sábado, septiembre 02, 2006

Antisionismo es antisemitismo - Anti-Zionism is anti-semitism

Emanuele Ottolenghi in a 2003 article in The Guardian:

Were you outraged when Golda Meir claimed there were no Palestinians? You should be equally outraged at the insinuation that Jews are not a nation. Those who denounce Zionism sometimes explain Israel's policies as a product of its Jewish essence. In their view, not only should Israel act differently, it should cease being a Jewish state. Anti-Zionists are prepared to treat Jews equally and fight anti-semitic prejudice only if Jews give up their distinctiveness as a nation: Jews as a nation deserve no sympathy and no rights, Jews as individuals are worthy of both. Supporters of this view love Jews, but not when Jews assert their national rights. Jews condemning Israel and rejecting Zionism earn their praise. Denouncing Israel becomes a passport to full integration. Noam Chomsky and his imitators are the new heroes, their Jewish pride and identity expressed solely through their shame for Israel's existence. Zionist Jews earn no respect, sympathy or protection. It is their expression of Jewish identity through identification with Israel that is under attack.



The argument that it is Israel's behaviour, and Jewish support for it, that invite prejudice sounds hollow at best and sinister at worst. That argument means that sympathy for Jews is conditional on the political views they espouse. This is hardly an expression of tolerance. It singles Jews out. It is anti-semitism.



Zionism reversed Jewish historical passivity to persecution and asserted the Jewish right to self-determination and independent survival. This is why anti-Zionists see it as a perversion of Jewish humanism. Zionism entails the difficulty of dealing with sometimes impossible moral dilemmas, which traditional Jewish passivity in the wake of historical persecution had never faced. By negating Zionism, the anti-semite is arguing that the Jew must always be the victim, for victims do no wrong and deserve our sympathy and support.



Israel errs like all other nations: it is normal. What anti-Zionists find so obscene is that Israel is neither martyr nor saint. Their outrage refuses legitimacy to a people's national liberation movement. Israel's stubborn refusal to comply with the invitation to commit national suicide and thereby regain a supposedly lost moral ground draws condemnation. Jews now have the right to self-determination, and that is what the anti-semite dislikes so much.



Emanuele Ottolenghi en un artículo de 2003 en The Guardian:

¿Te indignaste cuando Golda Meir dijo que no existían los palestinos? Deberías indignarte igualmente con la insinuación de que los judíos no son una nación. Los que denuncian al sionismo a veces explican que las políticas israelies son el resultado de su esencia judía. A su entender, Israel no sólo debería actuar diferente, sino que debería dejar de ser un estado judío. Los antisionistas están preparados para tratar a los judíos en forma igualitaria y luchar contra el prejuicio antisemita sólo si los judíos abandonan su particularidad como nación: los judíos como nación no merecen simpatía ni derechos, los judíos como individuos merecen las dos cosas. Los que apoyan esta posición aman a los judíos, pero no cuando los judíos afirman sus derechos nacionales. Los judíos que condenan a Israel y rechazan el sionismo ganan su elogio. Denunciar a Israel se transforma en un pasaporte para la integración total. Noam Chomsky y sus imitadores son los nuevos héroes, su orgullo e identidad judía se expresan sólamente a través de su verguenza por la existencia de Israel. Los judíos sionistas no ganan su respeto, simpatía o protección. Es su expresión de identidad judía a través de la identificación con Israel la que está bajo ataque.



El argumento de que es el comportamiento de Israel, y el apoyo de los judíos a este país, lo que invita a sostener el prejuicio suena hueco en el mejor de los casos y siniestro en el peor. Ese argumento significa que la simpatía por los judíos es condicional con las ideas políticas que declaren. Esto es difícilmente una expresión de tolerancia. Discrimina a los judíos. Es antisemitismo.



El sionismo revirtió la histórica pasividad judía a la persecución y afirmó el derecho judío a la autodeterminación y a sobrevivir independientemente. Esto es la causa de que los antisionistas lo vean como una perversión del humanismo judío. El sionismo contrae la dificultad de lidiar a veces con dilemas morales imposibles, que la tradicional pasividad judía debida a la persecución histórica nunca tuvo que hacer frente. Negando el sionismo, el antisemita está argumentando que el judío siempre debe ser la víctima, porque las víctimas no hacen el mal y merecen nuestra simpatía y apoyo.



Israel se equivoca como todas las otras naciones: esto es normal. Lo que los antisionistas encuentran tan obceno es que Israel no es ni un mártir ni un santo. Su indignación rechaza la legitimidad del movimiento de liberación nacional de un pueblo. El rechazo obstinado de Israel a cumplir con la invitación a cometer un suicidio nacional y de esta manera volver a ganar el terreno ético supuestamente perdido causa condena. Los judíos ahora tienen el derecho a la autodeterminación, y eso es lo que el antisemita odia tanto.