miércoles, abril 26, 2006

Cosas que vuelan con el viento - Things that fly with the wind

Menorah made of Qassam

Uno

Resulta que el otro día viajamos hacia el sur a un moshav (pueblito) llamado Ein Habsor en el Neguev, cerca de la franja de Gaza, para encontrarnos con gran parte de mi familia (de parte de mi viejo) y primos que vinieron a visitar desde Argentina. La pasamos realmente muy bien, mi viejo siempre fue muy familiero pero yo nunca pude mantener el nivel de contacto y amistad con la gente que él tenía y que lo hacía tan querido para todas las personas que lo conocían, así que me fui alejando. Estuvo bueno renovar el contacto.

Fue también mi primera vez allí abajo, tan cerca de Gaza. Fue el mismo día en que los terroristas del Fataj estaban intercambiando disparos con los terroristas del Hamas y viceversa en las calles de la ciudad de Gaza por enésima vez, y las balas zumbaban seguro en algún lado, pero todo parecía muy tranquilo en nuestro camino.

Pasé cerca del kibbutz Yad Mordejai, fundado por sobrevivientes del Holocausto nazi y el kibbutz Zikkim, donde construyeron una gran menorá con los restos de los más de 300 misiles Kassam que los palestinos les tiraron antes y después del plan de Desconexión (ver foto de unos amigos míos al lado de la menorá). Vi por primera vez las casas de Sderot, otro pueblo israelí que sufre bajo el fuego no provocado palestino. Vi un kibbutz económicamente exitoso -no recuerdo su nombre- donde se hacen todos los cheques y papeles bancarios de israel, al lado de un kibbutz que lucha para no morirse de hambre y que no tiene empresas rentables. Vi el lugar vacío rodeado de rejas donde el ejército israelí se preparó para realizar el plan de desconexión. Vi los hermosos eucaliptus plantados al lado de la ruta desértica y en muchos lugares para hacer picnic y sentí el calor y el polvo del desierto. Vi también los altos edificios que los miembros del Fatah se construyeron para ellos con la plata robada de la ayuda económica que Estados Unidos y Europa le dan a los palestinos.

Mientras estaba en la ruta, a veces pensaba que estaba al alcance de los Kassams, pero que esta gente, mi familia y la gente que vive en estos lugares del sur, están todos los días al alcance de los misiles que vuelan con el viento.

Dos

Hoy pasé por la plaza del centro de Rishon LeTzion mientras iba camino al supermercado. Escuché un vago sonido en el viento, como unas voces de un discurso lejano que viniera de la entrada del nuevo edificio de la municipalidad, así que me acerqué. Alrededor de 15 estudiantes de la secundaria, chicos y chicas, estaban sentados en las escaleras, y habían colgados algunos posters que mostraban los campos de concentración nazis, porque hoy fue El día de recuerdo del Holocausto. Un viejo con un bastón y dos bolsas de supermercado en la mano (que ojo tuvo Gasalla con Mamá Cora!) estaba recitando lentamente los nombres de algunas familias asesinadas en Europa, mientras se balanceaba un poco. La plaza era muy grande y algo menos que 30 personas, muchos viejos, estaban distribuidos por ahí, sentados en los bancos y sintiendo la brisa. Me pregunté si habría mencionado el nombre de algún pariente lejano mío. Entonces se detuvo, y una chica le dijo gracias y un chico de 15 años siguió leyendo. Tenía una mal disimulada sonrisa en los labios, que yo asumí que era porque tenía verguenza. El parlante era viejo y débil y apenas podía entender lo que decía. Mientras me iba, escuchaba como las palabras volaban con el viento, en un día nublado.


One

So we travelled the other day to the south to a moshav (small town) called Ein Habsor in the Negev, near the Gaza strip, to meet a large part of my family (from my father's side) and cousins that came to visit from Argentina. We had a really good time, my father was really close to them, but I was never able to keep his level of friendliness and contact with people which made him such a great person for everyone who knew him, so I drift apart. It was nice to get in touch again.

It was also my first time down there and so near Gaza. It was the same day that the terrorists of Fatah were
trading fire with the terrorists of Hamas and viceversa in the streets of Gaza City for the millionth time, and bullets surely buzzed somewhere, but everything seemed quiet here, on our road.

I passed near the Kibbutz
Yad Mordechai, founded by survivors of the Nazi Holocaust and Kibbutz Zikkim, where a large menorah was made of the rests of the more of 300 Qassam missiles that the Palestinians threw at them before and after the Disengagement (see picture of some friends of mine with the menorah). I saw for the first time the houses of Sderot, another Israeli town that suffers under Palestinian unprovoked fire. I saw an economically succesful kibbutz -don't remember its name- that has a printing press for checks and bank documents which is very profitable, next to a struggling kibbutz without any productive enterprises. I saw the empty spot surrounded by fences where the IDF prepared itself for the Disengagement plan. I saw the beautiful eucaliptus planted on the side of the desert road, and in many picnic places, and I felt the heat and dust of the desert. I also saw in the distance the tall new buildings that the people of Palestinian Fatah built for themselves with money stolen from the aid that the Palestinians receive from the US and Europe.

While on the road I sometimes thought that we were actually in range of the Qassams, but that these people, my family and the people that live in these places, are everyday in range of the missiles that fly in the wind.

Two

I passed by the town square of Rishon LeTzion today on my way to the supermarket. I heard a low noise in the wind, like a faraway speech coming from the entrance of the new municipality building, so I came near it. Fifteen or so high school students, boys and girls, were sitting on the stairs, and there were some posters depicting the Nazi concentration camps, because today was
Holocaust Memorial Day. An old man with a cane and two plastic -supermarket- bags in his hand was slowly reciting the names of the families murdered in Europe while he swayed a little. The square was vast and less than 30 people, mostly elders, were scattered around, sitting on the benches, and feeling the breeze. I wondered if he had mentioned the name of people that were somehow related to me. Then he stopped, and a girl thanked him, and a 15 year old looking boy continued reading. He had the hint of a smile in his face, and I attributed it to awkwardness. The loudspeaker was old and weak and I could barely make out the words he was saying. And I left and the words flew with the wind, in a cloudy day.