíamos conquistar Za´ura,” testificó Mendler luego, “creí que podíamos cambiar la suerte de la batalla.” Improvisando, ordenó que los ataques sobre Za´ura y Qala´ procedieran simultáneamente.



La lucha era intensa y confusa, los tanques sirios e israelíes luchaban alrededor de obstáculos, disparando a distancias extremadamente cortas. Mendler recordó como “los sitios lucharon bien y nos ensangrentaron. Les ganamos sólo porque los aplastamos bajo nuestras orugas y los volamos con nuestros cañones a muy corta distancia, de 100 a 500 metros.” Los primeros tres Shermans que entraron a Qala´ fueron parados por un equipo de bazooka sirio. Detrás de este, una columna de refuerzo de siete T-54s (Nota T.: tanques sirios de origen soviético, superiores a los Shermans americanos que usaban los israelíes) cargaron para repeler a los atacantes. El reemplazo de Mokady, Capitán Nataniel Horowitz, recordó como, “recibimos fuego pesado desde las casas, pero no podíamos retroceder porque las fuerzas detrás nuestro estaban empujándonos hacia delante. Estábamos en un sendero angosto con minas a cada lado.” Sufriendo una herida en la cabeza – la sangre cortocircuitó la radio de su casco – y con sus mapas destruidos, Horowitz le hizo señas a sus vehículos restantes para que sigan hacia delante, y pidió un ataque aéreo sobre los vehículos enemigos. Mendler le dijo que no, diciéndole que simplemente no había aviones disponibles. “Señor,” replicó el capitán, “si no recibimos apoyo aéreo ahora mismo, es adiós, porque no creo que nos veamos nunca más.” Un par de jets se materializaron y deshabilitaron dos de los T-54´s; el resto se retiró. Los defensores sobrevivientes de Qala´ también se retiraron, luego de que su comandante, Mayor Muhammad Sa´id, fuera muerto.



Para las 6:00 PM, tanto Qala´ como Za´ura habían caído, junto con un tercer fuerte, ´Ein Fit. La ruta más accesible a Quneitra estaba abierta para los israelíes, pero su victoria había sido grandemente pírrica. Docenas de israelíes habían sido muertos y heridos, y de sus 26 tanques originales, sólo dos permanecían dispuestos para la batalla.



Una carnicería similar ocurrió todo a lo largo del sector central – en las batallas por los baluartes de Dardara y Tel Hillal, que dejaron veintiún miembros del Batallón 181 de Israel muertos y 36 heridos. Enfrentamientos desesperados también estallaron a lo largo del eje norte de Hammer, donde el Batallón 12 Barak (“Relámpago”) de la Brigada de Infantería Golani fue asignado para limpiar unas trece posiciones, incluyendo Tel Fakhr – un imponente bastión en forma de herradura, 5 kilómetros dentro de territorio sirio. Todos habían sido sujetos a prolongados ataques aéreos con la esperanza de reducir sus defensas o inducir a sus guarniciones a escapar.



Pero aquí también, los israelíes subestimaron la habilidad de los bunkers para soportar un bombardeo masivo, mientras que errores de navegación otra vez los pusieron directamente bajo los cañones sirios. Uno por uno, los nueve tanques del batallón y los diecinueve carros fueron eliminados, sus pasajeros heridos o muertos. Reuven Dangor, conductor de uno de esos tanques, se encontró como blanco de múltiples piezas de artillería. “Apenas habíamos pasado la parte sur del tel cuando sentí una sacudida violenta… el compartimiento del conductor se llenó de humo y entonces, cuando finalmente me recuperé del shock, recibimos otra explosión, más dura y mortal que la primera, en la torreta. Escapé a través de la escotilla de emergencia y busqué a los miembros de la tripulación que habían estado sentados en la torreta. Pero la torreta estaba vacía.”



Los israelíes habían sido detenidos, pero las fuerzas que los habían parado también habían recibido un vapuleo. El reporte interno de la batalla del ejército sirio proveyó una clara constancia de miedo, caos, y deserción:

Con el enemigo a sólo 700 metros de distancia, bajo fuerte bombardeo, el pelotón en la trinchera del frente se preparó para la batalla. El comandante del pelotón envió al soldado Jalil ´Issa con el comandante de la compañía para pedir permiso para resguardarse, pero ´Issa no lo pudo encontrar. El comandante del pelotón envió a otro corredor que volvió con el soldado Fajjar Hamdu Karnazi que reportó sobre la desaparición del comandante de la compañía. Cuando el enemigo llegó a 600 metros, el sargento Muhammad Yusuf Ibrahim disparó un cañón anti-tanque de 10 pulgadas y derribó al tanque que lideraba la columna. Pero entonces él y su comandante de escuadrón fueron muertos. La columna enemiga avanzó. El Sargento Primero Anwar Barbar, a cargo del segundo cañón de 10 pulgadas, no pudo ser encontrado. El comandante del pelotón lo buscó pero infructuosamente… El soldado Hajj al-Din, que fue muerto sólo minutos después, tomó el cañon y lo disparó solo, derribando dos tanques y forzando a la columna a retirarse. Pero cuando el comandante del pelotón intentó comunicar por radio la información a los cuarteles centrales, nadie respondió.


En el camino, mientras tanto, el comandante del batallón israelí, Moshe “Musa” Klein, ordenó a sus veinticinco hombres restantes a que desmonten sus vehículos, se dividieran en dos grupos, y cargaran el flanco norte y sur de Tel Fakhr. La entrada sur estaba densamente reforzada con bunkers, trincheras, y una doble línea de alambre de púa. Detrás de esto, una compañía del Batallón de Infantería 187 bajo el capitán Ahmad Ibrahim Khalili esperaba con un arsenal de cañones anti-tanque, ametralladoras, y morteros de 82 mm. “Era una de nuestras posiciones más fortificadas,” recordó. “Los ponía [a los israelíes] directamente bajo nuestras miras.”



La lucha que vino a continuación recordó la de Ammunition Hill en Jerusalén, llevada a cabo en lugares extremadamente angostos, muchas veces mano a mano. Los primeros israelíes en llegar al perímetro se tiraron boca abajo sobre el alambre de púas para que el resto de su escuadrón pudiera saltar sobre ellos. Desde allí corrieron hacia las trincheras sirias.



El Capitán Diko Takum, comandante del flanco norte de Tel Fakhr, ordenó que sus hombres no dispararan hasta que los israelíes hubieran llegado al alambre. “Los vamos a atrapar en una zona de fuego mortal,” dijo. Minutos después, el asistente de Takum, Teniente Hatim Haliq, reportó que “¡los judíos ya están adentro! ¡Hemos tenido fuertes bajas!” Takum pidió refuerzos, pero cuando no recibió ninguna respuesta, emitió órdenes para que defendieran todas las posiciones indefinidamente. “Nadie se mueve. No los dejen avanzar. Vamos a permanecer aquí o vamos a morir aquí.”



Los israelíes cargaron. Shlomo Ben Basat, un hombre enlistado en Golani, testificó:

Corrí hacia la izquierda con Kalman, mi NCO. Corrimos a través de las trincheras, limpiando los bunkers, hasta que de repente vimos una alcoba con camas y cajas dentro. Kalman me dijo, “voy a entrar y tu espera afuera.” Pero apenas había entrado [a la alcoba] fue alcanzado por una ráfaga de fuego proveniente de un sirio herido dentro. Kalman consiguió tambalearse hacia fuera – cayó y murió. Entonces el sirio salió. Me vio e inmediatamente comenzó a suplicarme por su vida. Se paró allí con su arma todavía humeante de las balas que habían matado a Kalman. Vengué su sangre.


Diez de los trece israelíes que asaltaron el flanco norte se transformaron en víctimas, mientras que sólo uno de los doce del flanco sur, Corporal Yitzhak Hamawi, permaneció en pie. “Corrimos, Musa (Klein) y yo, a través de las trincheras,” recordó. “Cada vez que un casco se asomaba, no podíamos saber si era uno de los nuestros o no. De golpe en frente de nosotros se paró un soldado al que no pudimos identificar. El comandante del batallón gritó la palabra clave y cuando el soldado no respondió, disparó una ráfaga pero falló. Saltamos fuera de la trinchera, corrimos cinco metros, y entonces Musa cayó de frente… muerto por el soldado sirio que no había podido matar. Nuestro hombre de radio esperó que se asomara de nuevo y le disparó.”



El hombre que mató a Klein fue identificado en los registros sirios como ´Ali ´Issa Hafez. Muriendo inmediatamente después que él cayó el Sargento Jamil Musa, comandante de la última trinchera que resistió en Tel Fakhr. Sólo ocho de sus defensores permanecieron bajo el Corporal Mustafá Suliman, y estos se retiraron cuando un destacamento de exploradores Golani penetraron al fuerte desde un sendero sin marcas en la retaguardia. Un solo oficial sirio, Teniente Segundo Ahmad ´Ali, y dos soldados, se rindieron. En la lucha de siete horas, los israelíes tuvieron treinta y un muertos y ochenta y dos heridos. Sesenta y dos sirios fueron muertos y veinte tomados prisioneros.



Tel Fakhr cayó, como Tel ´Azzaziat, tomado por el Batallón 51º de la Brigada Golani, y Darbashiya. A pesar de que las fuerzas israelíes habían conseguido la mayor parte de sus objetivos antes de tiempo, no habían penetrado más que trece kilómetros en territorio sirio. Estos eran los objetivos mínimos de Hammer, pero Elazar y el staff general aspiraban a mucho más que eso – a Operación Pincers y la conquista del Golán entero. Conseguir eso, estimó [el jefe del ejército israelí Yitzhak] Rabin, tomaría dos días más de combates, por lo menos.



Más allá de su destrozada primera línea, las defensas sirias estaban básicamente intactas. El Monte Hermón y el Banias en el norte y todo el sector sur entre Tawafiq y el camino de la Customs House permanecían en manos sirias. Reuniéndose esa tarde, los líderes sirios decidieron reforzar esas posiciones tan rápido como fuera posible, y mantener una descarga de artillería continua sobre los asentamientos judíos (Nota T.: asentamientos de la Galilea, dentro de Israel). El Batallón Mecanizado 17, habiendo avanzado hacia el norte de Jordania por órdenes del General Riyad (Nota T.: el general egipcio que Nasser envió para que esté a cargo del ejército jordano), fue sumariamente hecho retroceder para defender Damasco. En un discurso emitido nacionalmente, Al-Assad (Nota T.: el dictador Sirio, padre del presente dictador sirio, Bashir al-Assad) juró continuar la batalla contra la “agresión sionista imperialista,” sin tener en cuenta su costo. “El objetivo del enemigo es quebrar la moral del pueblo, para forzarlos a retirarse de su heroica posición en la batalla contra los enemigos de la nación árabe.” Los embajadores árabes en Damasco fueron convocados al Ministerio de Relaciones Exteriores y se les preguntó lo que sus gobiernos harían para asistir a Siria militarmente. Una solicitud especial se le hizo a Egipto, el aliado siria por tratado.