domingo, septiembre 11, 2005

Bernadottismo

Hoy el gobierno votó, simbólicamente, terminar la ocupación militar de la franja de Gaza. Digo, simbólicamente porque el voto fue simbólico, ya estaba decidido de antes, no que la retirada fue simbólica. Es real.

Sin embargo, en política, y sobre todo en Medio Oriente y especialmente cuando se trata de Israel, los hechos se cubren de una significación simbólica que es disputada entre los adversarios. Es importante entender esto porque nada se termina con una ley. Israel tiene que pelear públicamente frente a los medios de comunicación por cada paso que da y por cada situación que se presenta.

Seguramente al escribir estas líneas, estoy bajo la influencia de un libro que estoy leyendo ahora "My country" de Abba Eban, que fue embajador israelí a la ONU y en los Estados Unidos. El libro lo compré de saldo en la biblioteca de la universidad, parece que les sobraba. Me salió sólo 10 shekels (7 pesos) y es un lindo libro, con muchas fotos y la historia de Israel desde el nacimiento del sionismo hasta 1972.

Cuenta Eban que entre el 1 de julio de 1948 (en el medio de la Guerra de Independencia) y el 11 de mayo de 1949, día de la aceptación por parte de la ONU de Israel como estado miembro, planeó una grave sombra sobre la futura soberanía de Israel, que fue el reporte del Conde Bernadotte, mediador de la ONU entre los judíos y los árabes. El reporte proponía una solución que negaba la soberanía de Israel y proponía un "país" o "ente" conjunto con Jordania, bajo la supervisión (sólo de palabra) de la ONU. Aunque los árabes rechazaron también este plan (por considerar que otorgaba demasiada autonomía a los judíos) e Israel también lo rechazó por negar su derecho a la soberanía, durante unos años el "bernadottismo", o sea, la creencia de que el Estado de Israel nació como un hecho provisorio y es revocable por la ONU, siguió oscureciendo el panorama. Eban escribe en 1972 y no podía imaginarse que la Intifada del 2000 iba a reavivar el bernadottismo en grandes sectores de la población mundial.

Y fue así. La extrema izquierda y la extrema derecha se juntaron en su “bernadottismo”. Es fácil traducir esta palabra por antisemitismo en el caso de la derecha; más difícil (pero no imposible) es establecer que la izquierda puede ser también antisemita (aunque lo nieguen y se denominen a sí mismos “anti-sionistas”). El “bernadottismo” había desaparecido de la escena política e ideológica durante muchos años. Antes de los acuerdos de Oslo no existía, aunque tampoco existió durante la época de los acuerdos de Oslo (1993-2000). Volvió a su indigna vida cuando los Acuerdos de Oslo fueron demolidos por la Intifada de Arafat. Era algo realmente paradójico (y para mí, espeluznante, la verdad), que la respuesta de ciertos formadores de opinión pública al ataque terrorista contra Israel fuera, increíblemente, comenzar a cuestionar la validez de Israel, como si la situación hubiera retornado al año 1948 en lugar de a algo similar a 1993.

En estos años presencié innumerables discusiones sobre el significado de 1948, cuando lo más razonable hubiera sido discutir las fallas evidentes y solucionables de una serie de acuerdos posteriores a 1993, o a lo sumo discutir sobre las causas y consecuencias de 1967. El hecho más evidente, la presente incapacidad de los palestinos para crear su propio estado, (con monopolio del uso de la fuerza, con elecciones regulares sin fraude, con separación de poderes, sin asesinatos para saldar cuentas y con un control mínimo de la corrupción) fue olvidado, ocultado, dejado de lado. Lo que había que discutir era si Israel tenía derecho de existir o no. Odioso.

Pero esto no era sólo culpa de los palestinos, los árabes, la izquierda “antiimperialista” y la derecha simpatizante de los nazis. La culpa la tenía también Israel. ¿Por qué? Porque Israel fue durante demasiado tiempo un país sin fronteras. Sin fronteras reconocidas, por una parte, pero sin fronteras estables, por otra. Lo primero se puede achacar a la agresión árabe. Lo segundo es un error nuestro.

Aunque hay muchos países en el globo que tienen disputas territoriales, Israel como país pequeño, como país de gente perseguida por milenios por su religión y asesinada industrialmente en masa, como país vulnerable, como país asediado durante años por la propaganda árabe-soviética antisionista/antijudía debía entender que su situación era diferente a la de los otros países. Israel debía fijar sus fronteras y no dejar pasar el tiempo así como así en veremos. Por supuesto, las fronteras fijadas en el armisticio de 1949 y que duraron hasta 1967 eran indefendibles y muy peligrosas, pero tampoco se podían dejar libradas al azar las definitivas, aún si la resolución significaba quedarse con alguna parte de Cisjordania por razones de seguridad. Las fronteras provisorias ayudaron a revivir el fantasma del Estado provisorio cuando Arafat lanzó a su Autoridad Palestina a una guerra anárquica suicida-homicida. Le dieron a la propaganda árabe un éxito temporal, y pintaron a Israel como un estado racista y de apartheid. Esto se tornó demasiado peligroso.

Esta es una de las razones por las cuales el plan de separación de Ariel Sharón es muy positivo. Porque a pesar de todo lo que pataleen los palestinos por algunos metros más de tierra, la frontera con Gaza es vista por el mundo como una frontera internacional. De este lado Israel, del otro lado Palestina. Israel se fue de allí, sacó a su gente y a sus soldados; ahora les toca a ustedes, los palestinos, arreglárselas y demostrar que merecen un estado y que pueden con él. Lo mismo debe hacerse en Cisjordania, y la frontera, obviamente, pasará por el trazado de la Barrera de Seguridad, metro más, metro menos. Por eso los dirigentes palestinos le tienen tanto miedo y tanta bronca a la barrera, porque es un freno total al doble discurso que siempre mantuvieron: hoy negocio por Gaza y Cisjordania, pero mañana lo queremos todo. La frontera en construcción en Cisjordania, la frontera común entre Egipto y Gaza, y la futura conexión entre Cisjordania y Jordania matarán al Bernadottismo para siempre.

Por eso, nosotros tenemos que entender el significado simbólico del plan de separación. Significa la vida para Israel. Y cuando hablemos con gente sobre el tema, reconozcamos lo valiente, lo difícil y lo significativo de la retirada israelí de Gaza y no nos olvidemos de señalar que la Barrera de Separación es lo que hará posible un estado palestino (aún a pesar de ellos).