miércoles, noviembre 09, 2005

Yitzhak Rabin Z"L

Yitzhak Rabin en 1948
El 4 de noviembre pasado se cumplieron 10 años del asesinato de Yitzhak Rabin, entonces Primer Ministro israelí por el laborismo, a manos de un fanático de derecha llamado Yigal Amir, que actuó con ayuda de su hermano.

¿Qué puedo decir? Lo primero es reconocer que no se mucho de Rabin. Se más sobre lo que se firmó y se cumplió e incumplió durante el proceso de Oslo que sobre Rabin y su "legado". He leído una serie de artículos que salieron en Haaretz, escritos por diferentes periodistas sobre las consecuencias del asesinato para la sociedad israelí y cada uno me deprimía más.

Algunos dicen que no hay un tal "legado". Otros dicen que la persona no era el mito que se pretende que sea. Otros dicen que este mito o este legado es tan informe que no tiene ningún significado, y ha caído en el kitch. Todos tienen un poco de razón aquí. Por ejemplo, ¿qué significa utilizar el recuerdo de Rabin para fomentar una "unión entre hermanos" vacía que se deja sin especificar, como si el contenido mismo de las diferencias políticas que nos separan se pudiera llenar con abrazos y besos entre la izquierda y la derecha? Entre nosotros y los colonos. Otros periodistas señalan que este abrazo fraterno deja afuera completamente a los árabes israelíes. Y esto también es verdad.

Lo cierto es que yo no tengo muy claro cuál es el legado de Rabin. Si tuviera que dar mi primera impresión, me parece que lo más importante fue un cambio de las conciencias en muchos israelíes sobre el futuro de nuestras relaciones con los palestinos. Un reconocimiento de que la ocupación debe terminar porque nos corrompe a nosotros y los daña a ellos. Pero hay límites a lo que un Primer Ministro puede hacer. Rabin dijo "¡Basta de sangre!", pero no pudo o no quiso convencer a los colonos. Y tampoco pudo convencer a los palestinos.

Recuerdo haber mirado por televisión en Argentina el día en que Rabin y Arafat se dieron la mano. Aunque ya no era un nene, lo único que me sube a la memoria es la impresión de que era algo bueno, pero nada más. No sabía mucho más y la verdad no me importaba tampoco. ¡Y eso que un año antes había estado en Israel!

Como dije, a veces pienso que por lo menos lo que ha dejado el proceso de Oslo -que tuvo a Rabin como impulsor- es el reconocimiento en los israelíes del derecho de los palestinos a vivir sin nuestro control. Otras veces, leyendo trabajos sobre opinión pública veo que lo que hizo fue dividir a los israelíes en dos campos totalmente separados: la derecha y la izquierda. Luego miro el resultado del proceso de desconexión de Sharon y me congratulo de que hay un núcleo central en la población israelí que entiende que la separación es inevitable y buena para nosotros, y que apoya silenciosamente, pragmáticamente, la demolición de ideologías imposibles. Otras veces veo que la polarización se rearma en dos campos: izquierda laica, derecha religiosa.

Anteayer salió en el diario que el gobierno cerró el jardín de infantes de la madre del asesino Yigal Amir. Sí, ¿pueden creerlo? tenía un jardín de infantes en Hertzlía. Me enteré (lo dice el asesino) que a los pocos días de su acto, los padres de los chicos azkenazíes sacaron a sus hijos del jardín. Finalmente, hace unos días, se constató que tenía menos de 10 chicos y por ley los inspectores le sacaron la licencia.

Lo que más me duele no es la muerte de Rabin. Es esta lucha constante a dos frentes, contra los terroristas palestinos y su máquina de propaganda y contra los extremistas judíos y su máquina de propaganda. Pero no desespero. Creo que de a poco, la razón entra en la gente.

¿Algún signos positivo? los residentes de varias colonias que han quedado por fuera de la barrera de seguridad han solicitado ser compensados para poder mudarse adentro de Israel. Por supuesto, por ahora no se puede hacer nada, los tiempos políticos exigen que primero se construya otra coalición estable. No se puede hablar de Desconexión 2 si las bases no están firmes. Pero la reja avanza y eso es bueno. Que Dios le dé larga vida a Ariel Sharón. El legado de Rabin se va a esclarecer si sabemos resolver los problemas del presente.