domingo, febrero 12, 2006

El vengador acomplejado - The complexed avenger

Shylock
Un artículo duro y excelente de Benjamín Kerstein del Diary of an anti-chomskyite sobre la última película de Steven Spielberg, "Munich", que aún no he visto. Kerstein aborrece el modelo del judío cristianizado que presenta Spielberg y Kushner y ofrece su propia mirada. Mi traducción.

Munich y Shylock

Estoy escribiendo esto apenas media hora después de ver la película. Me perdonarán, espero, la intensidad de mis emociones. Quiero decir ahora, en el principio, que, desde un punto de vista puramente estético, es una película brillante. Bien actuada, bellamente fotografiada, tensamente editada. Spielberg sigue siendo, como siempre, un maestro en la manipulación de imágenes y emociones. Más allá de esto, es una de las obras de arte más moralmente viles que jamás he visto. Si la falla reside en Spielberg o con el co-escritor Tony Kushner, no tengo idea. Me inclino a culpar a Kushner, ya que los pronunciamientos públicos de Spielberg sobre el conflicto árabe-israelí parecen ser no mucho más que naivete bien intencionada, mientras que los discursos de Kushner sobre el tema son de la variedad más terriblemente ponzoñosa. He estado una infortunada vez con el igualmente infortunado Sr. Kushner, y sólo puedo decir que dudo que otro autor ganador del premio Pulitzer ha conseguido nunca ser tan simultáneamente estúpido, juvenil, insultante y megalomaníaco en tan poco lapso de tiempo. En esto, por lo menos, Kushner puede reclamar algo de singularidad. Más allá de eso, la única cosa notable sobre él es cuán poco notable es. Acá tenemos una vez más a otro escritor de la Diáspora, judío que se odia a sí mismo, pseudo-moralista, y de ultra-izquierda, cuya única definición de judaísmo es la voluntad de reconocer la humanidad de aquellos que alegremente le cortarían la garganta a él y a sus hijos.

El film, como todo el mundo sabe, se basa en la supuesta historia real de aquellos que planearon y organizaron la masacre de Munich de 1972. La masacre, por lo menos, realmente ocurrió. Respecto al resto de las cosas que suceden en la película, me inclino a pensar que surgieron completamente formadas de las imaginaciones afiebradas de Spielberg y Kushner. El libreto del film es, para decirlo moderadamente, fantásticamente ridículo. Para poder tragarse la premisa de la película tenemos que creer que el Mossad mandó al equipo de asesinos más incompetente de toda la historia del moderno trabajo de inteligencia; que los anarquistas franceses proveen regularmente información a las agencias de inteligencia, que, a pesar de sus enormes recursos, son aparentemente incapaces de descubrir por sí mismas; que asesinos experimentados fantasean sobre ataques terroristas mientras tienen sexo con sus increíblemente hermosas esposas; que Tel Aviv tiene un boulevard elevado completo y con barandas...pero todo esto es bastante irrelevante. Después de todo, Spielberg es un fantaseador, y no podemos realmente esperar que un cineasta cuya principal influencia es la televisión de los años 50, sea capaz de armar una narrativa enteramente creíble sobre eventos de vida y muerte. Sin contar con lidiar con las complejidades de la readquisición judía de la capacidad para el poder, la violencia y, sí, nos animaremos a decir la temida palabra, la venganza. La Lista de Schindler será citada por supuesto como una excepción, pero en ese caso los judíos estaban confortablemente convertidos en víctimas, así que nos podíamos pasar el tiempo ponderando la posible humanidad de un genocida oficial nazi. Por supuesto, en este caso, no son los nazis los que son asesinos de judíos, y por eso, aparentemente, estamos en un terreno más complicado.

Dejando de lado la falta de credibilidad de la película, por lo menos sus ficciones están al servicio de algo. Ese algo parece ser un rejunte de ideas -uso el término generosamente- que podrían ser fácilmente resumidas en ese tipo de slogans de alto vuelo que Spielberg usa sin duda para vender sus películas. La venganza no tiene sentido. La revancha sólo crea un ciclo de violencia. Todo el que lucha contra terroristas se convierte él mismo en terrorista. El terrorista de unos es el luchador por la libertad de otros, y etc., etc., ad infinitum. Todo esto es, por supuesto, una forma de sonar inteligente y complejo sin necesariamente tener que ser inteligente y complejo. Una predilección que ha hecho ricos a Spielberg y Kushner, pero que difícilmente habla bien sobre sus capacidades artísticas. Por supuesto, mientras que Spielberg es un gran artista, aunque más no sea por su extraordinario talento manipulador; Kushner es un artista falso como una cáscara. El definitivo Tío Tom judío. Nunca deja de darle a los gentiles lo que ellos quieren. La idea de que a un judío pueda no náusearle matar a aquellos que lo quieren matar a él, que la venganza también puede ser justa, que ofrecer la otra mejilla es la hipocresía de la cristiandad y no el credo de los judíos, que la sangre judía nos importa más a nosotros porque no le importa a nadie más, que un judío puede ser algo más que un alegre negro casero para la gente linda; todo esto es demasiado horroroso, aparentemente, para ser siquiera pensado como una posibilidad racional. Así que recibimos otro lloroso Shylock, vistiendo las prendas de la conciencia, que para los justos es sólo otro saco judío sobre el que pueden escupir. ¿Si nos hieren no sangramos? ¿Si nos envenenan no morimos? Perdónennos, oh hermosas y bien intencionadas almas, por no ser gentiles. Y, por supuesto, la frase final, la gran verdad en el centro de la furia de Shylock, que no es una súplica, es borrada como otra verguenza ante los goyim. Porque es impensable. Porque dice así: ¿Si nos haces el mal, no nos vengaremos? Si somos como ustedes en todo el resto nos pareceremos a ustedes en esto. Y será dura, porque mejoraré la instrucción. No tengo ni tiempo ni paciencia para aquellos que le negarían a Shylock su venganza. Dénme a Shylock. Lo adoraré. Le cantaré sus alabanzas. Lucharé por Shylock. Resistiré en su nombre. El es mi pariente. Sufrió porque era judío. Y deseó venganza por su sufrimiento porque era un ser humano. Yo soy un ser humano y un judío. Sufro cuando mi gente sufre, y deseo venganza por mi sufrimiento y por el de éllos. Y la deseo tanto como judío y como ser humano. Y no me avergonzarán inexpertos refugiados de la generación televisiva ni tontos autosuficientes que se hacen pasar por hombres de conciencia.


Lean también de Kerstein: "La estrella naranja y la santificación de la blasfemia", escrita en Augusto del 2005 sobre el plan de separación de Gaza y Cisjordania. Fue el artículo que me hace volver periódicamente a su blog para leer sus nuevos posts. Kerstein realizó una disección del pensamiento mesiánico de los colonos judíos, y advierte contra la espera, casi el ansia, de éstos por que vuelva el Mal a la Tierra.



A hard and great post by Benjamin Kerstein of Diary of an anti-chomskiyte about the latest movie by Steven Spielberg, "Munich", which I still haven't seen. Kerstein abhorrs the model of the Christianized Jew presented by Spielberg and Kushner and presents his own view.

Read his "
Munich and Shylock"

Also, read by Kerstein "
The Orange Star and the Santification of Blasphemy", written in August 2005 about the Israeli Disengagement from Gaza and the West Bank. It is the article that makes me go back often to his blog to find new posts. Kerstein disected the settlers' messianic outlook, and warns against waiting anxiously, almost willingly for the Evil to return to Earth.