sábado, septiembre 24, 2005

Reseña: La retórica del terrorismo y contraterrorismo


Para la tesis comencé a leer algunos libros sobre terrorismo y comunicación. Cuando encuentro algo interesante, me gusta comentarlo. Además me ayuda a pensarlo mejor y ordenar lo que leí. Así que acá les presento una media reseña del libro "The Rhetoric of Terrorism and Counterterrorism" de Richard W. Leeman, 1991. Leí casi todo el libro, salvo los últimos dos capítulos que tienen ejemplos de la retórica antiterrorista de Nixon y Reagan y que no me servían tanto. Pero la base teórica y ejemplos apropiados están presentes en los capítulos anteriores. Esta no pretende ser una reseña completa.

El tema

El libro habla sobre la retórica (esto es, la forma de argumentación) de los grupos terroristas, y de los funcionarios que se encargan de contraterrorismo. Qué vemos? Vemos grupos terroristas que aparecen en la televisión y difunden su propaganda. Qué más vemos? Vemos a George Bush dando un discurso contra el terrorismo. Los dos argumentan y presentan su caso. Este libro intenta analizar la argumentación y entender por qué muchas veces no nos convence ninguno de los dos y qué hay que hacer para destruir la retórica del terrorismo.

Leeman dice que los terroristas tienen ciertas formas e ideas comunes que se expresan en su discurso y que son identificables. A la vez, dice que muchos de los pronunciamientos contraterroristas (por ejemplo cuando habla Blair o Bush) son como un reflejo del discurso terrorista. Esto es, mantienen el mismo mundo bipolar (buenos/malos, civilización/barbarie, nosotros contra ellos) que los terroristas y por eso adolecen de las mismas falencias argumentativas. Leeman desarrolla luego la idea de que existe un discurso contraterrorista posible que no es "reflexivo", sino democrático y que es preferible porque no tiene desventajas, es robusto frente a las falacias terroristas, y permite, en el mejor de los casos, prevenir el desarrollo del terrorismo dentro de los países democráticos.

Las premisas

El libro abre con algunas premisas que el autor explicita para establecer un terreno común de discusión. De estas, las más importantes son las dos primeras:

  1. Que las organizaciones que él llama "terroristas" son de hecho terroristas.
  2. Que un gobierno democrático es preferible a cualquier otra forma de gobierno.

El autor nombra a la OLP de Arafat, la fracción del Ejército Rojo Aleman/Badher-Meinhof, The Weatherman, el PFLP/Frente Popular para la Liberación de Palestina de George Habash, the British Angry Brigade, el neonazi norteamericano MacDonald, los Tupamaros uruguayos, el IRA irlandés, los fundamentalistas cristianos que ponían bombas en las clínicas de abortos en USA, el Japanese Red Army que mató 24 personas en el aeropuerto Ben Gurión, la Orden de los Arios y los Quebecois de Canadá.

Hay gente que considera que ninguno de los grupos citados es terrorista. A ellos, Leeman les dice que seguramente esa gente piensa que los contraterroristas son los "verdaderos terroristas". Les dice que no se preocupen, que simplemente cambien donde dice "terrorista" por "contraterrorista" y viceversa en los capítulos 3 y 4 sobre retórica del terrorismo y retórica reflexiva del contraterrorismo y ya está, problema solucionado. Como sus discursos son prácticamente un reflejo el uno del otro, el análisis del libro igual sigue teniendo sentido.

La retórica del terrorismo

Yendo entonces al análisis del discurso terrorista, Leeman encuentra que la principal característica de este es que divide al mundo entre el "terrorista bueno" y el "sistema inhumano". Esto es, un mundo bipolar, maniqueo donde la violencia del terrorista es siempre una respuesta a la violencia del sistema. El discurso terrorista se basa en esta categorización previa para demandar que el cuerpo político pase a la acción contra el sistema.

La principal característica del terrorismo es la violencia. Por lo tanto el terrorista caracteriza esa violencia como una respuesta. La violencia del terrorista es siempre menor o igual a la violencia del sistema, nunca es mayor. La inhumanidad del enemigo (el sistema y sus monigotes-colaboradores) justifica la inhumanidad de la violencia del terrorista. El sistema nunca se define con claridad, siempre es ambiguo, no importa si el terrorista sea "izquierdista" o "derechista". El sistema es un "monstruo" que comete "crímenes", la gente que acepta ese sistema son "cerdos" ya que vivir en el sistema "no es vivir", y la respuesta adecuada es una "guerra". El uso de la palabra guerra sugiere que el terrorismo es una respuesta legítima.

No existe la neutralidad. "O estás con nosotros o estás contra nosotros". Los que no hacen nada son igual de culpables. Es mejor cometer violencia en respuesta de la violencia del sistema que traicionarse, o sea cometer violencia contra los propios ideales. Por lo tanto, la violencia terrorista es justificada doblemente.

El discurso del terrorista no usa generalmente datos, pero cuando lo hace es para generar emociones, no para sostener una argumentación racional. Por ejemplo, cita imágenes de violencia para generar simpatía con la propia causa. Genera emociones agrandando al enemigo utilizando metáforas e hipérbolas: el sistema, el imperialismo, Estados Unidos, Israel, la sociedad occidental, el capitalismo, son "conspiradores", "omnipresentes", "un cáncer", "lo más estúpido", "lo más anti-social que existe", etc. Como la verdad "es evidente", los terroristas no usan mucha documentación, citan fuentes o siguen normas tradicionales de evaluación de la evidencia.

Lo que Leeman encuentra es que en el discurso terrorista hay dos tensiones retóricas: elitismo versus populismo, y comunicación versus acción.

La primera tensión surge porque el terrorista siempre dice que habla en nombre de "la gente", "el pueblo", pero la realidad es que los que se dedican a la violencia terrorista siempre son una minoría. Por lo tanto, les cuesta salir de la contradicción de que su movimiento esté "basado en la fé de las masas" y que las masas en realidad no los apoyan o los ignoran (Leeman no parece tomar en cuenta a Hamas o Hezbollah y el apoyo masivo que tienen, probablemente porque el libro es de 1991). La forma más común de salir de esta tensión es clamar que la gente está engañada por el sistema, y que el terrorista debe hacerlas salir de su sueño. El terrorista clama que su acción es populista, pero actúa como un elitista.

La segunda tensión proviene del hecho de que los terroristas demandan acción y consideran las palabras como inútiles o incluso peligrosas, pero paradójicamente todo el tiempo se dedican a comunicar, tanto con el atentado mismo, como con las apariciones posteriores en la televisión.

La retórica reflexiva del contraterrorismo

Qué pasa con el discurso contraterrorista? Si este discurso es reflexivo, es simplemente un reflejo invertido del discurso terrorista. El discurso reflexivo recrea el mundo bipolar del terrorista. Primero que nada se establece la propia legitimidad: "cuando hombres buenos se enfrentan al mal...". Se hace mención a los valores democráticos, aún cuando el discurso mismo no se construya en forma democrática sino elitista, de arriba abajo. Se dice: "el terrorismo representa un asalto a los valores más fundamentales de nuestra civilización occidental, respeto por la vida humana, la vida, la justicia, y la decencia". Se formula como una división entre "civilización y barbarie", donde los terroristas son prácticamente incomprensibles, irracionales, bestiales, sus conductas son inhumanas.

Si los terroristas son bestiales y anormales, la discusión sobre sus puntos de vista es totalmente innecesaria. El uso de la fuerza está legitimado ya que "la fuerza es lo único que los terroristas entienden". La apelación a la guerra también legitima cualquier acción antiterrorista que se emplee. La neutralidad no existe, no hay zonas grises entre los terroristas y la gente normal.

El discurso contraterrorista reflexivo también usa imágenes para provocar emociones como miedo y furia, mientras que los terroristas buscan las emociones de miedo, furia y frustración. Como reflejo del uso por parte de los terrorista del término "sistema", los contraterroristas usan el término "red" (network) o "red mundial" (global network), con lo cual agrandan al enemigo. Usan metáforas como "cáncer" y "enfermedad".

El contraterrorista reflexivo, como el terrorista, demanda acción y aborrece la inacción, el discurso inútil. La inacción es "apaciguamiento" (haciendo referencia a como Chamberlain apaciguó a Hitler dándole Checoslovaquia en 1938). Las fuentes de documentación también son vagas, se dice que hay "evidencia concluyente" sobre una "red terrorista", pero la evidencia no se muestra.

Las mismas tensiones retóricas aparecen en este discurso: elitismo versus populismo y comunicación versus acción. El contraterrorista habla de democracia, pero considera que la división entre lo legítimo y lo ilegítimo (violencia terrorista) es obvia, por lo tanto, el debate con el público es innecesario. La democracia es importante, pero el contraterrorista considera que a veces se pueden tomar acciones contrarias a la ley, si se considera necesario. Quién determina si es necesario? el contraterrorista; esencialmente un comportamiento antidemocrático [Nota de Fabián: no sé si antidemocrático, pero por lo menos jerárquico]. Asimismo, la acción es "urgente", "necesaria" y será "decisiva", pero el contraterrorista se para frente a la cámara y habla. ¿Para qué habla si es perder el tiempo? es una contradicción.

Los dos discursos se reproducen y en lugar de ser una respuesta al terrorismo, el contraterrorismo reflexivo tiene sus mismas fallas. Pero hablar es importante. Explicar a la gente las acciones contraterroristas es fundamental en una democracia. Cómo se puede hacer esto sin caer en el reflejo del discurso terrorista? Leeman dice que por medio de una retórica democrática.

La retórica democrática

La retórica democrática no sólo habla de los valores democráticos. Está definida por actitudes democráticas. Estas actitudes son tres: respeto por el "otro", un "otro" bien informado y honestidad intelectual.

El respeto por el otro tiene que ver con incluir a la audiencia en el proceso de discusión. Leeman considera que el "otro" incluye también al terrorista dentro del "cuerpo político". Si se argumenta que el terrorista ha violado normas legales internacionales, el terrorista debe estar incluido en el conjunto de la sociedad, si no, no tendría sentido hablar de violación de la ley. El respeto por el otro también implica la tolerancia al desacuerdo. Lo que no significa abandonar el debate, sino reconocer que el otro puede estar equivocado sin ser inhumano, o vil. El disenso del terrorista sería tolerado por el contraterrorista, pero no los medios por los cuales se expresa el disenso (la violencia). Asimismo, el contraterrorista debe tolerar el disenso de aquellos que consideran que hay otros métodos mejores de actuar contra el terrorismo. La acción antiterrorista debe ser tomada dentro de un compromiso con la ley internacional.

Un "otro" bien informado significa que los datos y el proceso de razonamiento por el cual se llega a las decisiones a tomar deben estar bien explicitados y ser lo más específicos posibles. Esto permitiría a la audiencia entender por qué se toman ciertas decisiones. No se debería llamar a la "acción" sino que se deberían discutir diferentes propuestas de acción en forma pública.

Honestidad intelectual significa que el orador no debe creer que está en posesión de la "Verdad", sino que debe estar convencido de la veracidad de todo su mensaje; no haber escondido hechos, no haber falseado opiniones. El argumento que se exponga no tiene que ser "el mejor", tiene que ser "el mejor dentro de la información disponible".

Conclusión

El propósito del contraterrorismo en una democracia liberal es, primero y principal, proteger y mantener el sistema democrático. Según Leeman, esto sólo se puede hacer por medio de un discurso democrático. Como esta retórica pone al cuerpo político entero como la última instancia de decisión, no tiene la desventaja de la tensión entre elitismo y populismo. El objetivo es construir consenso, tanto nacional como internacional si se puede. Sólo la democracia puede derrotar el terrorismo.

Nota de Fabián: En este sentido, la retórica del "están con nosotros o contra nosotros", "civilización o barbarie", "Eje del Mal" más que estar equivocadas, hay que entenderlas como insuficientes o contraproductivas. En algún momento la gente se cansa de ser manipulada y cae en la pasividad o el desinterés (cuando no bajo el influjo de algún demagogo como Michael Moore o Noam Chomsky). El objetivo del libro es movilizar a la gente contra el terrorismo, usando sólo la verdad que se construye entre todos. Las premisas citadas al comienzo indican también que no tiene sentido discutir sobre cuál es la mejor respuesta al terrorismo frente a gente que no valora el sistema democrático; por ejemplo, la derecha fascista o la izquierda marxista. Donde uno ve terrorismo ellos ven contraterrorismo y viceversa. Pero a la vez, el discurso construido de manera democrática les pasaría de largo sin afectarlos porque ellos son dogmáticos y creen tener la Verdad revelada.