lunes, julio 25, 2005

Relato de la franja de Gaza

Acabo de hablar con D. un amigo de la universidad que está cumpliendo su deber de soldado reservista en un asentamiento en Gaza. Entre otras cosas, D. me contó:
Que está en el asentamiento de Ganei Tal. Dice que ve en los ojos de la gente como cada día se va poniendo más nerviosa. Dice que la mayoría firmó los acuerdos para las compensaciones pero no lo quieren decir para no mostrar que se van por miedo. Que muchos tienen problemas porque tenían invernaderos con producción que se exportaba a Europa y ahora no les van a dar terrenos. Que muchos tienen 50 o 60 años y les va a resultar imposible conseguir empleo. Por eso quieren que los del Banco Mundial compren los invernaderos y traigan management europeo para una etapa de transición en la cual le enseñarán a los palestinos a producir y exportar. Pero D. cree que todo se lo va a quedar el Hamás y lo van a terminar destruyendo.
D. me cuenta que todos los días caen morteros. Muchas veces a la noche. Ayer estaban cenando cuando comenzaron a caer los morteros y la onda expansiva les tiró la comida de la mesa al piso. De estas bombas me cuenta que se escucha el silbido cuando caen. Y que luego en intervalos de a 20 segundos caen varias más, 4 o 5. Que las tiran desde el campo de refugiados de Khan Yunis. Cuando cae la primera se ponen los cascos a la espera del resto. Me dice que sale un tipo de la casa en que vive en Khan Yunis, dispara un mortero y se vuelve a meter. Demasiado rápido como para ubicarlo y además no se le puede devolver fuego porque se puede matar a gente inocente de la ciudad. Así es siempre. Desde donde está, ve a los chicos palestinos jugar al futbol a 100 o 200 metros de distancia, desde el mismo lugar de donde a veces los terroristas disparan los cohetes o con armas automáticas.
D. fue uno de los últimos que vio a la familia a la que le dispararon y mataron a la salida de la franja de Gaza, Rachel y Dov Kol de Jerusalem. D. les dijo que no salgan porque había congestionamiento de tránsito y esto es lo que aprovechan los terroristas para disparar a los autos detenidos. Pero no le hicieron caso. El hombre al que mataron era de izquierda, se reunía con los palestinos para hablar de la situación e intentar ayudarlos, sólo había venido a visitar a su cuñado al asentamiento, y había estado charlando con D. de como debían irse los colonos de allá. D. los despidió y 20 minutos después fue el que puso los cuerpos de la familia en el congelador.
A D. le toca irse por unos días de vuelta a su casa, pero no quiere dejar el asentamiento porque le resulta interesante todo este proceso (desde un punto de vista antropológico) y dice que es totalmente diferente de lo que se muestra por la televisión. Que los colonos que viven allí son gente muy amable con los soldados, pero que cuando pasan estas cosas se ponen nerviosos y se la agarran con los soldados porque son el representante más cercano del Estado que tienen. No pueden gritarle a un ministro, entonces le gritan a él.
Espero que me cuente más cosas cuando nos veamos nuevamente.