sábado, enero 14, 2006

¿Por qué discriminar a Israel?

Atenas
Norman Geras es Profesor Emérito de Gobierno en la Universidad de Manchester, Inglaterra. Su especialidad es la filosofía, política y economía.

Desde el año 2003 mantiene un blog que ha ganado varios premios. Y con el cual yo mantengo un link. Norman apoya la guerra de Irak desde una postura de izquierda y es crítico de la ocupación israelí sobre los palestinos, pero defiende a Israel frente a los anti-sionistas.

El 13 de enero publicó dos críticas muy interesantes a un artículo de Richard Kuper, el cual defendía discriminar [gracias Martín por la traducción de la frase inglesa "to single out"] a Israel para criticarlo como un país racista y violento y apoyar mecanismos como el boycott intelectual contra académicos israelíes y comercial contra la economía israelí.

Me pareció interesante traducir la crítica de Eve Garrard, un invitado a su blog y la de Norman a esta postura sin fundamentos:

Discriminando a Israel (por Eve Garrard)

La primera y principal justificación de [Richard] Kuper para brindarle una atención hostil especialmente a Israel, es que este país se discrimina a sí mismo cuando invoca estar en un nivel más alto de moralidad por su compromiso con los valores de la libertad, justicia y paz. [Israel] invita que se hagan evaluaciones en términos de valores occidentales, porque argumenta estar comprometido por ellos. Pero parece seguirse de la crítica de Kuper que si Israel abandonara este reclamo, entonces para él (Kuper) habría mucho menos motivo para discriminarlo, y él podría sin ninguna duda con un suspiro de alivio, trasladar su atención hostil a cualquier otro lugar. Parece que una consecuencia de su posición es que le debemos dar mucha más ventaja a países que son desvergonzadamente opresivos y tiránicos, y ser más duros con países que explícitamente aprueban valores liberales. (Y de hecho más de uno de los que consideran que está OK criticar especialmente a Israel parece que actúan bajo este principio). Esta es realmente una asombrosa priorización del vicio de la hipocresía (que se supone que Israel posee en grado mayor que todos los demás países - en si misma una postura altamente dudosa que Kuper no hace ningún intento de defender) al costo de ignorar los otros mucho más terribles vicios de la tiranía y el asesinato masivo. Puede que Kuper apele a la suposición tácita de que sólo debemos juzgar a los sistemas políticos con los mismos estándares que ellos mismos respetan. Pero esta es una mirada todavía menos atractiva: condenaría cualquier esperanza de apelar a los Derechos Humanos frente al asesinato y la tortura.

Otro de los argumentos de Kuper es que se justifica discriminar punitivamente a Israel porque está apoyado por Estados Unidos. Acá el principio parece ser que un país que es amigo de Estados Unidos debe ser juzgado con un estándar mucho más duro que países que hacen cosas mucho peores, pero que no están apoyados por Estados Unidos. Es difícil ver como esto se diferencia de la conocida mirada de que debemos dejar a la gente tranquila incluso si son unos bastardos, mientras sean nuestros bastardos - difícilmente un principio moral admirable, o incluso de izquierda. De hecho, los dos argumentos [de Kuper] son unos con los que ciertos sectores de la extrema derecha se sentirían muy cómodos.


Luego, Norman Geras hace su aporte a la crítica contra la posición de Kuper:

Kuper dice:

¿Es Israel discriminado? Bueno sí, en el sentido de que cualquier persona apoyando cualquier causa señala esa especialmente de toda las otras causas que podría apoyar y la prioriza [...] Hay demasiadas causas válidas y nosotros inevitablemente seleccionamos.


Norman responde:

Ahora, lo que Richard [Kuper] dice acá es perfectamente válido respecto a personas individuales. No puedo protestar o actuar contra cada caso de necesidad, or injusticia o crueldad que hay en el mundo, y si dedico mis energías a tratar de hacer algo por un tema y no por otro, no debería ser sujeto a crítica por eso. Es mejor que lo haga a que no haga nada, y como Richard dice, hay muchas clases de razones que empujan a la gente hacia una causa en vez de hacia otra. Tampoco se requiere moralmente de alguien que actúa con la intención de mejorar las cosas, que se focalice en (sea la que sea o la que se piense que sea) la peor injusticia del mundo. Una persona que elige intentar ayudar a gente que sufre en un grado menor que otra gente que sufre en un grado mayor, no está necesariamente haciendo esto porque tiene prejuicios contra el segundo grupo de personas, o incluso porque piense que eligiendo actuar de esta manera está haciendo el mejor uso posible de su tiempo y energía. Puede tener simplemente una conexión personal con el tema que adoptó, o se percató del tema de una forma que la afectó especialmente. Nuestras vidas morales no son del tipo de las máquinas calculadoras de consecuencias.

Es diferente, sin embargo, cuando uno considera grandes grupos de individuos: miembros de organizaciones, partidos, iglesias, movimientos, o más borrósamente - como en este mismo caso- un gran segmento de la opinión de izquierda liberal en occidente. Simplemente no sucede que un montón de individuos converjan en una causa. Tiene que haber razones. El movimiento hoy en día de instituir boycotts de un tipo u otro contra Israel, pero no contra otros estados cuyos historiales de derechos humanos son peores, y en muchos casos mucho peores que los de Israel - sólo nombro Sudán acá para fijar mi punto comprensivamente - no apareció sólo a través de un montón de personas individuales centrándose, por una multiplicidad de razones personales, en las quejas justificadas de los palestinos. O hay buenas razones que puedan ser citadas para mostrar por qué Israel es un caso especialmente atroz, y son esas razones las que han inducido a tanta gente a señalar a Israel para un tratamiento especialmente perjudicial. O no hay tales buenas razones - y existe por lo menos prima facie un argumento para pensar que cierto prejuicio contra este país o esta gente está actuando. Los que apoyan boycottear Israel tienen todavía que proveer una buena razón para discriminarlo.