miércoles, febrero 15, 2006

La influencia de los medios - The influence of media

Respecto al tema de las caricaturas de Mahoma y el choque con la libertad de expresión, he leído argumentos interesantísimos. Por ejemplo, de Norman Geras.

Vamos a imaginar, lo que yo llamaré un "contrato de respeto mutuo" - para intentar movernos más allá de este empate que hemos presenciado últimamente. Deberíamos incluir por lo menos dos cláusulas: respeto por la norma estándar dentro de sociedades liberales-democráticas de que la gente es libre, dentro de los límites que prohiben la difamación y la incitación, de pensar y decir lo que quiera, incluso si esto se burla u ofende las creencias de los demás (llamémosla la cláusula de la libertad de expresión); y respeto por otras personas y su derecho a encontrar su propio camino, sujeto sólamente a la limitación de que no puedan dañar a otros, e incluso si su camino involucra que sostengan creencias que parezcan equivocadas o mal direccionadas o ridículas a algunos o varios de aquellos que han encontrado un camino diferente (llamémosla la cláusula de civilidad). Es claro desde la misma formulación de este contrato hipotético que, aunque puede funcionar, y funcionar bien, en muchas circunstancias, está destinado a generar fricciones, porque sus dos clásulas pueden tener resultados incompatibles [...] Cuando este tipo de conflicto surge - aunque repetimos, generalmente no debería cuando hay una voluntad social de atenerse a este "contrato de respeto mutuo" - no hay dos soluciones de este impasse; hay una sola. [la cláusula de libertad de expresión] debe prevalecer.


Pero esto me deja un interrogante. Vuelvo a aquello que cité en su momento de Irving Kristol respecto a que lo que vemos u oímos nos influencia, a veces a pesar nuestro. Frente a una caricatura tomada de The Sturmer (la publicación antisemita de la Alemania nazi) como ésta, tomada de aquí:

der sturmer
¿Es posible que a pesar que la cláusula de libertad de expresión deja fuera la incitación y la defamación, ciertos dibujos, por sí mismos, tengan un efecto negativo, incluso en personas que no son fácilmente ofendidas o que al parecer no son prejuiciosas? ¿Cuál es la razón por la cual estas caricaturas nos provocan tanta impresión, porque reflejan un pensamiento repugnante que nos ofende, y que mancha a toda una época pasada que las vio como algo natural, o porque son capaces por sí mismas de provocar el prejuicio en la gente que las mira, digamos, si son continuamente publicadas y expuestas en todos lados como en la época nazi? La publicación de caricaturas de este estilo, y otras qué he visto, racistas contra los negros, sería catalogada como incitación (al odio racial) y por ende, fuera de la cláusula de la libertad de expresión o no? The Sturmer fue publicado desde 1923, mucho antes de que Alemania se convirtiera en un estado totalitario. ¿Odiamos las caricaturas porque nos muestran de lo peor que es capaz el ser humano en términos de prejuicio y odio o porque tememos que hayan influido a los alemanes?

Tengo mis dudas. Ojalá Norman Geras se diera una vuelta por acá.




Regarding the issue of the Mohammad cartoons and the clash with free speech, Norman Geras has a new post, in which he says (among other things) this:

Let us hypothesize, as I briefly have once before, what I will now call a 'contract of mutual respect' - for trying to move beyond the kind of stand-off that we have lately witnessed. It would involve at least these two clauses: respect for the standard norm within liberal-democratic societies that people are free, within the constraints ruling out defamation and incitement, to think and say what they like, even if this mocks or offends against the beliefs of others (call this the free speech clause); and respect for other people and their right to find their own way, subject only to the limitation that they may not harm others, and even if their way involves them holding beliefs which seem misguided or wrong-headed or ridiculous to some or many of those who have found a different way (call this the civility clause). It is plain from the very formulation of the hypothetical contract that though it can work, and work well, in many circumstances, it is bound to generate frictions, because its two clauses can have mutually incompatible results. If the free speech clause permits you to mock my deeply held religious beliefs, then these may sometimes be mocked even if most people most of the time do not mock them; and if my deeply held religious beliefs include the notion that a certain type of speech act by you is in itself a disrespect to my religion and thereby an incivility to me and my co-believers, then the civility clause requires that that mockery should not take place. Where this kind of conflict arises - as, to repeat, it widely should not where there is a social will to abide by a 'contract of mutual respect' - there are not two ways out of the impasse; there's only one. Dworkin is clear that the free speech clause should prevail. O'Neill is rather less clear about this.


But this leaves me with a question. I go back to what I quoted by Irving Kristol about the influence of what we hear or see over us, even in spite of us. Confronted with a cartoon of The Sturmer, the Nazi Germany antisemitic publication) like this one, taken from here:

der sturmer

Is it possible that even though the clause of free speech rules out difamation and incitement, certain drawings, by themselves, have a negative effect, even among individuals that are not easily offended, or are not seemingly prejudiced? What is the reason that this cartoon makes such an impression on us, is it because it reflects a revolting thought that stains an era in which people saw these type of cartoons as natural, or because they are capable by themselves to cause prejudice among the viewers, lets say, if they are constantly published and shown everywhere like they were during the nazis? The publication of cartoons like this, and other that I've seen and consider racists against blacks, would be labelled incitement (to racial hate), and therefore outside the clause of free speech or not? The Sturmer was published since 1923, long before Germany turned into a totalitarian state. We hate the cartoons because they show us the worst that man is capable of in terms of prejudice and hate, or because we fear they had an influence over the Germans?

I wish that Norman Geras was here.