jueves, abril 20, 2006

Cuando Foucault idolatró a Khomeini - When Foucault brownnosed Khomeini

Leí un artículo de mediana extensión escrito por Janet Afary y Kevin B. Anderson acerca de la apología que Michel Foucault hizo del Khomeinismo y la revolución teocrática iraní, que escribió en varios artículos entre los años 1978-1979.

Creo que es útil para los que leen español que traduzca algunos párrafos del artículo, por dos razones. Una es que la actitud de Foucault frente a la revolución iraní no es muy conocida, ni siquiera en los países de habla inglesa, porque la mayor parte de las cartas de Foucault y las respuestas que suscitó nunca fueron traducidas del francés.

En segundo lugar es porque las teorías de Foucault, lamentablemente, tienen una enorme influencia en los estudios sociales en la universidad en la que obtuve mi título en Argentina. Y digo lamentablemente porque después de leer a Foucault, se dañan nuestras facultades críticas para distinguir entre diferentes tipos de males, para evaluar asuntos políticos y para hacer críticas constructivas. Parafraseando a Camille Paglia, el postmodernismo transforma los cerebros de los estudiantes en budín.

Las teorías de Foucault intentan destruir el concepto de autoridad legítima, de democracia, de derechos humanos, de valores liberales, de reglas positivas, de racionalidad, de la ley, tratando a todos estos valores y conceptos como falsos y productos del interés del estado o las elites. En esta tarea, Foucault nos quita todo en lo que creemos y podemos trabajar, y nos deja sin nada. Con suerte, saber más sobre cómo una persona como Foucault, que supuestamente tenía una desconfianza completa por cualquier tipo de autoridad, puede, en un parpadeo, darle su apoyo a un movimiento teocrático, fascista e irracional, nos puede ayudar para reconstruir nuestra confianza en los valores que él consideraba falsos, y que previenen justamente la subida de los fascismos reales: la racionalidad, el laicicismo, los derechos humanos, la democracia y las leyes. Foucault como persona tampoco es ningún modelo de "liberación" a seguir. "Después de contraer el sida, Michel Foucault siguió asistiendo a sus orgías gay durante al menos dos años (de 1982 a 1984), contagiando a sabiendas la enfermedad a sus parejas anónimas" (Arthur Herman, La idea de decadencia en la historia occidental, Ed. Andrés Bello, España, 1998, p. 357)

El artículo también es útil en otro sentido. Los autores dejan claro que la gente de izquierda no está libre de jurarle fidelidad a los dictadores. Foucault es sólo otro ejemplo de una larga cadena de "idiotas útiles" que defienden regímenes autoritarios, sólo porque éstos usan retórica izquierdista.

De "Las seducciones del Islamismo. Revisitando a Foucault y la revolución iraní"

A lo largo de su vida, el concepto de autenticidad de Foucault significó observar las situaciones donde la gente vivía peligrosamente y coqueteaba con la muerte, el sitio donde la creatividad se originaba. En la tradición de Friedrich Nietzsche y Georges Bataille, Foucault abrazaba al artista que derribaba los límites de la racionalidad y escribió con gran pasión en defensa de las irracionalidades que rompían los límites. En 1978, Foucault encontró esos poderes mórbidos transgresores en la figura revolucionaria del Ayatollah Khomeini y los millones que arriesgaban la muerte mientras lo seguían en el curso de la revolución. El sabía que esas experiencias "límites" podían llevar a nuevas formas de creatividad y apasionádamente les entregó su apoyo. Esta fue la única experiencia de primera mano de Foucault de una revolución y lo llevó a la escritura más extensa que realizó sobre una sociedad no-occidental.

[...]

La experiencia iraní también despierta serias preguntas sobre el pensamiento de Foucault. Primero, se asume frecuentemente que las sospechas de Foucault sobre el utopianismo, su hostilidad a las grandes narrativas y los universales, y su acento en la diferencia y la singularidad mas que en la totalidad, lo harían menos susceptible que a sus predecesores de la izquierda a ilusionarse con unas políticas autoritarias que prometían radicalmente reformular desde arriba las vidas y pensamientos de las personas, para su patente beneficio. Sin embargo, sus escritos iraníes muestran que Foucault no era inmune al tipo de ilusiones que tantos izquierdistas occidentales han tenido respecto a la Unión Soviética y luego, a China. Foucault no previó el nacimiento de aún otro estado moderno, donde las viejas tecnologías religiosas de dominación podían ser reformuladas e institucionalizadas; este era un estado que combinaba una ideología tradicionalista (el Islam) con el discurso anti-imperialista de la izquierda, pero que también se equipaba con las tecnologías modernas de organización, vigilancia, guerra y propaganda.

Segundo, la relación altamente problemática de Foucault con el feminismo se convierte en algo más que una laguna intelectual en el caso de Irán. En contadas ocasiones, Foucault repite declaraciones que había oído de figuras religiosas sobre relaciones de género en una posible futura república islámica, pero sin jamás cuestionarse el mensaje de "separados pero iguales" de los islamistas. Foucault también rechazó las premoniciones feministas sobre la dirección peligrosa en la que se orientaba la revolución. Parecía que consideraba esas advertencias como nada más que ataques orientalistas contra el Islam, y por eso se privó a sí mismo de una perspectiva más balanceada sobre los eventos en Irán. En un nivel más general, Foucault permaneció insensible respecto a las diferentes maneras en las que el poder afectaba a las mujeres, al contrario de los hombres. Ignoró el hecho de que los más traumatizados por las prácticas disciplinarias premodernas eran las mujeres y los niños.

[...]

El 24 de marzo, un artículo áltamente polémico dirigido contra Foucault apareció en Le Matin, un diario izquierdista que había editorializado fuertemente contra lo que llamaba "la ruta hacia la contrarrevolución y regulación moral" de Khomeini. Titulado "¿Sobre qué están soñando los filósofos?" y escrito por las periodistas feministas Claudie y Jacques Broyelle, se burlaba del elogio entusiasta que hizo Foucault del movimiento islamista: "Volviendo de Irán hace unos pocos meses, Michel Foucault dijo que estaba ‘impresionado' por el ‘intento de abrir una dimensión espiritual en la política' que él discierne en un gobierno islámico. Hoy hay niñas pequeñas vestidas todas de negro, cubiertas de la cabeza a los pies; mujeres acuchilladas justamente porque no quieren usar el velo; ejecuciones sumarias por homosexualidad; la creación de un ‘Ministerio de Guía de acuerdo a los Preceptos del Corán;' ladrones y mujeres adúlteras son castigadas a latigazos." Haciendo alusión a Vigilar y Castigar, se refirieron irónicamente a "esta espiritualidad que disciplina y castiga." Las Broyelles se burlaron de las nociones de Foucault de una "espiritualidad política" y preguntaron si esto estaba conectado con el "significado espiritual" de las ejecuciones sumarias de homosexuales que estaban teniendo lugar en ese momento en Irán. También le pidieron a Foucault que admitiera que su pensamiento sobre Irán había sido "un error." La respuesta de Foucault, publicada dos días después, fue de hecho una no-respuesta. El no iba a responder, escribió, "porque a lo largo de ‘mi vida' nunca he tomado parte en polémicas. No tengo intención de comenzar ahora." Y escribió además, "Estoy siendo ‘llamado a reconocer mis errores'." Dio a entender que eran las Broyelles las que querían dedicarse al control del pensamiento por la manera en la que le habían pedido explicaciones.



I have read a medium-sized article by Janet Afary and Kevin B. Anderson regarding Michel Foucault's apology of Khomeinism and the theocratic Iranian revolution that he wrote during the years 1978-1979.

I think that it is useful for the Spanish readers if I translate some paragraphs from the article, for two reasons. One is that Foucault's position regarding the Iranian revolution is not well known, not even in English-speaking countries, since most of Foucault's letters and the responses to them were never translated from French.

Second is that Foucault's theories, sadly, have an enormous influence in the branch social studies of the university where I got my first degree, in Argentina. And I mean sadly, because after reading Foucault, one's critical capacities to make distinctions between different kinds of evil, to evaluate political affairs and to make constructive criticism become severely damaged. Paraphrasing
Camille Paglia postmodernism turns the brains of students into pudding.

Foucault's theories try to destroy the concept of legitimate authority, of democracy, of human rights, of liberal values, of positive rules, of rationality, of law, by treating all this values and concepts as false and products of someone-else's (the state, the elite) interest. In this project he takes from us everything in which we may believe and work for, and leaves us with nothing. Hopefully, knowing more about how a person like Foucault who supposedly had complete distrust for any kind of authority, can, in the blink of an eye, lend his support to an irrational, fascist and theocratic movement, will help us to rebuild our trust for values that he regarded as false, and that can prevent the rising of real fascisms: rationality, secularism, human rights, democracy and the rule of the law. Foucault as a person is also not a model to follow. "After contracting AIDS, Foucault continued to take part in his gay orgies for at least two years (from 1982- to 1984) knowingly transmitting the disease to his anonimous sex partners" (Arthur Herman, The Idea of Decadence in Western History, p. 357. - Spanish edition)

The article is useful in another sense. The authors make clear that the left is not exempted from swearing allegiances to dictators. Foucault exemplifies just another of the many "useful idiots" who defended authoritarian regimes, just because these used a left-wing rhetoric.

From "
The Seductions of Islamism. Revisiting Foucault and the Iranian Revolution"

Throughout his life, Foucault's concept of authenticity meant looking at situations where people lived dangerously and flirted with death, a site where creativity originated. In the tradition of Friedrich Nietzsche and Georges Bataille, Foucault embraced the artist who pushed the limits of rationality and he wrote with great passion in defense of irrationalities that broke new boundaries. In 1978, Foucault found such morbid transgressive powers in the revolutionary figure of Ayatollah Khomeini and the millions who risked death as they followed him in the course of the revolution. He knew that such "limit" experiences could lead to new forms of creativity and he passionately threw in his support. This was Foucault's only first-hand experience of revolution and it led to his most extensive set of writings on a non-Western society.

[...]

The Iranian experience also raises some serious questions about Foucault's thought. First, it is often assumed that Foucault's suspicion of utopianism, his hostility to grand narratives and universals, and his stress on difference and singularity rather than totality, would make him less likely than his predecessors on the left to romanticize an authoritarian politics that promised radically to refashion from above the lives and thought of a people, for their ostensible benefit. However, his Iran writings showed that Foucault was not immune to the type of illusions that so many Western leftists had held toward the Soviet Union and later, China. Foucault did not anticipate the birth of yet another modern state where old religious technologies of domination could be refashioned and institutionalized; this was a state that combined a traditionalist ideology (Islam) with the anti- imperialist discourse of the left, but also equipped itself with modern technologies of organization, surveillance, warfare, and propaganda.

Second, Foucault's highly problematic relationship to feminism becomes more than an intellectual lacuna in the case of Iran. On a few occasions, Foucault reproduced statements he had heard from religious figures on gender relations in a possible future Islamic republic, but he never questioned the "separate but equal" message of the Islamists. Foucault also dismissed feminist premonitions that the revolution was headed in a dangerous direction. He seemed to regard such warnings as little more than Orientalist attacks on Islam, thereby depriving himself of a more balanced perspective toward the events in Iran. At a more general level, Foucault remained insensitive toward the diverse ways in which power affected women, as against men. He ignored the fact that those most traumatized by premodern disciplinary practices were often woman and children.

[...]

On March 24, a highly polemical article directed against Foucault appeared in Le Matin, a leftist daily that had editorialized forcefully against what it called Khomeini's "road toward counter-revolution and moral regulation." Entitled "Of What Are the Philosophers Dreaming?"4 and written by the feminist journalists Claudie and Jacques Broyelle, it derided Foucault's enthusiastic praise of the Islamist movement: "Returning from Iran a few months ago, Michel Foucault stated that he was ‘impressed' by the ‘attempt to open a spiritual dimension in politics' that he discerned in project on an Islamic government. Today there are little girls all in black, veiled from head to toe; women stabbed precisely because they do not want to wear the veil; summary executions for homosexuality; the creation of a ‘Ministry of Guidance According to the Precepts of the Koran;' thieves and adulterous women flagellated." Alluding to his Discipline and Punish, they referred ironically to "this spirituality that disciplines and punishes." The Broyelles mocked Foucault's notions of "political spirituality" and asked if this was connected to the "spiritual meaning" of the summary executions of homosexuals then taking place in Iran. They also called upon Foucault to admit that his thinking on Iran had been "in error." Foucault's response, published two days later, was in fact a non-response. He would not respond, he wrote, "because throughout ‘my life' I have never taken part in polemics. I have no intention of beginning now." He wrote further, "I am ‘summoned to acknowledge my errors'." He hinted that it was the Broyelles who were engaging in thought control by the manner in which they had called him to account.