sábado, febrero 25, 2006

Relativismo - Relativism

Estaba pensando sobre la ilegalidad e ilegitimidad de usar el terrorismo suicida contra civiles como un arma en la guerra, a pesar de la justeza de la causa por la que el lado que usa esta táctica lucha, y teniendo en cuenta la archiconocida defensa que dice que "el terrorismo es el arma de los débiles, [y por lo tanto es legítimo]", cuando me encontré con este párrafo escrito por el famoso historiador "marxista/realista" Edward H. Carr:

El doble proceso de desacreditar moralmente la política de un enemigo potencial y justificar moralmente la propia, puede ser ejemplificada de la discusión sobre el desarme entre las dos guerras. La experiencia de los poderes anglo-sajones, cuyo predominio naval había sido amenazado por el submarino, proveyó una amplia oportunidad para denunciar la inmoralidad de este nuevo arma. "La civilización demanda", escribió el consejero naval de la delegación norteamericana en la conferencia de paz, "que la guerra naval sea puesta en un plano más alto" a través de la abolición del submarino". Desafortunadamente el submarino fue considerado un arma conveniente por las armadas más débiles francesas, italianas y japonesas; y esta específica demanda de la civilización no pudo ser acatada.
[...]
La inspiración de considerar a los armamentos vitales propios como defensivos y benéficos y los de otras naciones como ofensivos y malvados se probó particularmente fructífera.

Y en una nota al pie de página:

Hay un divertido paralelo en el siglo XIX. "Privateering" (Nota: el privateer era un barco privado autorizado por el gobierno de un país para atacar y capturar la carga de los barcos de otro país), escribió la Reina Victoria en tiempos de la Conferencia de París en 1856, "es un tipo de pirateo que averguenza a nuestra civilización; su abolición en todo el mundo sería un gran paso adelante." No nos sorprende leer que "el Privateer era entonces como el submarino en los tiempos modernos, el arma de la armada más débil." (E. H. Carr, The Twenty Years Crisis. 1919-1939, Londres, MacMillan & Co, LTD Ed., 1946, p. 73-74)

Así que pensé, al parecer soy un hipócrita. Después de todo, el terrorismo suicida es el arma estratégica de los palestinos, la única que parece ser efectiva contra Israel. Mi crítica puede surgir de ver que los atentados "funcionan", como funcionaban los submarinos. A pesar de que al parecer E. H. Carr no estaba considerando en su libro armas diseñadas específicamente para usarlas contra civiles, pensé que quizás tenía algo de razón. Pero luego, Carr continua:

Las teorías de la moralidad social son siempre el producto de un grupo dominante que se identifica con la comunidad como un todo, y que posee capacidades negadas a grupos o individuos subordinados para imponer su mirada de la vida en la comunidad. Las teorías de la moralidad internacional son, por la misma razón y en virtud del mismo proceso, el producto de naciones dominantes o grupos de naciones. Durante los últimos cien años, y más especialmente desde 1918, los pueblos de habla inglesa han formado el grupo dominante en el mundo; y las teorías actuales de la moralidad internacional han sido diseñadas para perpetuar su supremacía y expresadas en el idioma específico de ellos. (Ibid. p. 79-80).

El libro fue escrito en 1946. E incluso entonces, luego de la Segunda Guerra Mundial, E. H. Carr se negó a condenar la inmoralidad del nazismo, llamando a posibles evaluaciones según estándares abstractos internacionales, la "hipocresía del poderoso". En sus propios términos la única posible condena del nazismo habría podido venir del hecho de que perdió la guerra. Si el nazismo la hubiera ganado, no habría bases morales para condenar este régimen ni el Holocausto, según Carr. La particular contribución política de Carr fue sostener la máxima amoral "la fuerza crea el derecho" desde un punto de vista marxista. Si esto parece extraño, aquí hay otras citas de E. H. Carr: "La condena del pasado en bases éticas no tiene sentido", "La historia crea derechos, y por ende, el derecho. La doctrina de la supervivencia del más apto prueba que el que sobrevivió fue, de hecho, el más apto para sobrevivir". "Lukacs fue un marxista consistente, aunque quizás un poco indiscreto, cuando basó el ´derecho´ del proletariado en su ´misión histórica´. Hitler creía en la misión histórica del pueblo alemán". "El resultado que deseamos sólo puede ser ganado por una reorganización deliberada de la vida europea, del estilo que Hitler ha comenzado". Y todavía en 1978 Carr elogiaba los ´inmensos logros´ del régimen soviético, que ´han sido conseguidos al rechazar el principal criterio de la producción capialista - beneficios y las leyes del mercado - y substituyéndolas por un plan económico comprehensivo dirigido a promover el bienestar común".

Carr era un relativista moral y un socialista. Su aceptación del derecho creado por la fuerza estaba basada en una convicción personal de haber descubierto las leyes científicas que gobernaban las relaciones internacionales (leyes marxistas) y la fe que tenía de que al final los victoriosos serían los buenos (los países sin capitalismo y que se basaban en la planificación social, la Unión Soviética y la Alemania nazi). Por eso, todos los medios usados serían perdonados luego de conseguir la victoria final. Desde mi punto de vista, E. H. Carr fue uno de los más famosos modelos para la extraña confluencia entre la extrema derecha y la extrema izquierda. La misma confluencia que rechaza ver que la condena del terrorismo desde un punto de vista moral no es la hipocresía de los israelíes, sino que se basa en la necesidad de sostener una posición moral universalista, la cual prohibe considerar a los civiles como blancos legítimos.



I was thinking about the ilegality and ilegitimacy of using suicide terrorism againts civilians as a weapon in war, notwithstanding the justness of the cause for which the party using this tactic is fighting, and having in mind the usual defense that 'terrorism is the weapon of the weak, [and therefore legitimate]', when I encountered this passage written by the famous "Marxist/Realist" historian Edward H. Carr:

The double process of morally discrediting the policy of a potential enemy and morally justifying one's own may be abundandly illustrated from the discussion of disarmament between the two wars. The experience of the Anglo-Saxon Powers, whose naval predominance had been threatened by the submarine, provided an ample opportunity of denouncing the immorality of this new weapon. 'Civilization demands', wrote the naval adviser to the American Delegation at the Peace Conference, 'that naval warfare be placed on a higher plane' by the abolition of the submarine'. Unfortunately the submarine was regarded as a convenient weapon by the weaker French, Italian and Japanese navies; and this particular demand of civilization could not therefore be complied with.
[...]
The inspiration of regarding one's own vital armaments as defensive and beneficent and those of other nations as offensive and wicked proved particularly fruitful.

And in a footnote on the same page:

There is an amusing nineteenth-century parallel. 'Privateering', wrote Queen Victoria at the time of the Conference of Paris in 1856, 'is a kind of Piracy which disgraces our civilization; its abolition throughout the whole world would be a great step in advance.' We are not surprised to read that 'the privateer was then, like the submarine in modern times, the weapon of the weaker naval Power.' (E. H. Carr, The Twenty Years Crisis. 1919-1939, London, Macmillan & Co, LTD Ed. 1946, p. 73-74)

So maybe, I thought, I am an hypocrite. After all, suicide terrorism is the strategic weapon of the Palestinians, the only one that is seemingly effective against Israel. My criticism may come from seeing that the attacks against civilians "work", like the submarine worked. Even though E. H. Carr did not consider in the quote weapons designed to be used especially against civilians, I thought that maybe he had a point. But then, he further writes:

Theories of social morality are always the product of a dominant group which identifies itself with the community as a whole, and which possesses facilities denied to subordinate groups or individuals for imposing its view of life on the community. Theories of international morality are, for the same reason and in virtue of the same process, the product of dominant nations or groups of nations. For the past hundred years, and more especially since 1918, the English-speaking peoples have formed the dominand group in the world; and current theories of international morality have been designed to perpetuate their supremacy and expressed in the idiom peculiar to them. (Ibid. p. 79-80)

The book was written in 1946. And even then E. H. Carr refused to condemn the inmorality of Nazism, calling such an evaluation by abstract international standards the "hypocresy of the powerful". In his own terms, the only possible condemnation of Nazism could come from the fact that it lost the war. Had Nazism won the war, there would be no moral grounds in his view to condemn his regime, nor the Holocaust. Carr's political contribution was to hold the amoral maxim "Might is Right" from a marxist point of view. If this seems strange, here are other quotes from E. H. Carr: 'Condemnation of the past on ethical grounds has no meaning', 'History creates rights, and therefore right. The doctrine of the survival of the fittest proves that the survivor was, in fact, the fittest to survive'. 'Lukacs was a consistent, though perhasps indiscreet, Marxist when he based the 'right' of the proletariat on its "historical mission". Hitler believed in the historical mission of the German people', 'The result which we desire can be won only by a deliberate reorganization of European life such as Hitler has undertaken'. In 1978 (!) Carr praised the 'inmense achievements' of the Soviet regime which 'have been brought about by rejecting the main criteria of capitalist production - profits and the laws of market - and substituting a comprehensive economic plan aimet at promoting the common welfare'.

Carr was a moral relativist and a socialist. His acceptance of the right created by might was based on a personal conviction in having discovered the scientific laws governing the international relations (Marxism) and the faith he had that, in the end, the victors will be the good ones (countries without capitalism and relying in social planning, the Soviet Union and Nazi Germany). Therefore, any means would be forgiven after achieving the final victory. In my eyes, E. H. Carr was the most famous role model for the strange confluence between the extreme right and the extreme left. The same confluence that refuses to see that the condemnation of terrorism on moral grounds is not the hypocresy of the Israelis, but the upholding of a universal stance that forbids to consider civilians as legitimate targets.