sábado, julio 02, 2005

Wish


¡Hola! Hace mucho que no escribía. Incluso nos mudamos de departamento desde la vez que mandé la última carta, aunque seguimos viviendo en Rishon LeTzion. Estamos en un depto más chiquito pero más lindo, y mucho más habitable que el anterior.

Qué de cosas pasaron…vino mi mamá a visitarnos y se quedó con nosotros dos semanas. Paseamos con ella, fuimos a Haifa, Jerusalem, Iafo, Tel Aviv… En Haifa paseamos por los jardines Bahai que son una maravilla, una obra de arte. En la ladera del monte Carmel se construyeron 18 terrazas de jardines simétricos, con un templo en el medio y una vista de toda la bahía. Los bahai (los creyentes en la religión Bahai) suben las terrazas cuando hacen peregrinaje a Israel, y el resto de la gente las baja. En Haifa entramos también a la Iglesia Stella Maris que está construida encima de la caverna donde vivía el profeta Eliahu (o Elías en castellano) y que contiene tumbas de caballeros y religiosos del siglo XIII. Del monte Carmel también salieron las monjas carmelitas descalzas. Nos encontramos con parientes que nos llevaron a su casa, y a la vuelta, como todos los horarios del tren estaban cambiados por ser el día de la independencia, llegamos sólo hasta la estación en Tel Aviv y de ahí nos tomamos un monit (un minibús para 10 pasajeros) que nos dejó a cuatro cuadras de casa en nada de tiempo.

A Jerusalem fuimos en el tren recién inaugurado que sale desde Tel Aviv. El trayecto es hermoso, el tren viaja despacito en un valle lleno de árboles. En las curvas se sacude un poco pero al cabo de un rato uno se acostumbra. La estación final queda un poco lejos de la ciudad vieja, así que ojalá la continuen más adelante. Llegamos a la puerta de la Knesset (el parlamento), pero no era día de visitas, luego entramos al nuevo sector del Museo del Holocausto, Yad Vashem. Es como un escalímetro triangular haciendo equilibrio sobre una montaña. Se entra por un costado y se sale por el otro, que se abre con una forma como si se hubiera derretido. Da para recorrerlo por lo menos durante tres horas, para mirar y leer todo, pero no teníamos tanto tiempo. Entramos a la ciudad vieja, donde comimos un shawarma, pero tampoco pudimos tocar el Muro de los Lamentos porque estaban preparando el acto de Iom haZikaron (Día de la Memoria) e iba a hablar el presidente, así que lo vimos de lejos. A la vuelta, la sirena que suena durante un minuto en todo Israel en recordatorio de los caídos en las guerras y a causa del terrorismo nos sorprendió dentro del micro. El chofer frenó en una intersección de la ruta, y todos los autos hicieron lo mismo a pesar de que el semáforo estaba en verde. El chofer prendió la luz, abrió la puerta y nos paramos todos dentro del micro mientras sonaba la sirena. Hace un año conté lo mismo, no es casual, se repite todos los años.

De Iafo no puedo contar nada porque yo no fui, fue mi mamá y Adela porque yo tenía clases en la Uni. Dijeron que es muy lindo y que fueron por el paseo de los artesanos hasta el puerto.

Y yo terminé, más o menos, otro semestre y completé el primer año de estudios. Todavía me falta entregar dos trabajos para realmente decir que se terminó. Uno de mis profesores en la universidad, lo supe después, era conocido en Israel por ser el primer “refusenik”, el primer soldado que se rehusó a servir en el ejército en Cisjordania, en los años 80. Se llama Gadi Elgazy. Fue a la cárcel por un año. Me enteré de esto porque lo vi en un programa excelente que dieron en canal 2 sobre el tema de los asentamientos (Tierra de Colonos) militando a favor de los palestinos. Yo no pienso como él, pero creo que es importante que se sepa que cuando se habla de la democracia israelí, es esto, la posibilidad de dar un lugar a gente que piensa muy distinto.

Todo este tema de la retirada unilateral de Gaza está candente ahora. Los que apoyan a los colonos se movilizan mucho, y reparten cintas naranjas en la calle a los automovilistas y los peatones. La mayoría igual no las usa, pero hay muchos que sí. Mientras tanto, los que no piensan así casi ni se mueven. Shai, un amigo de la universidad me dice que es por lo que se llama la “mayoría silenciosa”, o sea, el israelí promedio, que no agita pero tampoco tiene posiciones extremistas y es pragmático. Con todo el respeto que me merece Shai, creo que está equivocado. Hay que demostrar algo. Y es así que luego de leer un artículo en Haaretz que proponía usar el color azul para oponerse al color naranja de los colonos, compré un metro de cinta azul y la uso colgando de mi pantalón. También Adela. Somos los únicos acá en Rishon. Hay que ver la cara de la gente, sobre todo curiosidad. Y una semana después de usarla ya vi dos autos con cintas azules en las antenas. Pero se siente bien saber que uno hace algo aunque sea pequeño. Que la cinta la relacionan con el apoyo al plan de levantar los asentamientos de Gaza lo sé porque unos pibes en un auto con una cinta naranja me gritaron así al pasar… “¿Qué, apoyás al plan de separaciooooón?”. Y sí, si hay aunque sea una leve esperanza de que eso lleve a la paz, hay que aprovecharla. Porque los colonos no tienen alternativa para la paz, ellos están convencidos de que habrá guerra por siempre. Y por eso son imposibles de convencer: no por un tema de religión, sino porque ya no tienen esperanzas. Hay otros que son más extremistas, pero justamente, no viven en Gaza, viven en Cisjordania y viajan a Gaza a hacer quilombo. Lo que vi en la tele el otro día, de estos tipos tirándole piedras a un joven palestino que estaba tirado en el suelo inconsciente y que estaba siendo cuidado por un soldado israelí, me llenó de furor. Esos tipos están tan enfermos como los terroristas de Hamás y es una vergüenza que aún no los hayan arrestado.

Ahora, ¿cómo retomar la conversación en el tono despreocupado de antes? ¡¿Quizás contando que a partir de Octubre voy a ser uno de los dos profesores de prácticos de la materia Métodos de Investigación para B.A. en la Universidad de Tel Aviv…?! ¿Ehhhh? ¡Siiiiii! Cuando terminé este semestre el curso avanzado de esa materia con una buena nota, me llamaron para ver si quería dar clases el año que viene en el curso básico. Así que estoy estudiando la materia nuevamente desde el principio, para estar bien preparado. No lo puedo creer, ¡es como un sueño! ¡Y encima me van a pagar! Así que voy a tener una clase DE LA UNIVERSIDAD a mi cargo, y los voy a guiar en el proceso de escritura de su trabajo práctico y en el uso del programa de estadísticas. Pinchenmennnnn…

Acaba de salir un programa de la Sojnut que se llama “Ba Bait be Iajad” (en casa juntos). Es así: hay familias israelíes que se ofrecen como voluntarias para acompañar y “adoptar” a los inmigrantes. Nosotros nos anotamos y conocimos a la familia de Cobi y Gueba. Son muy simpáticos y muy amables con nosotros. Ya pasamos dos viernes juntos. Tienen tres hijos: Dudi, Elit y Azaf, y Dudi recién se casó hace menos de un mes. Lo loco es que viven con la esposa en la misma casa de los padres, en su habitación de soltero. Yo creo que es un poco por el tema de falta de guita, pero me parece que tiene que ver también con la familia marroquí, que es así, muy unida.

Y conocí al presidente de la empresa donde trabaja Adela; se llama Itzik. Un tipo súper inteligente. Estábamos charlando en la fiesta del bris de Ian, el hijo más chiquito de Juan. Había bastante gente. Unos días antes había habido un caso muy feo de un asesinato de una chica, y el supuesto responsable es un pibe etíope que se había metido en drogas y eso había despertado algo que quizás mas que racismo, era un miedo en todos de que la “opinión pública” saque conclusiones racistas. De todas maneras, era un tema delicado. Y alguien (un argentino) le dijo a Itzik que el problema con los etíopes y su dificultad de absorción era que “eran muchos y son primitivos”. Itzik le podría haber discutido esa apreciación de que eran “primitivos”, pero el tipo es más inteligente. Le cuestionó: “¿Por qué decís que son muchos?”. Muchos es lo mismo que decir son demasiados…y jaque mate. Y en verdad, Itzik sabía cuál era la dificultad con los etíopes (¡por supuesto que no con todos!). En pocas palabras, el estado consideró que había que apuntar a los jóvenes etíopes ya que los mayores no tenían muchas oportunidades para asimilarse a la cultura israelí rápidamente. ¿Para qué invertir en ellos? Pero en la familia etíope es muy importante el respeto que los jóvenes le deben a sus padres. ¿Y cómo se puede sentir un pibe que ve que los padres no consiguen trabajo y que viven de la ayuda estatal? Choca con su modelo familiar, con su cultura. Y por supuesto eso le crea dificultades a él también. El padre deja de tener la autoridad para decirle “no fumes, no te juntes con esos, no hagas lo otro”. Simplemente la familia se desarticula. Eso nosotros en Argentina lo conocemos, porque en las familias donde el padre o la madre no consiguen trabajo, su autoestima baja, y sienten que no son dignos. Y los hijos lo sienten también. Qué cosa que no veamos algo que nos es tan cercano, sólo porque le pasa a alguien que habla otro idioma, que tiene otro color de piel, que no toma mate.

Que más…ah, bueno, estaba leyendo el libro “Historia de los judíos” de Paul Johnson, porque me di cuenta que sabía más de antisemitismo que de judaísmo. Me hace muy bien leerlo. Tenía como un agujero en mi conciencia histórica. Ahora lo dejé porque me puse a estudiar métodos de investigación, pero ya lo voy a retomar. También saqué de la biblioteca un libro de Daniel Pipes “La mano oculta. Los miedos de conspiración en Medio Oriente” que promete…pero que descansa sobre la mesa también.

¿Algo más? No, sólo que probamos almendras verdes que compramos en el shuk, y que después casi se nos pudren, porque las dejé un tiempo en un tupper cerrado. Pero cuando las abrí estaban bien y ya se les había formado un poquito la cáscara dura, y la pielcita marrón y las comimos.

Esto es todo por ahora gente… Un abrazo!

Fabi