domingo, marzo 19, 2006

Israel y los Estados Unidos - Israel and the U.S.

Mi traducción de un artículo escrito por Martin Kramer en respuesta a The Israel Lobby de John Mearsheimer y Stephen Walt.

This is the Spanish translation of Martin Kramer's response to the article called The Israel Lobby by John Mearsheimer and Stephen Walt. Follow the links to read them in English.

Viernes, 17 de marzo de 2006.

El Mundo de Stephen Walt.

Hay mucho movimiento hoy alrededor de "El Lobby Israelí" un largo ensayo escrito por Stephen Walt de la Universidad de Harvard y John Mearsheimer de la Universidad de Chicago y publicado en la London Book Review. El argumento es sencillo y familiar: el lobby Israelí ha tomado Washington. Dentro de la academia, es el tipo de cosas que Juan Cole y Rashid Khalidi han estado diciendo todo el tiempo, sin obtener ninguna respuesta. Y es lo que el mismo Walt ha estado discutiendo en unas pocas páginas de su libro "Domesticando el Poder Americano", que apareció el último otoño, y que obtuvo también muy poco reconocimiento.

Este último artículo, obviamente más el trabajo de Walt que de Mearsheimer, agrupa muchas verdades a medias y falsedades que han estado allí fuera en el lejano margen, y les da "respetabilidad académica" (que, como he mostrado repetidas veces, es generalmente una contradicción en los términos cuando uno habla de Medio Oriente). En particular, los autores han colocado también una "versión sin editar" en la que las notas de pie de página son tan largas como el texto, y que lleva el título de "Paper de investigación" de la Kennedy School of Government. Esto, presumiblemente para hacer que el estudio aparezca aún más "académico." Pero es realmente un trozo de sensacionalismo periodístico, nostálgico del libro de 1987 El Lobby de Eduardo Tivnan. El corresponsal de Washington de Haaretz llamó al nuevo artículo "basura académica" en su blog esta mañana, y lo mostró como ejemplo del "descenso de valores académicos y el mal uso de títulos académicos por seudo-eruditos Americanos contemporáneos." Lo cual es, pero tiene abundante competencia.

Durante el otoño, un donante de Harvard pidió que yo refutara el argumento de Walt de que Israel es una carga [para Estados Unidos]. Así que escribí una refutación corta, la mandé, y archivé. No tengo la menor idea si llegó a algún lado, o si le llegó a Walt mismo. Pero ahora parece el momento perfecto para resucitarla, así que aquí está, como yo la escribí en octubre. No se refiere a todos los argumentos que se hicieron en el nuevo ensayo, porque Walt no hizo todo esos argumentos en su libro. Pero basta por ahora.


Afortunadamente nosotros no vivimos en el mundo de Stephen Walt, donde los valores compartidos con otros no tienen sentido, y mandarines cerebrales hacen la política exterior gracias al espíritu divino. Vivimos en un mundo verdadero, donde personas verdaderas responden a otras personas verdaderas que comparten historia y valores, y donde la política exterior es el resultado de una interacción tumultuosa de intereses, ideas, y emociones. Walt querría que los Estados Unidos hicieran su política exterior como Siria y Egipto. No sucederá.

Pero entremos al Mundo de Walt, y aceptemos sus premisas, por el bien del argumento—y por el bien de un argumento acerca de Israel. Dejemos de lado la afirmación de que Israel y los EE.UU. comparten los valores democráticos, arraigados en una tradición común. Dejemos de lado el hecho de que el público Americano valora genuinamente a Israel, algo que se ve en encuesta tras encuesta, que le impide ver a Israel como una Noruega más. (Walt: si Israel trata de imponer una "solución injusta" a los palestinos, los Estados Unidos deben reducir su apoyo a Israel "de la misma manera que sostenemos un estado noruego.") Tomemos apenas su sencilla pregunta: ¿es Israel una ventaja estratégica o una carga estratégica para los Estados Unidos?

Para recapitular: Walt piensa que según toda evaluación objetiva, el apoyo de EE.UU. a Israel es una carga. Causa que árabes y musulmanes odien a Norteamérica. Ya que él piensa que los Estados Unidos deben desentenderse de Medio Oriente, y seguir una política de "offshore balancing," (equilibrador exterior del poder) él cree que Norteamérica necesita cultivar un sentido de propósito compartido con árabes y musulmanes, muchos de los cuales detestan a Israel o a sus políticas o a las dos cosas. Lo menos que los Estados Unidos se identifiquen como un partidario y amigo de los cinco millones de judíos de Israel, lo más fácil que será para los Estados Unidos encontrar poderes locales y clientes para mantener el orden entre los más o menos mil millones de musulmanes. Y la única cosa que ha impedido a los Estados Unidos de ver esto, es claramente el lobby pro-Israelí, operando a través de frentes tan diverso como AIPAC, The Washington Institute, y—sí—incluso la Brookings Institution. ¿He simplificado el argumento de Walt? Probablemente no tanto como usted pueda pensar.

Para contestar el sencillo argumento de Walt, yo responderé con una pregunta sencilla. ¿Si usted necesita un aliado en algún lado, no querrá usted que éste sea el más inteligente, más poderoso, y más ingenioso de todos los tipos del lugar, y que incluso encima te admira? ¿Y cuál es la lógica de tener un aliado que es atrasado, débil, irresoluto, y piensa en su fuero interno que usted es su enemigo? Esta es la opción que enfrenta Estados Unidos en el Medio Oriente.

Le tomó a los Estados Unidos 20 años para darse cuenta de esto. Entre 1948 y 1967, EEUU creyó en el concepto de Walt de suma cero sobre el Medio Oriente. Los Estados Unidos reconocieron Israel en 1948, pero no hicieron mucho para ayudarlo a defenderse, por el temor de distanciar a los monarcas árabes, jeques petroleros, y "la calle árabe." Esos tiempor fueron el apogeo de los arabistas sentimentales del Departamento de Estado y las compañias petroleras guiadas por la búsqueda del beneficio.

Así que Israel se fue a otra parte. Obtuvo las armas del bloque soviético, y los aviones caza y un reactor nuclear de Francia. Incluso armó un tratado con su antiguo enemigo Gran Bretaña durante la aventura de Suez. Israel no estaba en la órbita de los EE.UU., y no obtuvo importante ayuda norteamericana, pero creció y se hizo más fuerte. Llegó incluso a ser un estado nuclear. Entonces vino junio de 1967, e Israel mostró de qué estaba hecho. En octubre de 1973, logró lo que analistas militares han llamado constantemente una victoria mayor, repeliendo y revirtiendo un ataque sorpresa que podría haber destruido a unas personas menos determinadas e ingeniosas.

Fue entonces que los Estados Unidos comenzaron a mirar Israel en forma diferente: como un aliado potencial. El hecho de que los Estados Unidos no habían apoyado a Israel antes de 1967 no impidió que países árabes claves cayeran en la órbita soviética. Al contrario: junto con Nasser, ellos trataron de jugar a Washington contra Moscú, con una preferencia por Moscú ya que esta hacía la política por simple decreto. Los aliados árabes de América estaba en una posición precaria, y en 1958 EEUU tuvo que mandar a los Marines al Líbano para soccorrer a algunos de ellos.

En 1967 Israel se mostró más fuerte que todos sus vecinos juntos, transformándose las percepciones de EE.UU. Israel se veía más fuerte, seguro, y eficiente que el resto de los aliados contra la penetración soviética en Medio Oriente, porque podría derrotar a cualquier combinación de clientes soviéticos por sí mismo. Los podría humillar, y así, humillar a la Unión Soviética y extraer a los árabes pensantes fuera del campo soviético. Esto funcionó: el apoyo ampliado de los EE.UU. a Israel persuadió a Egipto de cambiar de bando, ganando EEUU la Guerra Fría en Medio Oriente. Egipto de esta forma llegó a ser un aliado norteamericano junto a Israel, no en vez de Israel, y llegó a ser integrado en una Pax Americana integral. La teoría de suma cero de los arabistas—Israel o los árabes, pero no ambos—se desplomó. La política mesooriental de EEUU experimentó su revolución copernicana.

Antes de 1973, los estados árabes pensaban que quizás ellos podían derrotar o destruir a Israel por algún golpe de suerte, y esto lo probaron en 1948, 1967, y 1973. Desde 1973, los estados árabes han entendido no sólo que Israel es fuerte, sino que los Estados Unidos son garantes de Israel. Como resultado, no han habido más guerras árabe-israelíes generales, y los vecinos árabes de Israel han hecho la paz con él (Egipto, Jordania), o mantienen sus fronteras en calma (Siria, Líbano). El rincón levantino de Oriente Medio, a pesar de toda la saturante cobertura mediática que obtiene de medios de comunicación sobreexcitados, no ha sido un barril de pólvora, y sus crisis no han requerido la intervención militar americana directa. Esto es debido a que los EE.UU. apoyan a Israel —un apoyo que los árabes ven tan claro que han perdido las esperanzas de descarrilarlo.

El apoyo norteamericano a Israel ha aumentado la influencia de EE.UU. de otra manera, como la única fuerza, según los árabes, que puede posiblemente persuadir a Israel a ceder el territorio que ha ocupado desde 1967. De manera paradójica, los Estados Unidos se han beneficiado de forma importante de la ocupación israelí de territorios árabes: los líderes árabes que desean recobrar el territorio perdido deben reformarse para pasar una prueba Americana. Cuándo lo hacen, los Estados Unidos se ocupan de que sean recompensados, y el resultado ha sido una red de acuerdos aprobados por EE.UU. basados en concesiones israelíes mediadas por EE.UU.

Es este "proceso de paz" que ha convertido incluso a líderes árabes revolucionarios en suplicantes en la puerta de la Casa Blanca. Ellos no estarían allí si un Israel fuerte no tuviera algo que ellos quieren, y si los Estados Unidos, aliado de Israel, no estuviera en posición de entregarlo. La idea de Walt de que Israel ha gozado del apoyo total e incondicionado de los Estados Unidos, lo ciega a las maneras en que los Estados Unidos han utilizado su apoyo a Israel para obtener concesiones israelíes que son la roca base de la Pax Americana en el Medio Oriente. (Puede incluso discutirse —para ser un poco travieso— que los intereses de EE.UU. son mejor servidos por un "proceso de paz" perpetuo, alimentado por lentas e incrementales concesiones israelíes.)

Compárece esto a la situación en el Golfo, donde los aliados de EE.UU. son débiles. Allí, la ausencia de un aliado fuerte ha causado estragos en la política de EE.UU., y forzado a los EE.UU. a intervenir repetidas veces. El irresoluto Sha, en algún momento considerado un "pilar" de EE.UU., se desplomó frente a un levantamiento anti-americano, produciendo la humillación de la captura a la embajada y un régiment terrorista hostil, atrincherado, dedicado a patrocinar la expulsión de los Estados Unidos del Golfo. Saddam Hussein, durante algunos años aliado de EE.UU., lanzó una guerra sangrienta de ocho años contra Irán que produjeron ondas de terror antinorteamericano (pienso en el Líbano), sólo para volverse contra los Estados Unidos ocupando Kuwait, y amenazando a la totalmente indefensa Arabia Saudita. Ausente un aliado fuerte en la región, los Estados Unidos han tenido que desplegar, desplegar y desplegar tropas una y otra vez. En las guerras de Kuwait e Iraq, han puesto algo así como un millón de pares de botas en el suelo del Golfo, con un costo que excede seguramente un billón de dólares.

Es precisamente porque el Golfo no tiene un Israel—un aliado local, capaz y fuerte—que el acto de equilibrador exterior de Walt no puede funcionar. Si los Estados Unidos no son percibidos como dispuestos a enviar tropas a la región—y sólo pueden ser percibidos como tales si a veces las envía— entonces los estados muy poblados y tecnológicamente avanzados (anteriormente Iraq, hoy Irán) intentarán presionar a Arabia Saudita y los países árabes más pequeños del Golfo, que tienen las reservas más grandes de petróleo. En el Golfo, los Estados Unidos no tienen a ningún aliado. Tienen sólo dependencias, y su defensa va a continuar drenando los recursos norteamericanos, hasta que los norteamericanos algún día renuncien a sus 4x4.

En Israel, por contraste, los EE.UU. son aliados a un estado económicamente vibrante y militarmente experto que mantiene su parte de Medio Oriente en equilibrio. Los EE.UU. tienen que ayudar a mantener ese equilibrio, con mapas de rutas e iniciativas diplomáticas, pero esto tiene un costo relativamente bajo, y muchos de los costos fluyen de vuelta a los EE.UU. en forma de ventas de armamentos, útiles innovaciones tecnológicas israelíes, etc.

En el esquema general de la Pax Americana, entonces, la política de EE.UU. hacia Israel y sus vecinos en los últimos treinta años ha sido un éxito tremendo. ¿Han producido los EE.UU. una paz final del tipo "el cordero se acuesta con el león"? No; los asuntos son demasiado complejos ¿Están los árabes felices acerca del apoyo de EE.UU. a Israel? No; ellos todavía sueñan con empujar a Israel del mapa. Pero siempre que los intereses de EE.UU. se puedan apoyar sin el despacho de tropas norteamericanas, es un gran éxito. Que Walt no puede ver esto sugiere que su propia visión está afectada por una tendencia anti-Israelí, de una profundidad que él sólo conoce.

La idea de Walt de que el apoyo de EE.UU. a Israel es la fuente del resentimiento popular, propulsando a reclutas a Al-Qaeda, sale del mismo lugar que su argumento de que los Estados Unidos son odiados por lo que hacen (sus detestadas políticas), y no por lo que son (sus valores admirados). De hecho, América no es odiada por lo que hace o lo que es. Es odiada a causa de lo que ellos no pueden hacer, y lo que ellos no son. Ellos no pueden acumular poder, y ellos no pueden lidiar con la modernidad, y ellos resienten a cualquiera que se los recuerde. ¿Cómo podría el abandono de EE.UU. a Israel aliviar este complejo de inferioridad, que ha sido construido por siglos?

¿Y no es realmente mejor para los Estados Unidos mostrarle a los árabes que hasta que ellos cambien, Israel permanecerá siendo el hijo predilecto de América? ¿No sería así más en el escenario preferido de Walt de "equilibrador exterior," en el cuál América dejaría de sostener del todo su democratización activa? ¿Qué palanca le quedaría para alentar el cambio progresivo en el mundo árabe, si los Estados Unidos se alejaran de la única sociedad democrática, moderna y pluralista en el Medio Oriente —el argumento más persuasivo y próximo de los árabes, sobre el fortalecimiento y poder de la democracia occidental y la modernidad occidental? ¿La atrofia de Israel no aumentaría la cantidad de extremistas , como lo hizo el sacrificio de Checoslovaquia a Hitler?

Verdaderamente, por seguir el argumento, imaginemos que hemos seguido la política de Walt —que hemos vuelto de algún modo a la política pre-copernicana. Los Estados Unidos han decidido que Israel debe "arreglárselas solo," ya que Israel no está dispuesto a conceder todas esas cosas al insaciable apetito árabe por concesiones israelíes. ¿Cuánto tiempo pasaría antes que los árabes volvieran a su fantasía pre-1967 de derrotar o destruir a Israel? (Los islamistas de pensamiento medieval nunca la han abandonado.) ¿Cuánto tiempo pasaría antes que Israel se sintiera obligado, como lo hizo en 1967, a lanzar un ataque preventivo contra Egipto, con su masiva fuerza convencional, o contra Irán, que ya mismo hace sonar un sable nuclear contra Israel? Recuerden, pace Walt, Israel no es Noruega: puede defenderse y lo hará contra amenazas, sean ellas verdaderas o percibidas, presentes o anticipadas. Es poblado por el resto de un pueblo que casi fue arrasado en el siglo XX, y que es improbable que corra las mismos riesgos en el vigésimo primero. Menos apoyo norteamericano significaría menos restricción israelí, menos maniobrabilidad israelí, y un dedo israelí más rápido en el gatillo.

¿Cuánto tiempo pasaría antes que los Estados Unidos tuvieran que usar todos los frenos para desactivar crisis gigantescas, o limpiar el lío al final de otra guerra? ¿Cuánto tiempo pasaría antes que los Estados Unidos tuvieran que desplegar fuerzas —para salvar a un régimen árabe que no se uniera a la pelea frenética, o para posicionar fuerzas de mantenimiento de la paz entre ejércitos hostiles, o para convencer a Israel de mantener sus bombas atómicas en los silos? ¿Por qué un analista de políticas exteriores responsable y serio contemplaría cambiar la estabilidad presente —y la situación es estable— por estas incertidumbres e imponderables? ¿Y para qué? ¿Algún empujón para América en encuestas de opinión pública árabes, que parecen tener a Walt todo angustiado?

En resumen, el Medio Oriente en el Mundo de Walt llegaría a ser un lugar mucho más peligroso de lo que es ahora, para israelíes, para árabes, y en definitiva para los norteamericanos. Sin un Israel fuerte, apoyado por los Estados Unidos, quizás comience a parecerse a lo que era antes de 1967, o a lo que es el Golfo es en las últimas tres décadas. Por qué cualquiera se imaginaría que esto es una opción posible de la política de EE.UU. —aún en Harvard— es un misterio.