lunes, julio 04, 2005

Libro: "La mano oculta. Los miedos de conspiración en Medio Oriente".

Acabo de leer el libro de Daniel Pipes "The Hidden Hand. Middle East Fears of Conspiracy", en castellano es "La mano oculta. Los miedos de conspiración en Medio Oriente", St. Martin´s Press, New York, 1996.

Lo escribió en 1996. Encontré algunas cosas bien interesantes en el libro aunque me hinchó un poco que cierta información se repitiera en varios capítulos. A pesar de estar compuesto sobre todo de citas periodísticas, también sostiene una tesis.

En principio, comenta el hecho de que Medio Oriente (y acá Pipes se refiere a los países árabes e Irán, pero no a Israel o Turquía) tiene una propensión mucho más elevada que otras regiones a creer y producir teorías conspirativas. Pipes distingue conspiraciones reales, que también las hubo, de los "teóricos de la conspiración", que incluyen a intelectuales, militares, funcionarios y, sobre todo, a los líderes de muchos países árabes. Pipes da unos ejemplos muy buenos sobre el pensamiento conspirativo de Yasser Arafat, Muhamad Gaddafi (el líder libio), el ex-Sha de Irán Reza Pahlavi, el ayatollah iraní Ruholla Khomeini, de Alí Khamenei y principalmente de Abdel Nasser, el ex-líder egipcio que en 1967 provocó la Guerra de los Seis Días con Israel, y a quien denomina "el gran teórico de la conspiración".

De qué se trata la "conspiración"? Pipes distingue entre los que piensan en pequeñas conspiraciones (por ejemplo para tomar el poder, o conseguir un acuerdo económico) y las grandes conspiraciones, aquellas que tienen por objetivo, supuestamente, la dominación del mundo, la destrucción de una cultura, la conquista de un pueblo, etc. El libro está dedicado a la proliferación de las teorías de la gran conspiración. Pipes escribió en 1996; si hubiera escrito hoy, debería haber agregado todo la propaganda conspirativa que llevó a que en el mundo árabe-musulmán, por amplia mayoría se crea en la falsa idea de que el Mossad fue quien tiró abajo las Torres Gemelas para culpar a los árabes y hacerlos quedar mal frente a Estados Unidos. No obstante, Pipes pudo citar algo casi exactamente igual que sucedió en 1993, cuando un grupo de terroristas musulmanes pusieron una bomba en el mismo World Trade Center, y la responsabilidad en la prensa islámica otra vez fue achacada a los judíos. Entre otros comentarios, la madre del cabecilla dijo: "Los judíos. Esto es de los judíos, que han hecho esto y culparon a mi hijo", y el padre culpó a su vez a agentes israelíes.

La tesis de Pipes básicamente es que antes del año 1800, los musulmanes y árabes no eran propensos a caer en el conspiracionismo (y por lo tanto, no es una característica intrínseca de la religión musulmana). Desde el 600 d.C. al 1800 d.C. los árabes y musulmanes (los iraníes y los turcos por ejemplo, no son étnicamente árabes aunque sí musulmanes) dominaron un imperio enorme, desde el Atlántico al Indico y su civilización fue en su momento la más avanzada. Aprendieron a mirar con desdén a los "bárbaros europeos" y a considerar que la fuerza y energía de la civilización islámica demostraban la verdad de las enseñanzas del profeta Mahoma. A partir del siglo XV, Europa comienza a liderar el mundo, expandiendo su población, su comercio y su dominio geográfico. Durante ese tiempo, principalmente por razones geográficas, los árabes no se cruzaron casi con los europeos. Y aún en los casos en que lo hicieron (por ejemplo las guerras entre los turcos y los europeos), siguieron con su visión de superioridad. Por ejemplo, aunque los judíos ya en 1488 habían instalado una imprenta en Estanbul, los turcos siguieron usando manuscritos hasta 250 años después, y luego sólo pasaron a la imprenta por 13 años. Y cuando adoptaron algunos avances tecnológicos, como armas, barcos, relojes, anteojos, lo hicieron sin comprender la filosofía que había permitido estos descubrimientos.

El momento de crisis para la civilización islámica ocurre en 1798, cuando Napoleón conquista Egipto y partes del imperio Otomano. En ese choque, los musulmanes comprendieron cuán retrasados estaban en los aspectos tecnológicos, culturales, militares y de calidad de vida en comparación con los europeos. En un principio intentaron buscar en sí mismos la causa de su decadencia. Pero luego abandonaron este intento de asumir la responsabilidad y comenzaron a interpretar todo lo malo que les sucedía siempre culpando a otros por ello.

Lo interesante (y lo lamentable) de este período es que la influencia europea fue tan fuerte sobre el islám y los árabes que éstos adoptaron también el pensamiento conspirativo europeo, que comenzó luego de la revolución francesa y que se hizo fuerte y coherente (en la medida en que los delirios paranoides pueden ser coherentes) a principios del siglo XIX. Esto explicaría por qué los árabes y musulmanes tienden a culpar a ciertos actores de tramar conspiraciones contra ellos, provocar malas cosechas o incluso terremotos y a otros no. Por ejemplo, no hay noticias de que los musulmanes teman una conspiración indú o japonesa contra ellos. Y eso se explica porque 1) los europeos no temían conspiraciones de los indúes o japoneses, 2) porque los indúes y japoneses no eran más modernos que los mismos musulmanes. (en la época en que este pensamiento europeo ingresó al mundo árabe y musulmán).

En cambio, los árabes y musulmanes (como los europeos de principios de siglo) consideran que dos actores principales traman conspiraciones contra ellos con el fin de dominarlos o exterminarlos: los "Judíos" y los "Imperialistas". Con los "Imperialistas" se refieren principalmente a Inglaterra y Estados Unidos, aunque también a veces a Francia, y en Turquía hay tendencia a culpar a Alemania. En el mundo fluido de los teóricos de la conspiración, los imperialistas a veces se transforman en los "Cruzados" o directamente en los cristianos. Eso depende del grupo que formula la acusación. Si son musulmanes fundamentalistas (como Al Qaeda) hacen más hincapié en los Cruzados y los cristianos. Si son agrupaciones izquierdistas árabes acusan a los "imperialistas", a los Estados Unidos "ateos" o a la "Pérfida Albión" (Inglaterra). También juntan a estos dos en la categoría "anglosajones".

Por su parte, la acusación a los judíos a veces se transmuta directamente en la acusación al Sionismo, pero no entendido como lo que es -un movimiento nacionalista que considera a Israel como el hogar nacional judío- sino como una conjura que con la fundación del Estado de Israel evidencia la realización del plan malévolo de dominación mundial judío, que comienza con "una base de operaciones central" en Palestina.

Pipes encuentra dos fuentes teóricas principales para estas dos ramas de la teoría conspiracionistas. Desde la izquierda, los trabajos de Vladimir Lenin sobre el imperialismo, y cierto documento soviético de Julio de 1919 donde llamaba al Sionismo "una de las ramas de la contrarrevolución imperialista" y que fue una idea repetida constantemente por la propaganda soviética durante los años en que la URSS existía (y los países árabes se alinearon durante largos años con el bloque soviético). Desde la derecha, la fuente teórica tiene su principal apoyo en la infame falsificación hecha por la policía secreta rusa en 1913, llamada "Los Protocolos de los sabios de Sion", donde supuestamente los judíos somos un grupo dedicado a complotar para la dominación del mundo por medios que lleven a la destrucción del resto de la humanidad. Luego, la influencia nazi se hizo sentir fuertemente en el mundo árabe, con los lazos entre ciertos líderes árabes con Hitler y la adopción de la ideología nazi por muchos intelectuales árabes. Pipes señala que hay más ediciones y traducciones de los Protocolos al árabe que a cualquier otro idioma, que incluso se transformó en el Líbano en 1970 en la obra de "no-ficción" más vendida. En Pakistán y en Egipto se llevaron a la televisión y al cine. En Pakistán hicieron que en la película Salman Rushdie, el escritor que está bajo condena de muerte religiosa iraní mantuviera una reunión con los "Sabios de Sion".
Los métodos que supuestamente usan los "conspiradores" para llevar a cabo su tarea destructiva del Islám y el pueblo árabe son los siguientes: Genocidio, eliminar enemigos, dividir para reinar, dominación política, explotación económica, subvertir el Islám (seducir a los musulmanes para que no sigan la ley islámica, excluir al Islám de la política, apoyar la apostasía, asaltar la dignidad del Islám), apoyar el Islam fundamentalista, mantener a los musulmanes atrasados (a través de la imposición cultural y también contradictoriamente negándole el conocimiento occidental que los haría desarrollados), distorsionando las noticias (suprimir los argumentos musulmanes, ignorar noticias, distorsionar hechos, usar terminología tendenciosa), sexo, drogas, coca cola, rock and roll y trucos sucios como diseminar rumores, plagas de roedores y pastillas que causan la guerra civil (sí, de verdad, en 1986 un periodista acusó a Occidente de esto en Beirut).

El libro de Daniel Pipes en general es interesante, y me ha hecho pensar un poco y además conocer las desgraciadas locuras que la gente cree. Porque lo principal de todo es que la gente cree en todo esto. Hay un capítulo dedicado a la supuesta conspiración del "Gran Israel". Un caso que da risa por lo patético es el de Arafat, aprovechando su discurso en la ONU en 1990 (recordemos que la ONU ese año movió su Asamblea de Nueva York a Ginebra sólo para darle la oportunidad de hablar a Arafat, que en aquel entonces era el principal terrorista internacional, ya que EEUU le había negado la visa de ingreso) para sacar una monedita de diez agorot (diez centavos israelíes) y asegurar ante la asamblea que la monedita contenía en su reverso un "mapa detallado e increíble...una demostración flagrante de las aspiraciones sionistas", o sea una marca que según él era un mapa de Medio Oriente que incluía Israel, el Líbano, parte de Egipto, Siria, parte de Iraq y parte de Arabia Saudita y que se denominaría "El Gran Israel". Pipes comenta que el gráfico de la moneda no tiene nada que ver con un mapa, sino -como el mismo artista que lo hizo también comenta- es una reproducción aproximada de lo que quedaba de una moneda del reino judío Hasmoneo, que incluía una menorá. Una foto de aquella moneda única original, que no sobrevivió entera y que sirvió de modelo para el grabado de la monedita de diez centavos está en el libro de Pipes. Más adelante en el libro, hay otra ilustración que corresponde a la edición oficial iraní de los Protocolos con un mapa del "Gran Israel" con la misma forma de la moneda, y con los contornos señalados por una serpiente (los judíos) veteada con el "ojo de los freemasones". Por si esto no fuera poco, el libro me hizo googlear un poco para buscar la Carta de fundación del grupo terrorista Hamás, responsable de gran cantidad de atentados contra israelíes, y conocer que gran parte de su argumentación está copiada de los Protocolos.

A continuación copio algunos fragmentos del libro con algunos comentarios que me vinieron a la cabeza mientras los leía.

Un líder fundamentalista musulmán del Cairo tejió una teoría sobre su enemigo:
´Hay una conspiración cristiana. Tienen el control de la mayor parte de los negocios en Egipto, incluyendo los comercios de oro. Usan su dinero para comprar armas y explosivos que esconden en sus iglesias, y tienen el control del Gobierno. Por qué la policía está alrededor de las iglesias y no de las mezquitas? Por qué crees que esas iglesias se queman tan rápido? Su objetivo es tomar el control de Egipto y el nuestro es detenerlos.´

Esto me hizo recordar por supuesto la acusación de que "habían habido dos explosiones en la embajada israelí" (en Buenos Aires, en 1992). Y la explicación conspirativa de que en el sótano de la embajada se guardaban explosivos...(para qué, uno se podría preguntar). A la vez, todo esto de que sean las organizaciones sociales judías las que tienen que estar atrás de bloques de cemento, de custodia policial, que la gente pasa sin mirar, cuando en realidad son las víctimas! Es como encerrar a la víctima en lugar del asesino. Cuándo habrá justicia, y se podrán tirar abajo esas paredes de cemento?

Una visión conspirativa muy poco frecuente, pero que también a veces ha sido emitida en el mundo arabe es la de los israelíes como víctimas.

El embajador de los Emiratos Arabes Unidos en Gran Bretaña una vez le explicó a un escritor británico: "No son los judíos los que crearon el estado de Israel. Es una invención de sus enemigos, especialmente los británicos. Cuando ustedes quisieron deshacerse de ellos porque temían que gobernaran Gran Bretaña, ustedes les pusieron la idea en sus cabezas de crear una patria" [...] Gaddafi llevó la noción un paso más, llamando a la creación de Israel "Una gran conspiración internacional contra los judíos".

Por supuesto que Gaddafi aportó su solución para los judíos, "abandonar Palestina inmediatamente y volver a sus propios países". Aunque esto es traído de los pelos, me encontré una vez con un argumento parecido en una discusión. Alguien me dijo: "a Estados Unidos fueron los judíos con plata, y mandaron a los judíos pobres a Israel a pelear contra los árabes". El anonimato de internet impide saber con quién uno discute, (y darle un sopapo).

Un capítulo muy bueno del libro de Pipes es el número 8: "Quién controla a quién". Mientras que todos culpan al "imperialismo" y al "Sionismo" de los males de la región y de complotar contra los árabes, los derechistas tienden a responsabilizar al Sionismo y consideran que "el lobby judío domina a Washington y la política de EEUU se decide en Jerusalem" (incluso en contra de los intereses de EEUU). Mientras que los izquierdistas tienden a ver a Israel como "la herramienta colonialista de Estados Unidos en la región", o sea, como que la política israelí es meramente la garra del imperialismo norteamericano. Cuando se aprobó la resolución no vinculante del senado norteamericano en 1990 que consideraba a Jerusalem como la capital de Israel, los periódicos iraquíes dieron interpretaciones contradictorias sobre el asunto. Algunos dijeron que demostraba la "influencia Sionista" sobre EEUU, mientras que otros diarios dijeron que demostraba que las decisiones sobre temas israelíes se tomaban en Washington y que Israel no tenía dignidad como país. En todo caso, el pensamiento conspiracionista lleva a contradicciones importantes, aunque estas obviamente no son percibidas por el autor del libelo. La forma de escapar a veces es con una teoría de la conspiración más grande, que involucra a las dos anteriores: "América e Israel trabajan juntos para dominar el mundo, así que qué importa cuál es el amo y cual el servidor?"

La nefasta influencia de Edward Said, que no es momento de comentar acá en profundidad, ha prestado estatura intelectual a la tesis de que el conocimiento occidental es destrucción. En el libro de Pipes, hablando sobre la desconfianza hacia los extranjeros en el mundo árabe hay una cita que dice lo mismo, desde el punto de vista de un beduino egipcio.

Cuando un antropólogo norteamericano volvió a la comunidad beduina egipcia para mostrarles el estudio que había publicado sobre ellos, un anciano respondió con mucho menos que placer: ´conocimiento es poder. Los norteamericanos y los británicos saben todo. Quieren saber todo sobre la gente, sobre nosotros. Entonces, si vienen a un país, o vienen a dominarlo, saben lo que la gente necesita y saben como gobernar´ (p.174)

Un tema similar a este aparece en el libro de Pipes: como los mesoorientales no tienen curiosidad sobre el mundo Occidental, les parece raro que los occidentales tengan curiosidad sobre ellos. Cómo explicar que un tipo pasee por Medio Oriente, saque fotos de gente tribal y de barrios pobres, y pregunte sobre las instituciones? La idea más generalizada es que todo viajero es un espía.

Esta es buenísima:

Cuando chicas musulmanas del Alto Egipto descubrieron marcas en sus velos en 1987 que se parecían a cruces, se prendió la alarma en sus aldeas. Quién era responsable, cómo había sido causado este ultraje, y con qué propósito? Un periódico del Cairo publicó dos teorías principales que andaban dando vueltas, una concerniente a los cristianos y la otra a los judíos: ´alguna gente dijo que los cristianos habían rociado un químico sobre las ropas de las mujeres y que este material asumía la forma de una cruz pequeña, no más grande que una hormiga; tan pronto como la ropa era humedecida, el tamaño de la cruz se agrandaría y llegaría a los tres centímetros. Alguna gente reiteró otra interpretación, que sostenía que la tela que cubre las cabezas había sido importada de Israel y que había sido tratada científicamente para formar cruces con el propósito de incitar al disenso entre los musulmanes y los cristianos. (P.204)

También hay en el libro varias referencias a la cantidad de veces que los líderes árabes han matado a sus rivales políticos con "accidentes" de autos y helicópteros (Hussein prefería este último método). Tanto lo hicieron que luego no podían creer que realmente muriera gente importante en accidentes reales, como el rey de Iraq en 1939, el hijo de Khomeini en 1977 o el hijo del presidente Sirio Hafiz al-Asad en 1994. Aún cuando por lo menos al primero y al tercero les gustaba correr. Eso me hizo recordar todas las teorías conspiracionistas que surgieron cuando se murió Carlitos, el hijo de Méndez, en un accidente de helicóptero. Quizás no fue casual que las teorías conspirativas sobre el episodio argentino tuvieran tanta difusión, teniendo un presidente de origen sirio. La realidad es que como buenos chicos malcriados andaban volando bajo y haciéndose los bananas y se chocaron con un cable eléctrico. Pero no...había que creer que alguien había querido "advertir" al presidente de que no se metiera en sus asuntos...justo! el tipo más corrupto de nuestra historia, salvado moralmente porque de alguna manera no podía escapar de las garras de la mafia! Una ex compañera de trabajo en el 95 me venía con estas historias..."no hay que culparlo a Méndez, el quiere hacer las cosas bien pero no lo dejan...no ves que le mataron al hijo?"

Otro comentario gracioso en el libro -aunque Pipes no lo afirma sin dudar, a mi me parece bastante probable- es que el líder libio Gaddafi cada vez que viajaba al exterior (antes de que en 1982 se lo prohibieran) llevaba 4 aviones: en uno viajaba él, su familia y sus asistentes. En otro viajaban sus guardaespaldas. En el tercero Gaddafi llevaba a los familiares de las personas que podrían querer tomar el poder en su ausencia (sus rehenes), y en el cuarto una gran porción del tesoro nacional.

Y para terminar, un bocadito, de la pag. 275, donde Pipes señala ejemplos de teorías conspirativas que acusan a ciertas personas de "falsa enemistad con Israel" (ocultando que en realidad cooperan con este país).

Sulayman Faranjiya, presidente del Líbano desde 1970 a 1976 y protegido de Siria, acusó a Arafat de ser un agente israelí, con el argumento de que "le ha hecho más daño a los palestinos que ningúna otra persona".

Ja!

Saludos!