miércoles, abril 26, 2006

Luego del Holocausto - After the Holocaust


Decidí traducir un artículo que apareció en Haaretz que me pareció muy bueno y da para discutir. Toca el tema del Holocausto y la existencia de Dios.

Luego del Holocausto
Por Yair Sheleg

Como cualquier persona sensata, incluso el creyente sensato debe poner su mundo (de fe) bajo la prueba del Holocausto. Haim Cohen, el juez de la Corte Suprema, ya fallecido, expresó agudamente los sentimientos de muchos que perdieron su fe luego del Holocausto cuando escribió: "Llegué a la conclusión interna de que estoy siéndole piadoso a un Dios en el que no creo. Si creyera en su existencia, lo debería odiar".

Esta no es una conclusión necesaria: el concepto de Dios todavía tiene un lugar luego de Auschwitz, pero su sentido debe pasar por un proceso de deliberación y purificación. Es dudoso que todavía quede lugar para adherirse a la simple creencia que trata al Todopoderoso como una especie de abuelo que se sienta en el cielo, y mantiene vigilancia constante sobre el mundo (las plegarias "Tate Tate" [Padre Padre] de los hasidim bratislavos son un ejemplo de esto). Pero esta fe es ciertamente extremadamente problemática luego del Holocausto.

De hecho, los teólogos se han dado cuenta de ésto, pero las masas de creyentes, incluyendo a muchos de los rabinos, se aferran a los viejos conceptos de recompensa y castigo, hasta que llegan a malvados absurdos. Y por eso hay un argumento prevalente dentro de los círculos ultra-ortodoxos que dice que el Holocausto fue un castigo porque el pueblo judío se estaba volviendo laico, y los círculos ultra-sionistas del Merkaz Harav [Centro del Rabino] mantienen desde las últimas décadas que el Holocausto es un castigo divino por otro pecado - abandonar la tierra de Israel.

La dificultad de abandonar los conceptos aceptados se refleja no sólo en estas respuestas exasperantes, sino también en las "buenas" respuestas que se esconden detrás de eufemismos, como ser "no podemos entender la lógica divina." Este argumento no fue aceptable para Abraham, quien rogó incluso por la gente de Sodoma en términos de la moralidad humana ("No debe el Juez de toda la Tierra juzgar justamente?") y no trató de esconderse detrás de una "lógica divina." Un sonado eufemismo es la frase hester panim, o "ocultamiento de la cara," que se refiere a la noción de que la presencia de Dios está oculta a la percepción humana. En otras palabras, Dios eligió esconderse justamente durante el Holocausto.

Con todo su palabrerío eufemístico, la frase hester panim esconde detrás de sí la cuestión real, que es: en el mundo que nosotros conocemos, no hay una revelación divina. No importa cual sea nuestro concepto de Dios, no puede incluir esta revelación. Yeshayahu Leibowitz con su clara manera de decir las cosas, lo explicó bien: Olam ke-minhago noheg (el mundo mantiene su curso natural) - esta es la manera en que Dios eligió gobernar el mundo. En otras palabras, eligió manejarlo como si Él no existiera. El Dios del creyente desilusionado es un código abstracto para todo lo que está más allá de lo que entendemos.

En tal situación, ¿cuál es el sentido práctico de la fe? El autor Zvi Kolitz hace que su personaje Yosl Rakover (un ficticio Ger hassid, que ajusta las cuentas con Dios minutos antes de morir en el guetto de Varsovia) expresa un significado posible: "Ahora esta Torá es todavía más santificada e inmortalizada por la manera en que fue violada por los enemigos de Dios...lo amo a Él [Dios - Y.S.] Pero amo a su Torá todavía más...Dios ordena la religión, pero su Torá ordena una forma de vida."

Las dos partes de la cita contienen dos sentidos diferentes de la adherencia al judaísmo luego del Holocausto. Una es de alguna manera pragmática, pero de un valor enorme: Debemos aferrarnos al judaísmo porque abandonarlo significa completar las acciones de Hitler.

Como el filósofo Emil Fackenheim, que luego del Holocausto acuñó la mitzvá [deber] número 614, que es más importante que todos los otros 613 deberes rituales - el deber del pueblo judío de sobrevivir - se puede decir que la existencia del judaísmo después del Holocausto es también una mitzvá central. Y descuidarla, Dios no lo quiera, dice retrospectivamente que esos judíos murieron en vano, porque murieron en nombre de una identidad que no tiene sentido mantener.

La segunda parte expresa la misma verdad tanto en forma negativa (mantenerse judío para no violar la memoria de aquellos que fueron asesinados), y positivamente: Incluso si la fe en Dios, por lo menos en su imagen viviente y concreta, perdió su sentido luego del Holocausto - tiene valor adherir a la Torá, la manera judía de vivir, la aspiración eterna por la santificación, incluso sin Dios.


This is a copy of this interesting article that was published in Haaretz about the Holocaust and the existence of God.

After the Holocaust

By Yair Sheleg

Like any sensitive person, even the sensitive believer must put his world (of faith) to the test of the Holocaust. The late Supreme Court justice Haim Cohen gave sharp expression to the feelings of many who lost their faith following the Holocaust when he wrote: "I came to an internal realization that I am being merciful to a God I do not believe in. If I believed in his existence, I would hate him."

This is not a necessary conclusion: The concept of God still has a place after Auschwitz, but its meaning must undergo deliberation and purification. It is doubtful there was ever room to adhere to the simple belief, which treats the Almighty as a sort of old grandpa who sits in heaven, and keeps constant watch over the world (the "Tate Tate" prayers of the Bratslav Hassidim are an example of this). But such faith is certainly extremely problematic after the Holocaust.

Theologians are indeed aware of this, but the masses of believers, including many of the rabbis, cling to the old concepts of reward and punishment, until they reach evil absurdities. And thus there is a prevalent claim within ultra-Orthodox circles that the Holocaust was punishment for the Jewish people becoming secular, and the ultra-Zionist Merkaz Harav circles also have widely held in the past few decades that the Holocaust is a divine punishment for another sin - abandoning Eretz Israel.

The difficulty of letting go of the accepted concepts is reflected not only in these exasperating answers, but also in the "nicer" answers that hide behind euphemisms, such as that "we cannot understand divine logic." That argument was not acceptable to Abraham, who pled even for the people of Sodom in terms of human morality ("Shall not the Judge of all the earth deal justly?") and did not try to hide behind "divine logic." One rung up, but still euphemized, comes the phrase hester panim, or "hiding of the face," which refers to the notion that God's presence is hidden from human perception. In other words, the Lord chose to hide precisely during the Holocaust.

With all its euphemized wording, the phrase hester panim conceals behind it the real thing, which is: in the world known to us, there is no state of divine revelation. Regardless of our concept of God, it cannot include his revelation. Yeshayahu Leibowitz in his sharp manner put it well: Olam ke-minhago noheg (the world maintains its natural course) - that is the way in which God chose to run our world. In other words, he chose to run it as though he did not exist. The God of the disillusioned believer is an abstract code for all that is beyond our understanding.

In such a situation, what is the practical meaning of faith? Author Zvi Kolitz has his character Yosl Rakover (a fictional Ger Hassid, who settles accounts with God minutes before dying in the Warsaw Ghetto) express a possible meaning: "Now this Torah is the more sanctified and immortalized by the manner of its rape and violation by the enemies of God... I love Him [the Lord - Y.S.]. But I love His Torah more... God commands religion, but His Torah commands a way of life."

The two parts of the quotation contain two different meanings of Jewish adherence following the Holocaust. One is somewhat pragmatic, but of tremendous value: We must cleave to Judaism because abandoning it supposedly completes Hitler's actions.

Like the philosopher Emil Fackenheim, who after the Holocaust coined the 614th mitzva, which is more important than all the other 613 ritual duties - the Jewish people's duty to survive - it may be said that Judaism's existence after the Holocaust is also a central mitzva. And neglecting it, heaven forbid, says in retrospect that those Jews died in vain, since they died in the name of an identity that is pointless to maintain.

The second part expresses that same truth both negatively (to stick to Judaism so as not to violate the memory of those murdered), and positively: Even if faith in God, at least in his living, concrete image, lost its point after the Holocaust - the Torah, the Jewish way of life, the eternal aspiration for sanctification are worth adhering to even without God.